El MNAC exhibe las obras de arte que conserva de la incautación franquista tras la guerra civil
Son 135 obras y ocupan una sala más o menos modesta de la primera planta del Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), la mayoría de ellas, salvo notables excepciones como la de la cabeza de Cristo de Jaume Cascalls de mediados del siglo XIV, de calidad artística más bien modesta. Permanecen colgados de pantallas, junto a las cajas donde llevan guardadas desde 1939.
Se trata de las últimas obras a las que el SDPAN, el Servicio de Defensa del Patrimonio Nacional franquista, colocó el membrete de “Recuperado del enemigo”, sello con el que se quería hacer constar una suerte de gesta de salvación del patrimonio que en realidad no ocurrió.
Tal como explican los comisarios de la exposición que lleva por nombre precisamente Recuperado del enemigo, Gemma Domènech y Eduard Caballé, investigadores del Institut Català de Recerca en Patrimoni Cultural (ICRPC), en casi la totalidad de los casos, lo que se produjo a partir de la caída de Barcelona en manos franquistas en febrero de 1939 fue “un traspaso administrativo desde la Generalitat Republicana al SDPAN.
Una apuesta del MNAC por la memoria y la transparencia
En el MNAC y en otros museos catalanes, el servicio republicano de salvaguarda del patrimonio se ocupó de recoger el patrimonio artístico de valor de iglesias, instituciones y colecciones privadas para protegerlo durante la guerra. Los lotes se guardaron en depósitos hasta la caída de Catalunya en manos franquistas.
A partir de entonces, diversos responsables museísticos se encargan de entregar los lotes y los libros registrales de cada lote a las autoridades del SDPAN –creado en 1938 para gestionar el patrimonio de las zonas conquistadas por los sublevados–, que le colocan su famoso membrete: “Recuperado del enemigo”. “Se trata de un acto propagandístico de cara a su bando, para destacar una supuesta heroicidad, pero lo que recibían estaba perfectamente ordenado y clasificado”, destaca Eduard Vallés, director de colecciones del MNAC.
Vallés enmarca la exposición en dos ámbitos distintos pero a la vez interconectados. Por un lado, “hacer un ejercicio de transparencia, de memoria y de restitución en tanto que la exhibición de las obras puede servir para que los descendientes de algunos propietarios puedan reclamarlas”.
Por el otro lado, el museólogo sitúa esta muestra de piezas del SDPAN “en un ámbito mayor como es el del arte en la guerra civil, que tendrá sus salas en el nuevo museo ampliado y al que ya hemos dedicado diversas exposiciones”. Una de ellas fue el pasado año Museu en perill (museo en peligro), donde se ilustraban las peripecias para poner a buen recaudo las obras durante la guerra, especialmente por los bombardeos, y cómo muchas se trasladaron a Francia para ser exhibidas finalmente en París.
Obras de poca calidad
Tanto los comisarios de la muestra como los directores del MNAC destacan la poca calidad de las obras expuestas, con la citada excepción de la cabeza de Cascalls y alguna talla renacentista. “La mayoría de pinturas proceden de artistas poco conocidos o que iniciaban sus carreras durante la guerra y después desaparecieron, por lo que muchas de las obras no han podido ser atribuidas y figuran con autor anónimo”, explica el comisario Eduard Caballé.
Añade Vallés que “también durante la guerra los servicios republicanos tuvieron a veces poco margen para realizar tareas de investigación y atribución”. También Caballé explica que el SDPAN instituyó un servicio de retorno de obras a partir de 1939 en el que los supuestos dueños debían reclamar las obras atribuyendo diversos padrinos dentro del bando franquista.
“Era poco probable que alguien del bando republicano se atreviera a reclamar”, destaca el investigador, que agrega que entre 1939 y 1945 el SDPAN restituyó la mayoría de las obras 'recuperadas del enemigo' y guardadas en el MNAC, hasta quedar las que a partir de hoy se exhiben.
19 obras devueltas desde 1990
Desde entonces y en el periodo entre 1990 y 2010, se han restituido 19 de las obras a sus legítimos dueños, herederos o familiares del artista, como sucedió con 11 cabezas del escultor Emiliano Barral, fallecido en 1936 y que fueron devueltas a sus familiares.
Pero la pregunta que queda en el aire es si las obras que no han sido reclamadas y tienen interés artístico son las del bando republicano o bien, por el contrario, hubo reclamaciones desde el bando franquista de obras de calidad que en realidad no les pertenecían, pero que les fueron concedidas igualmente.
Según la comisaria e investigadora del ICRPC Gemma Domènech, “no podemos certificar que fuera así, pero suponemos, en buena lógica, que determinadas personas con poder en el nuevo régimen franquista acudieron a reclamar obras de gran valor con certificados de titularidad que no eran debidamente verificados y a veces simplemente mostrando su antigüedad en la Falange”. Así se explicaría el nivel modesto de las obras que quedan.
En todo caso Recuperado del enemigo es una muestra valiosa por la profunda investigación que hay detrás por parte de los comisarios del ICRPC, y en especial de Caballé, que centró su tesis doctoral en la actividad del SDPAN. Caballé ha explicado que su trabajo se ha centrado en la atribución que ha sido posible en algunas de las obras, y no descarta que la muestra ponga en contacto las pinturas y tallas con descendientes de los antiguos propietarios, aunque puntualiza que “nosotros nos limitamos a las cuestiones académicas”.
Los comisarios han aclarado que las pertinentes reclamaciones tendrían que ir dirigidas al Ministerio de Cultura y este requeriría los preceptivos documentos que acreditasen la propiedad, el vínculo de sangre con el artista, etc. Si bien cierran avisando: “no es un proceso sencillo”.
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