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El Museo Naval de Santa Cruz de La Palma es el nuevo gimnasio municipal


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La nueva definición de museo, aprobada en 2022 por el ICOM, siglas del International Council of Museums, reza: “Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos”.

Resulta complicado entender, de acuerdo a esta definición, que una clase de defensa personal sea una experiencia para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos en el ámbito museístico.

Podría ser que el intercambio de golpes o cuerpos, o la defensa personal sean una forma de reflexionar sobre la colección de un museo o de educación sobre sus contenidos. Pudiera ser si fuese un museo sobre defensa personal, sobre artes marciales o sobre Bruce Lee, quizás en La Palma habría que preguntarse si Sanmao practicó alguna modalidad deportiva de combate y el body combact es una forma de integrarse en la ruta cultural insular de la escritora china.

Viene esto a cuento porque la última oferta del Museo Naval de Santa Cruz de La Palma es un “evento fitnes dinamic gym”, en lo que parece una imparable degradación de un espacio cultural que debería ser señero en la ciudad y ha pasado de terraza de verano a gimnasio de barrio.

Produce sonrojo que el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma tolere esta degradación del patrimonio, máxime además de un icono insular, como es el Barco de la Virgen. Vinculado a uno de los actos más emotivos de las fiestas lustrales, el diálogo de la Nave y el Castillo y que atesora una imponente colección de la historia naval de la isla y de Canarias.

Cuando no hay política cultural y se saca a concesión un bien patrimonial sin pedir las mínimas garantías de un plan museológico y un programa de actividades, puede pasar que el que hace la mayor oferta económica acabe por convertirse en un bucanero, que tome al asalto el patrimonio con un mero afán económico para explotar el patrimonio en busca de un beneficio imposible.

Quizás el único consuelo, visto el panorama, sería que los marineros de la nave de la Virgen de la próxima bajada puedan beneficiarse del ‘body banace’ que se oferta en esta singular actividad museística, para que su estancia en las jarcias sea lo más seguro posible.

De la nueva figura del Museo Gimnasio, mejor no hablar, y esperar que el mínimo sentido común y la decencia de alguien en las administraciones públicas pongan coto a esta vergüenza.

* Luis Gortázar es museógrafo

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