Los cambios en La Caldera de Taburiente tras la borrasca

La Palma Ahora

El Paso —
23 de marzo de 2026 10:19 h

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El Parque Nacional de La Caldera de Taburiente, a raíz  de la aparición de la placa de la Cascada de Colores en la playa de Tazacorte tras la crecida de los barrancos por las intensas lluvias de la borrasca Theresa, publica en sus redes sociales “una crónica de un proceso anunciado”. señala que, este domingo, se ha celebrado el Día Mundial del Agua y “aunque este año, el lema elegido es ‘Agua y género’, por esa desigualdad que existe en muchos lugares donde se carece de agua potable y son las mujeres y niñas quienes sufren las peores consecuencias, podemos tomarnos un tiempo de reflexión y, posiblemente, poner algo de nuestra parte, porque la crisis mundial del agua nos afecta a todos, aunque sea de forma desigual”.

Indica que, “desde el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, y todavía bajo la influencia de la borrasca Therese, queremos resaltar algunos aspectos en un contexto diferente, marcado por los riesgos crecientes a los que nos enfrentamos (clima cambiante): sin duda, el agua tiene una fuerza poderosa. Y hoy lo hemos visto, con las imágenes de la placa de la señal de la Cascada de Colores que están circulando por las redes, los medios digitales, los WhatsApp…, pero esa no es la noticia, por lo menos, no la parte importante. Y tampoco lo que escuchamos en los últimos tiempos acerca de la Cascada: que, si está fea, pequeña, que, si va a desaparecer, y suma y sigue (ya sabemos por qué y para qué se construyó en su día) ¡y mucho ha resistido!. De hecho, en 2001, muchos recordarán que tras una gran riada que rompió parte de su pared (e iba a dejarse así, sin intervención, tras un evento natural hubiera sido lo propio), hubo tanta presión popular para que se arreglase, que acabó restaurándose”.

Añade que “lo realmente importante, son los procesos. Los procesos de una cuenca hidrológica impresionante, como es La Caldera, donde los fenómenos hidrogeológicos cambian, modifican, nos ponen del revés las cosas tal y como acostumbramos a verlas durante un tiempo. Ese desagüe natural que es el barranco de Las Angustias y que recoge los materiales de acarreo de cada crecida, nos muestra en cada episodio, importantes cambios en su geomorfología. Un laboratorio natural: escala humana y escala geológica, de la mano”.

“Nos remitimos”, prosigue, “a la dinámica de La Caldera asociada a la sequía desde el año 2011, años sin lluvia; los recordamos bien por esta parte oeste-noroeste de la isla. Muchos desprendimientos en las cabeceras de los barrancos; y luego, tras los episodios de lluvia posteriores, se ha ido incorporando material, como ha ocurrido en el barranco del Limonero con el entorno de la Cascada de Colores, que desde las lluvias de 2018 ha ido aumentando el nivel del lecho, dejando cada vez menos altura en el salto del agua: ha pasado de unos 8-10 metros hasta febrero de 2018, a los 1,70 metros en enero de este año”.

Muestra “una pequeña cronología en imágenes de cómo ha ido cambiando ese entorno de la Cascada en los últimos años, tomando como referencia esa señal que este domingo, precisamente, ha decidido ir a darse un baño a la playa”.

Una vez que las condiciones meteorológicas “lo permitan y se vayan desactivando las situaciones adversas decretadas, se harán las comprobaciones oportunas y las reparaciones necesarias para su apertura al visitante”.

Ahora mismo,  agrega, “aparte de otros avisos, está activado el protocolo de apertura y cierre del sendero PRLP13 del barranco de las Angustias”.

Se ruega “respetar la señalización y no transitar por senderos que permanezcan cerrados. Sobre todo, por el riesgo de desprendimientos en determinadas zonas; que salga el sol, no es un indicativo de que el riesgo no exista días después de finalizadas las lluvias”, concluye.