San Andrés y Sauces y la emigración palmera a La Habana: el capitán Manuel Buenamuerte
Durante el siglo XIX, la isla de La Palma desarrolló una intensa relación económica, social y cultural con Cuba. Entre 1820 y 1870 la emigración hacia Cuba fue particularmente intensa, desde lugares como San Andrés y Sauces, partieron jóvenes que buscaban oportunidades principalmente en la agricultura. Muchos trabajaron como jornaleros agrícolas, empleados en plantaciones azucareras o tabaqueras, artesanos, pequeños comerciantes. Algunos permanecieron definitivamente en la isla Antillana, mientras otros regresaron años después a La Palma. Una minoría logró prosperar económicamente y volver con fortuna, a estos retornados se les conocía como ‘indianos’, cuya riqueza contribuyó a transformar el paisaje urbano, construyendo viviendas señoriales de estilo colonial, inversiones agrícolas y nuevas formas de vida. Algunos que permanecieron e hicieron fortuna, se acordaron de su municipio como fue el caso de Marcos Rodríguez Pérez, natural de San Andrés y Sauces, vecino de Banes -uno de los municipios que conforman la provincia de Holguín- en la isla de Cuba. Escribió al Ayuntamiento en 1913 diciendo: “Habiendo notado la falta de bancos en el paseo público de la Alameda de esta ciudad; queriendo dar una prueba del inmenso cariño que siempre conservo a este mi pueblo natal, he adquirido diez bancos de hierro y madera los cuales regalo a este Ayuntamiento”. Marcos también adquirió la emblemática casa Massieu, en la cabecera sur de la Alameda, que restauró dándole un estilo ecléctico y neoclásico.
El capital Manuel Buenamuerte González
Manuel Buenamuerte González Sánchez, nació en la villa de San Andrés en 1803, hijo de José Manuel González y de María de las Nieves Sánchez Wangüemert, familia acomodada de este lugar, donde tuvieron una de las casas principales. Su origen social y su formación marítima le permitieron desarrollar una carrera destacada en la navegación comercial, llegando a afirmar como capitán de fragata.
La documentación del Boletín Oficial de Canarias de julio de 1835 registra la salida hacia La Habana del bergantín goleta español Isabel II, bajo el mando del capitán Manuel Buenamuerte González. Este tipo de embarcación, rápida y versátil, era habitual en el tráfico atlántico y permitía transportar mercancías, correo y pasajeros. La carga que despachó para este viaje la componían: “449 piedras de destilar, 414 varas de losa, 49 bernegales, 472 garrafones de aguardiente, 200 quintales de papas, 42 fanegas de cebada y 28 mil kilos de cebolla”.
Los viajes entre Canarias y Cuba se realizaban en embarcaciones de vela que aprovechaban los vientos alisios para cruzar el Atlántico. La travesía duraba generalmente entre 30 y 60 días, dependiendo de las condiciones meteorológicas.
La trayectoria de Manuel Buenamuerte refleja la relevancia de los marinos palmeros en el comercio atlántico del siglo XIX. En 1838 aparece ya como propietario de la fragata La Amistad, construida en los astilleros de Santa Cruz de La Palma. La posesión de un buque propio representaba un importante signo de prestigio social y poder económico.
El estudio de estas trayectorias permite comprender mejor la dimensión humana y económica de la emigración canaria, así como la importancia del mar como vía de comunicación, progreso y cambio social en la historia de La Palma.
Bibliografía
- B.O.C. Para La Habana, Bergantín Goleta, Isabel II. 1835.
- Noticias para la Historia de La Palma. Juan B. Bautista Lorenzo.
- Archivo Municipal de San Andrés y Sauces. Actas del pleno de 20 de noviembre de 1913.
- Fotografía de la Alameda, con la casa “Massieu” al fondo. Adquirida por el emigrante de San Andrés y Sauces, Marcos Rodríguez Pérez. Archivo: Eulogio Hernández y Fernando Fernández. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.