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Barco eléctrico en Gran Canaria: ¿solución urgente o hipoteca a largo plazo?
Gran Canaria no es ajena a la improvisación del Gobierno canario ante los cambios que requiere el sistema eléctrico para hacer frente al cambio climático. Pero a diferencia de otras islas, el Cabildo insular se ha implicado en este proceso, en dos apartados fundamentales, la extensión en la implantación de las renovables y el ya avanzado desarrollo de una gran central de bombeo reversible, Salto de Chira. Estos dos elementos unidos podrían dar muchas alegrías en un futuro próximo, pasando la penetración de renovables del actual 24% a entre un 50 y un 70% , lo cual en una isla poblada como esta sería un hito mundial. Con Salto de Chira, Gran Canaria hace frente a un parque de generación térmica que envejece de forma limpia, aunque es ineludible la necesidad de una segunda central de bombeo para dejar definitivamente en un segundo plano la necesidad de energía fósil.
Pero lo anterior por sí solo no es suficiente, el resto de las administraciones tienen que cumplir con su parte y no es el caso. Ya se sabe el problema que existe en todas las islas con el mal estado de las redes y las instalaciones, competencia del operador, Endesa Distribución, y en última instancia del Gobierno canario, este problema junto a la falta de cumplimiento de los protocolos son la causa principal de los apagones. Esta situación se agravará en Gran Canaria a medida que se acerca la entrada en funcionamiento de Salto de Chira, pues al igual que la central de Juan Grande, se encuentra en el sur de la isla. Por tanto, la prioridad de Gran Canaria es el fortalecimiento de las redes de transporte y distribución, concretamente repotenciando el doble circuito de 220 KV, que tal y como refleja el informe de REE de 2021, en determinadas circunstancias no cumple el n-1“.
Pero en lugar de tomar medidas para resolver este crucial problema, el Gobierno canario intenta paliar sus consecuencias y se ha metido en la aventura de las medidas de emergencia, y la medida estrella en Gran Canaria es el atraque de una central eléctrica flotante, o powership, en nuestro puerto.
¿Es este barco la solución que necesitamos o un costoso parche que compromete nuestro futuro? Desde Salto a la Transición Ecológica lo tenemos claro. Se trata de un atajo peligroso, un caballo de Troya que, bajo una apariencia de solución inmediata, introduce una dependencia a largo plazo de los combustibles fósiles y frena la verdadera transición energética.
A primera vista, un barco que llega y genera electricidad suena bien. Sin embargo, la realidad económica es muy diferente. Estos contratos no son una inversión en un activo propiedad de la isla, sino un alquiler que transfiere ingentes sumas de dinero fuera de Canarias. Precedentes internacionales muestran que el alquiler de estas barcazas se cifra en cientos de millones de dólares por periodos de apenas 18 meses.
Este modelo crea un grave riesgo de bloqueo fósil (lock-in). Al firmar un contrato plurianual, nos atamos financieramente a un generador contaminante, desincentivando y compitiendo directamente con la inversión en las soluciones definitivas que ya están en marcha.
La instalación de una central de estas características en el Puerto de Las Palmas, un núcleo ya castigado por las emisiones industriales, tendría consecuencias directas de contaminación atmosférica, acústica y térmica (la operación continua generaría un ruido considerable y descargaría agua caliente, alterando el ecosistema marino local). Además, no podemos ignorar que el historial operativo de estas centrales flotantes está marcado por controversias ambientales y legales en países como Sudáfrica, donde las autoridades denegaron los permisos por evaluaciones de impacto ambiental “fundamentalmente defectuosas”.
Gran Canaria no se enfrenta a una elección entre un barco contaminante y la nada. La isla ya tiene en marcha un portafolio de soluciones tecnológicamente superiores, limpias y diseñadas a medida para resolver nuestros desafíos energéticos de raíz. Además de Salto de Chira, con el que alcanzaremos el fin de los vertidos de renovables, además de ser una contribución valiosa a la estabilidad para la red, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) son una tecnología madura que ofrece una respuesta casi instantánea para el control de frecuencia y el almacenamiento a menor escala. Ya en Gran Canaria se están instalando sistemas BESS. Hay proyectos en marcha en San Bartolomé de Tirajana (600 kWh) y Vega de San Mateo (430 kWh) y otro previsto en el Puerto de Las Palmas. Además, el Gobierno de España y el IDAE están promoviendo activamente el almacenamiento a gran escala con cientos de millones de euros en ayudas.
Pero como decíamos al principio, la inversión invisible pero crítica es modernizar la red. Debemos asegurar que los sistemas automáticos de protección, como el deslastre de cargas que falló en el pasado, funcionen a la perfección.
En conclusión, para Salto a la Transición Ecológica, la central flotante es un desvío que nos aleja de nuestro destino, un sistema energético descarbonizado, resiliente y 100% canario.