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El 'chavismo' viste de rojo Venezuela tras ocho años de poder disperso

El chavismo, sello particular del presidente Hugo Chávez, viste de rojo las calles de Venezuela pero tras casi ocho años de gobierno sigue alimentado de grupos diversos, sin que se haya consolidado como partido.

Las fuerzas pro gubernamentales han sido disciplinadas con las órdenes del comandante Chávez, pero sus ocasionales desavenencias y descoordinaciones han llevado a plantear la necesidad de reunirlas en un sólo partido, idea que se debatirá y decidirá en 2007, según anunció el oficialismo.

La oposición alegó que esta propuesta unificadora confirma el talante totalitario del presidente y la vocación estalinista del proceso revolucionario bolivariano.

Chávez, que asumió el poder el 2 de febrero de 1999, superó en los casi ocho años de gobierno, y con el apoyo de sus partidarios, un golpe de Estado, en abril de 2002, un catastrófico paro petrolero de 63 días, que comenzó en diciembre del mismo año, y otras iniciativas opositoras para sacarlo de la presidencia.

El Movimiento V República (MVR), creado por Chávez, es el mayor de los grupos que le apoyan y se ha nutrido especialmente de sectores que estaban excluidos de la política y de las bases del partido socialdemócrata Acción Democrática, el más popular de la anterior etapa y actualmente sombra de lo que fue.

Otros grupos que alimentan el chavismo, con un peso numérico sensiblemente inferior al del MVR, son Patria Para Todos (PPT), el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y Podemos, una escisión del Movimiento al Socialismo (MAS), todos ellos de ideología izquierdista.

En esos grupos figuran algunos antiguos guerrilleros que en la década de 1960 trataron de seguir en Venezuela la pauta marcada en Cuba por Fidel Castro y fueron derrotados.

Para explicar que Chávez haya mantenido su popularidad, sin aparente desgaste entre sus electores, los analistas dicen que sus seguidores, de los sectores más desfavorecidos del país, le ven como el líder que, quizá por primera vez en su vida, les ha considerado y tratado como personas.

El origen humilde del presidente, su locuacidad impregnada de giros populares o picarescos que todo el mundo sabe interpretar y su capacidad de comunicación han potenciado su ascendiente entre los pobres, que son mayoría en el censo electoral de Venezuela.

El propio presidente ha afirmado recientemente que en las elecciones presidenciales del próximo domingo “el pueblo elegirá al pueblo” ya que él es sólo “el instrumento”.

Un representante de la burguesía caraqueña, que pidió el anonimato, explicó el fenómeno asegurando que “antes de Chávez Venezuela era como el Congo Belga, y nosotros éramos los belgas”.

La recuperación de la autoestima y de la conciencia de clase en los sectores pobres llevó a la politización de las desigualdades sociales y a la constatación de que los excluidos, a través de la unión en torno a un carismático líder, podían llegar al poder.

Esta incursión de las mayorías desposeídas en la política la reseñó el burgués caraqueño citando al autor francés Chateaubriand: “cuando el pueblo se incorpora a la política la transforma en revolución”.

Chávez reivindica el origen popular de la revolución bolivariana y acostumbra a decir a sus adversarios que sin ese proceso hubieran sido inevitables estallidos sociales mucho más sangrientos que el caracazo de febrero de 1989, en el segundo gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez (1989-1993), sofocado a tiros por los militares a un costo de centenares de muertos.

En cuanto al futuro del “chavismo”, muchos lo vinculan a la continuidad de la actual bonanza petrolera más que al arraigo de la ideología revolucionaria en la población, cuya volubilidad será proporcional a su grado de pobreza y dependencia.