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Muere un árbol centenario en Valladolid: el riesgo de caída obligará a talar la secuoya de La Overuela

Imagen actualizada de la secuoya de La Overuela, Valladolid.

Alba Camazón

Valladolid —
23 de abril de 2026 21:47 h

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Valladolid tallará una de sus secuoyas centenarias porque se ha secado y se podría caer, lo que resulta peligroso porque tiene 32 metros de altura y un diámetro de 1,91 metros. Está en el antiguo pueblo de La Overuela, hoy uno de los barrios de la capital. En 2006, la Junta de Castilla y León la catalogó como árbol singular, pero eso no ha impedido la muerte del ejemplar, que está en un terreno privado.

Se trata de una sequoiadendron giganteum, una especie originaria de la montaña de California que se plantó en muchos lugares de España durante la Belle Époque. “Es una especie que crece muy rápido, pero exige condiciones de montaña y lluvia que no tiene en algunos de los lugares en los que se ha plantado. En ámbitos más secos y mediterráneos, si no la cuidas o la riegas es factible que se muera”, explica a elDiario.es el profesor de Botánica Forestal y director de la Cátedra de Micología en la Universidad de Valladolid, Juan Andrés Oria de Rueda.

El 13 de febrero el propietario de la finca pidió talar el árbol por el deterioro del ejemplar. El 25 de febrero, el Ayuntamiento realizó una inspección técnica, en la que se comprobó que el árbol estaba “muerto o en estado terminal”, por lo que había desaparecido “el valor natural, ornamental y biológico que justificó su inclusión en el catálogo”. La conservación del ejemplar no era “viable” y el equipo municipal consideró que su tala estaba justificada. Todas estas actuaciones fueron simultáneas a las de la Junta de Castilla y León, cuyos agentes forestales habían visto las malas condiciones del árbol a finales de año. Se estaba tramitando de oficio la baja de la catalogación del ejemplar cuando recibieron la petición del propietario de retirarlo. “Íbamos a comunicarlo al titular del terreno y nos llegó la petición. Ha sido bastante ágil porque nos da miedo que el viento y las lluvias puedan hacer caer al árbol y se ocasionen daños”, explican desde la Delegación Territorial de Medio Ambiente.

La secuoya de La Overuela, Valladolid.

El Ayuntamiento confirmó que la conservación del ejemplar seco podía suponer un “riesgo potencial de caída de ramas o del tronco a medio plazo”. El servicio constató la “ausencia total de follaje” y “signos evidentes de muerte fisiológica”, “desecación generalizada del tronco y las ramas”, una “fragilidad estructural compatible un estado avanzado de degradación” y apuntó que el estado fitosanitario del árbol era “irreversible”.

El rumor es que en realidad esa secuoya es más antigua, del siglo XIX, algo que descarta Juan Andrés Oria de Rueda. “Lo que pasa es que en pocos años se hace muy grande y despista. En los primeros 20 o 30 años tienen anillos de varios centímetros de anchura y parecen milenarios, pero no es así”, zanja el profesor, que tiene claro que, en el estado actual del árbol, es un “peligro”.

Al estar en terreno privado, el Ayuntamiento de Valladolid no es responsable del cuidado del árbol. La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) tampoco ha acometido ninguna intervención en los alrededores de la secuoya, según ha confirmado a este diario. Las competencias sobre la gestión y conservación de la fauna y flora son autonómicas. Los agentes medioambientales de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León frecuentan las zonas donde hay árboles singulares para realizar un seguimiento. De hecho, la secuoya de La Overuela estaba incluida en un programa de conservación de los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y está previsto incluir otros nuevos ejemplares si cuentan con el consentimiento de los propietarios de los terrenos.

La catalogación de los árboles que a veces acaba mal

Cuando se cataloga un árbol como especie singular, se le dota de cierta protección y no pueden ser talados salvo que lo autoricen las administraciones públicas: la Consejería de Medio Ambiente debe emitir una Orden para excluir a cualquier ejemplar de esta protección si han sufrido un “deterioro natural” o si se debe actuar de alguna manera “ineludible”.

Juan Andrés Oria de Rueda afea que en ocasiones este tipo de protección termine mal. “Cuando se declara un ejemplar como 'Patrimonio', me lo temo. Porque a veces se dejan de hacer las tareas de mantenimiento, o echan cemento para que la gente vaya a ver al árbol... y a veces ese mirador impide que la humedad de la montaña llegue bien al árbol. O hay visitantes que arrancan la corteza del árbol, como en Cabezón de la Sal. ”Es imprescindible que si se trata a un árbol como un monumento, se mantenga“, destaca este botánico.

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