“Nuestro color de piel siempre fue tema de conversación”
Hace unas semanas tuve la suerte de asistir al preestreno de Las Primeras, un documental sobre la historia de Gara y Loida HernaÌndez Rubio, internacionalmente conocidas por formar el duÌo artiÌstico K-Narias. La cinta, de un alto valor divulgativo, recoge material del archivo personal de estas dos hermanas gemelas: desde su infancia en el tinerfenÌo barrio de AnÌaza en los noventa, cuando siendo muy chicas celebraban conciertos caseros con sus amistades, hasta su miÌtica actuacioÌn en el Madison Square Garden de Nueva York en 2005. En el coloquio que se celebroÌ durante el evento, Gara y Loida indicaron que este documental no contiene toda su vida y, entre risas, comentaron que podiÌa haber hasta una segunda parte. Yo, sinceramente, la esperariÌa con muchas ganas ya que seriÌa una buena oportunidad para abordar una dimensioÌn que apenas se tocoÌ de soslayo en la cinta y que considero crucial para entender el fenoÌmeno de las K-Narias: su etnicidad. Esta idea que defiendo se pudo intuir, fugazmente, cuando coinciden en backstage con la cantante argentina MariÌa Becerra y esta hace un comentario sobre el acento de las gemelas. Una de ellas responde diciendo que fuera de Canarias “piensan que somos latinos” y Becerra nombra a Quevedo como otro ejemplo de cantante con acento canario que triunfoÌ mundialmente. ¿A queÌ persona de nuestras islas no la confundieron alguna vez con latinoamericana? Nuestro acento, cultura e idiosincrasia juegan a favor de que pase.
A lo largo del documental se insiste mucho en que las K-Narias son las primeras artistas del reguetoÌn en EspanÌa y Europa, casi como uno de los lemas del metraje. Pero, ¿queÌ sucede con la canariedad en este anaÌlisis? ¿Es irrelevante ese dato para entender que estas dos gemelas, de haber nacido en Valladolid, Edimburgo o MuÌnich y no en AnÌaza, muy probablemente no hubieran sido un fenoÌmeno musical que conectoÌ dos orillas del mundo? Y es que Canarias, como las K-Narias, estaÌ al filo de categoriÌas identitarias que hacen muy discutible su entendimiento tan banal y ligero como “Europa” y ya. Nuestra posicioÌn geograÌfica, al oeste de AÌfrica, histoÌricamente facilitoÌ el trasvase de mercanciÌas, productos y tambieÌn personas esclavizadas a raiÌz del colonialismo. Es decir, nuestro ArchipieÌlago fue y es un “puente” entre el sur y el norte global. Y los puentes siempre se ubican en los bordes ya que su funcioÌn es la de conectar orillas y facilitar el traÌnsito entre ambas. Hace algunos siglos sucedioÌ con alimentos como las papas o el millo y maÌs actualmente con la muÌsica, otro bien de consumo importantiÌsimo en el presente. Con este planteamiento, no es extranÌo pensar que si el reguetoÌn se consolida en EspanÌa y Europa a partir de los 2000, al igual que otros geÌneros caribenÌos como el merengue o la bachata, es por esa funcioÌn que tiene el ArchipieÌlago y, no menos importante, porque estos geÌneros ya habiÌan hecho match con nuestra idiosincrasia islenÌa.
Gara y Loida tambieÌn habitan una suerte de “borde” identitario, tal y como diriÌa la feminista chicana Gloria AnzalduÌa en Este puente, mi espalda (1981) donde explora su realidad como una experiencia fronteriza —entre lo mexicano y lo gringo— que implica vivir en los maÌrgenes de culturas y lenguajes. Solo por ser canarias, las hermanas ya conocen lo que significa esto a nivel cultural pero, ¿acaso su aspecto no influyoÌ tambieÌn tanto en su experiencia vital como en su carrera profesional? Desde que teniÌan seis o siete anÌos, las hermanas utilizan trenzas cosidas que posteriormente lucieron tanto en sus videoclips maÌs miÌticos, como en Que no te vistas que no vas (2005), hasta temas actuales como Pa la novia de mi ex (2025). Ambas tienen un pelo muy rizado y esto, me confiesan en una conversacioÌn que mantenemos a propoÌsito de este artiÌculo, incluso fue motivo de acoso y ridiculizaciones en el colegio: “Se burlaban de nosotras por nuestro pelo y hasta nos pusieron los motes del Rey LeoÌn y Mafalda”. AsiÌ fue que las hermanas adoptaron este tipo de trenzas tan caracteriÌsticas de la esteÌtica afro convirtieÌndolas en uno de los siÌmbolos por el que se las identifica popularmente. “Cuando fuimos maÌs adultas empezamos a indagar sobre los oriÌgenes de las trenzas”, me comenta Loida, “y algunas fuentes deciÌan que tambieÌn las usaban los y las indiÌgenas de Canarias”.
Las K-Narias, aunque pueda parecer una evidencia, tienen una piel morena que no es producto, precisamente, de haber pasado por una maÌquina de rayos UVA. Y esto las aleja de tener el aspecto caucaÌsico que en la eÌpoca en la que comenzaron su trayectoria era el canon femenino y musical en Europa. “Nosotras tenemos la rayita de las manos muy marcada por la diferencia de color entre la palma y el resto de la piel”, dice entre risas Loida. “Pero nunca nos sentimos rechazadas en el colegio por nuestro color de piel, a diferencia del pelo, aunque siempre nos deciÌan que nuestros antepasados siÌ o siÌ teniÌan que provenir de alguÌn paiÌs africano”, anÌade Gara. Esto las llevoÌ a investigar su aÌrbol genealoÌgico y descubrieron que tienen raiÌces en La Gomera, Gran Canaria, Lanzarote y, claro estaÌ, Tenerife. En la edad adulta su color de piel continuoÌ siendo motivo de reacciones ajenas: “Yo tuve un novio que me llegoÌ a decir ‘madre miÌa, es que tuÌ eres mulata’”, me confiesa Loida. “Hemos vivido discriminacioÌn. La primera vez que viajamos a Madrid con el duÌo un taxista nos tratoÌ fatal por nuestra piel”, continuÌa diciendo ella. “Los primeros anÌos que viajaÌbamos a la PeniÌnsula en general siempre nos confundiÌan con colombianas o venezolanas y sentiÌamos ese racismo, pero se notaba un cambio de trato cuando respondiÌamos que eÌramos canarias”, recuerda Gara. “Nuestro color de piel siempre fue tema de conversacioÌn. TambieÌn nos deciÌan que nuestro acento es diferente y que pareciÌamos latinas, de Colombia o Puerto Rico”.
Desde mi punto de vista, el fenoÌmeno musical y cultural que estas dos hermanas representan se nutrioÌ de lo que son en todos los sentidos: que nacen en las Islas Canarias, un puente de trasvases histoÌricos; que su acento se asemejaba al de artistas que ya se habiÌan consolidado en estos geÌneros musicales; y, no menos importante, que su aspecto fiÌsico no es el de dos chicas rubias y blancas sino cercano al de cantantes del reguetoÌn de su generacioÌn, la mayoriÌa de oriÌgenes caribenÌos. Sin embargo, esto apenas se ha tenido en cuenta mediaÌticamente y ellas me lo comentan: “Es algo totalmente diferente que nunca nadie nos preguntoÌ en una entrevista. Gracias por este intereÌs en conocernos maÌs”.
A lo largo de estos veinte anÌos, Gara y Loida han recorrido un camino en el que superaron fronteras, enfrentaron adversidades y consiguieron ser admiradas en las dos orillas del charco. Se ganaron el carinÌo de su pueblo llevando a las islas por bandera, ¡incluso en sus vestuarios! Porque ellas, como el ArchipieÌlago, son un puente. Y que nadie olvide que K-Narias, sin Canarias, muy seguramente no habriÌa sido el fenoÌmeno que revolucionoÌ a toda una industria con salsa y reguetoÌn. Que Gara y Loida, canarias son.