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“Nuestro color de piel siempre fue tema de conversación”

4 de marzo de 2026 12:59 h

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Hace unas semanas tuve la suerte de asistir al preestreno de Las Primeras, un documental sobre la historia de Gara y Loida Hernández Rubio, internacionalmente conocidas por formar el dúo artístico K-Narias. La cinta, de un alto valor divulgativo, recoge material del archivo personal de estas dos hermanas gemelas: desde su infancia en el tinerfeño barrio de Añaza en los noventa, cuando siendo muy chicas celebraban conciertos caseros con sus amistades, hasta su mítica actuación en el Madison Square Garden de Nueva York en 2005. En el coloquio que se celebró durante el evento, Gara y Loida indicaron que este documental no contiene toda su vida y, entre risas, comentaron que podía haber hasta una segunda parte. Yo, sinceramente, la esperaría con muchas ganas ya que sería una buena oportunidad para abordar una dimensión que apenas se tocó de soslayo en la cinta y que considero crucial para entender el fenómeno de las K-Narias: su etnicidad. Esta idea que defiendo se pudo intuir, fugazmente, cuando coinciden en backstage con la cantante argentina María Becerra y esta hace un comentario sobre el acento de las gemelas. Una de ellas responde diciendo que fuera de Canarias “piensan que somos latinos” y Becerra nombra a Quevedo como otro ejemplo de cantante con acento canario que triunfó mundialmente. ¿A qué persona de nuestras islas no la confundieron alguna vez con latinoamericana? Nuestro acento, cultura e idiosincrasia juegan a favor de que pase.

A lo largo del documental se insiste mucho en que las K-Narias son las primeras artistas del reguetón en España y Europa, casi como uno de los lemas del metraje. Pero, ¿qué sucede con la canariedad en este análisis? ¿Es irrelevante ese dato para entender que estas dos gemelas, de haber nacido en Valladolid, Edimburgo o Múnich y no en Añaza, muy probablemente no hubieran sido un fenómeno musical que conectó dos orillas del mundo? Y es que Canarias, como las K-Narias, está al filo de categorías identitarias que hacen muy discutible su entendimiento tan banal y ligero como “Europa” y ya. Nuestra posición geográfica, al oeste de África, históricamente facilitó el trasvase de mercancías, productos y también personas esclavizadas a raíz del colonialismo. Es decir, nuestro Archipiélago fue y es un “puente” entre el sur y el norte global. Y los puentes siempre se ubican en los bordes ya que su función es la de conectar orillas y facilitar el tránsito entre ambas. Hace algunos siglos sucedió con alimentos como las papas o el millo y más actualmente con la música, otro bien de consumo importantísimo en el presente. Con este planteamiento, no es extraño pensar que si el reguetón se consolida en España y Europa a partir de los 2000, al igual que otros géneros caribeños como el merengue o la bachata, es por esa función que tiene el Archipiélago y, no menos importante, porque estos géneros ya habían hecho match con nuestra idiosincrasia isleña.

Gara y Loida también habitan una suerte de “borde” identitario, tal y como diría la feminista chicana Gloria Anzaldúa en Este puente, mi espalda (1981) donde explora su realidad como una experiencia fronteriza —entre lo mexicano y lo gringo— que implica vivir en los márgenes de culturas y lenguajes. Solo por ser canarias, las hermanas ya conocen lo que significa esto a nivel cultural pero, ¿acaso su aspecto no influyó también tanto en su experiencia vital como en su carrera profesional? Desde que tenían seis o siete años, las hermanas utilizan trenzas cosidas que posteriormente lucieron tanto en sus videoclips más míticos, como en Que no te vistas que no vas (2005), hasta temas actuales como Pa la novia de mi ex (2025). Ambas tienen un pelo muy rizado y esto, me confiesan en una conversación que mantenemos a propósito de este artículo, incluso fue motivo de acoso y ridiculizaciones en el colegio: “Se burlaban de nosotras por nuestro pelo y hasta nos pusieron los motes del Rey León y Mafalda”. Así fue que las hermanas adoptaron este tipo de trenzas tan características de la estética afro convirtiéndolas en uno de los símbolos por el que se las identifica popularmente. “Cuando fuimos más adultas empezamos a indagar sobre los orígenes de las trenzas”, me comenta Loida, “y algunas fuentes decían que también las usaban los y las indígenas de Canarias”.

Las K-Narias, aunque pueda parecer una evidencia, tienen una piel morena que no es producto, precisamente, de haber pasado por una máquina de rayos UVA. Y esto las aleja de tener el aspecto caucásico que en la época en la que comenzaron su trayectoria era el canon femenino y musical en Europa. “Nosotras tenemos la rayita de las manos muy marcada por la diferencia de color entre la palma y el resto de la piel”, dice entre risas Loida. “Pero nunca nos sentimos rechazadas en el colegio por nuestro color de piel, a diferencia del pelo, aunque siempre nos decían que nuestros antepasados sí o sí tenían que provenir de algún país africano”, añade Gara. Esto las llevó a investigar su árbol genealógico y descubrieron que tienen raíces en La Gomera, Gran Canaria, Lanzarote y, claro está, Tenerife. En la edad adulta su color de piel continuó siendo motivo de reacciones ajenas: “Yo tuve un novio que me llegó a decir ‘madre mía, es que tú eres mulata’”, me confiesa Loida. “Hemos vivido discriminación. La primera vez que viajamos a Madrid con el dúo un taxista nos trató fatal por nuestra piel”, continúa diciendo ella. “Los primeros años que viajábamos a la Península en general siempre nos confundían con colombianas o venezolanas y sentíamos ese racismo, pero se notaba un cambio de trato cuando respondíamos que éramos canarias”, recuerda Gara. “Nuestro color de piel siempre fue tema de conversación. También nos decían que nuestro acento es diferente y que parecíamos latinas, de Colombia o Puerto Rico”.

Desde mi punto de vista, el fenómeno musical y cultural que estas dos hermanas representan se nutrió de lo que son en todos los sentidos: que nacen en las Islas Canarias, un puente de trasvases históricos; que su acento se asemejaba al de artistas que ya se habían consolidado en estos géneros musicales; y, no menos importante, que su aspecto físico no es el de dos chicas rubias y blancas sino cercano al de cantantes del reguetón de su generación, la mayoría de orígenes caribeños. Sin embargo, esto apenas se ha tenido en cuenta mediáticamente y ellas me lo comentan: “Es algo totalmente diferente que nunca nadie nos preguntó en una entrevista. Gracias por este interés en conocernos más”.

A lo largo de estos veinte años, Gara y Loida han recorrido un camino en el que superaron fronteras, enfrentaron adversidades y consiguieron ser admiradas en las dos orillas del charco. Se ganaron el cariño de su pueblo llevando a las islas por bandera, ¡incluso en sus vestuarios! Porque ellas, como el Archipiélago, son un puente. Y que nadie olvide que K-Narias, sin Canarias, muy seguramente no habría sido el fenómeno que revolucionó a toda una industria con salsa y reguetón. Que Gara y Loida, canarias son.