Declarado Monumento Histórico Artístico, este claustro de 63 arcos y 76 columnas fue cuartel de infantería

Aunque el estilo predominante de esta joya es el gótico, la fuerte tradición románica gallega se hace evidente en múltiples detalles constructivos

Alberto Gómez

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El claustro de San Francisco es, por méritos más que reconocibles, uno de los tesoros más preciados de la arquitectura gótica en toda Galicia. Ubicado en la zona alta de la ciudad de Ourense, este monumento es el testimonio vivo de un antiguo convento franciscano que ha sobrevivido a siglos de transformaciones. Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1923, representa la esencia del arte medieval orensano con una conservación que asombra a los visitantes actuales. Su estructura invita a un viaje por el tiempo, donde la piedra narra historias de fe, arte y resiliencia histórica. Es, sin duda, una parada obligatoria para cualquiera que desee comprender la evolución patrimonial de la ciudad de las Burgas. Su relevancia no solo radica en su antigüedad, sino en la singularidad de su diseño y su profusa decoración escultórica.

La historia de este conjunto arquitectónico se remonta originalmente al siglo XIII, aunque la construcción que hoy admiramos corresponde a una reconstrucción posterior. El primer asentamiento franciscano fue destruido en el año 1292 debido a graves conflictos entre el Obispado y el Concello local. Por mandato del Papa Clemente V, se inició la edificación de la nueva fábrica en su ubicación actual entre los años 1305 y 1348. Este nuevo recinto conventual se consolidó como una de las instituciones religiosas más importantes de la zona hasta bien entrado el siglo XIX. La orden franciscana mantuvo su presencia en este lugar, dejando una huella imborrable en la identidad cultural y espiritual de Ourense. Los documentos históricos, como testamentos del año 1252, confirman la larga trayectoria de esta orden en la capital ourensana. Es esta rica herencia la que fundamenta el valor histórico del claustro.

En cuanto a su arquitectura, presenta una planta rectangular, casi cuadrada, que destaca por su singularidad y aparente irregularidad geométrica. Ninguno de sus lados cuenta con el mismo número de arcos, sumando un total de 63 arcos apuntados. Estas estructuras góticas se apoyan mayoritariamente sobre columnas dobles de piedra, 76 en total, con la excepción de los cuatro primeros y últimos apoyos. La cubierta del recinto está realizada en madera y se mantiene perfectamente conservada, protegiendo los pasillos del sol y la lluvia. Aunque el estilo predominante es el gótico, la fuerte tradición románica gallega se hace evidente en múltiples detalles constructivos. Esta transición estilística otorga al claustro un carácter autóctono y único, convirtiéndolo en el más completo de su tipo en Galicia. La armonía de sus proporciones y la robustez de sus materiales definen un espacio de serenidad y recogimiento.

En 1843, el edificio fue transformado en cuartel de infantería para el Regimiento Zamora número ocho, uso que mantuvo hasta 1984

La decoración es el elemento más fascinante de este laberinto de piedra, concentrándose especialmente en los capiteles de sus arcos. Cada uno de los 63 arcos ofrece un catálogo visual de motivos vegetales, animales y figuras humanas. Los expertos identifican esta obra con el denominado estilo orensano, específicamente en su fase de disolución entre los años 1325 y 1350. En los espacios interarcos, se pueden observar cabezas inscritas en círculos que añaden un nivel extra de detalle artístico al conjunto. La temática es asombrosamente variada, incluyendo desde representaciones de la flora local hasta animales fantásticos y reales esculpidos con maestría. Esta profusión decorativa no sigue un programa homogéneo, permitiendo una exploración visual libre y llena de sorpresas en cada capitel. El trabajo de los canteros medievales ha perdurado, permitiéndonos apreciar hoy la minuciosidad de sus herramientas sobre el duro granito.

Dentro del repertorio iconográfico, las escenas figuradas nos hablan de la mentalidad de la época, con temas que derivan del románico. Se intercalan escenas de combate entre animales, centauros y criaturas fabulosas, junto a representaciones sobre la tentación y el pecado. Un ejemplo destacado es el capitel del centauro arquero, ubicado en el ala este, que muestra una figura lanzando una flecha. Esta imagen reinterpreta motivos clásicos que ya habían sido utilizados anteriormente en la Puerta del Paraíso de la catedral compostelana. Los seres mitológicos conviven con figuras humanas cubiertas con capirotes y otros elementos de la vestimenta medieval de la primera mitad del siglo XIV. La intención de estas esculturas era, en muchos casos, ofrecer lecciones morales a los monjes que paseaban por las galerías. Hoy, estos capiteles se consideran una de las colecciones de escultura gótica más importantes de toda la península.

Un hecho fundamental en la historia reciente de este monumento fue el traslado de su iglesia en el año 1929. Originalmente, el templo formaba parte integral del conjunto con el claustro, pero su cabecera y fachada fueron movidas al Parque de San Lázaro. Esta decisión dejó al claustro huérfano de su iglesia original, aunque todavía se pueden apreciar restos de la antigua nave. La iglesia trasladada conserva en sus capiteles curiosidades como la figura de un gaitero, vinculando el arte sacro con la cultura gallega. A pesar de esta separación física, el claustro mantuvo su integridad estructural y continuó siendo un referente patrimonial en Ourense. Este proceso de desmantelamiento y traslado fue parte de una serie de reformas que alteraron significativamente el entorno original. No obstante, el claustro ha logrado conservar su atmósfera medieval, permitiendo a los visitantes imaginar el esplendor del complejo original.

Epicentro cultural

Tras la marcha de la orden franciscana en el siglo XIX, el antiguo convento experimentó un cambio de uso radical y prolongado. En 1843, el edificio fue transformado en cuartel de infantería para el Regimiento Zamora número ocho, uso que mantuvo hasta 1984. Durante más de un siglo, los soldados sustituyeron a los monjes, lo que provocó numerosas reformas internas en las dependencias. Sin embargo, el valor artístico del claustro fue reconocido tempranamente, lo que ayudó a que fuera respetado durante su etapa militar. Esta dualidad histórica entre lo sagrado y lo castrense ha dejado una marca indeleble en la memoria colectiva de los orensanos. El hecho de que el claustro sobreviviera a este periodo de uso intensivo es un testimonio de la solidez de su construcción. Actualmente, tras su rehabilitación, el espacio ha recuperado su brillo y se ha abierto plenamente al disfrute de la ciudadanía.

En las últimas décadas, el complejo de San Francisco se ha transformado en el epicentro de la vida cultural de Ourense. El antiguo convento acoge ahora instituciones de gran relevancia como el Archivo Provincial y la Biblioteca Nodal de Ourense. Estos espacios se integran en edificios de arquitectura contemporánea que dialogan respetuosamente con los restos medievales del claustro. También destaca la presencia del Auditorio Municipal, inaugurado en 2005, que atrae a numeroso público con su variada agenda de espectáculos. La rehabilitación del entorno ha sido premiada a nivel nacional, reconociendo el acierto de combinar patrimonio histórico con funcionalidad moderna. Este hervidero cultural ha revitalizado la zona alta de la ciudad, convirtiéndola en un lugar de encuentro para investigadores y ciudadanos. El acceso al claustro es gratuito y cuenta con horarios amplios que facilitan la visita de turistas y residentes a esta joya del pasado y espacio vivo que continúa inspirando a quienes lo recorren.

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