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El Via Crucis de la visita del papa a Canarias

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El papa León XIV ha compartido un primer mensaje pastoral y humano sobre su esperado viaje apostólico a España. En sus primeras declaraciones destacó el fuerte vínculo emocional que ha mantenido con el país durante más de 40 años, haciendo hincapié en la fe popular y la hospitalidad, dos conceptos que resuenan profundamente con el Archipiélago canario. Este histórico viaje, que se llevará a cabo del 6 al 12 de junio de 2026, incluirá paradas en Madrid, Barcelona y Canarias, marcando la primera visita de un papa a territorio español desde 2011 y la primera visita papal en la historia al Archipiélago.

El pontífice hacía alusión en este mensaje a haber encontrado en España una sociedad cercana, de tradición creyente, destacando su capacidad de recibir al otro. La visita del papa a Canarias no será una parada secundaria dentro de su agenda española. Al contrario, distintas informaciones adelantadas por medios públicos y por la propia Iglesia sitúan a las Islas como uno de los núcleos morales del viaje, precisamente por su condición de frontera atlántica y por el papel que desempeñan ante la crisis migratoria. 

Lo que ya parece claro es que la etapa canaria ocupará los días finales del recorrido y que incluirá Gran Canaria y Tenerife, dejando fuera del recorrido a una isla, pequeña en dimensiones y en población, pero grande en corazón y que ha soportado en soledad y con mucha solidaridad el mayor peso del drama migratorio de los últimos años en Canarias. Es verdad que en El Hierro no tenemos esas multitudes de aclamación, ni el poder de los medios institucionales y de comunicación para desviar decisiones o cambiar itinerarios.  

Si el diseño del viaje de León XIV se hace en base al deseo expreso del papa que quiere reservar para Canarias uno de los momentos más significativos de toda la visita y relacionarla con la hospitalidad expresa de la población local a los migrantes, parece una contradicción que la isla con más presión migratoria durante los últimos años quede fuera del mapa. Nunca antes un pontífice había pisado Canarias, por lo que el desplazamiento de junio es un hecho histórico, pero también una oportunidad para proyectar una imagen de las Islas asociada a la solidaridad, la acogida y la dignidad humana.

Parece que con esta visita papal se ha despertado el pleito insular, el centralismo regional, la capitalidad compartida, la Ley de las dobles sedes. La visita pretende concentrarse y disputarse, si no hay cambios de última hora, entre Tenerife y Gran Canaria, el orden de los factores no altera el producto, y mientras tanto los actores son ellos, otra isla como El Hierro será mera espectadora aunque por su puerto pesquero de La Restinga sigan entrando el mayor número de embarcaciones con número más grande de migrantes. Las cifras no deben importarle a los mandatarios, ¿qué más da que a las costas herreñas hayan llegado desde agosto del 2023 unas 50.000 almas huyendo de guerras y de la pobreza extrema? ¿Qué más da que se hayan producido las mayores tragedias conocidas siendo espectadores impotentes los herreños?  

Dicen, cuentan, se rumorea… que a El Hierro no viene el papa por aspectos relacionados con la agenda y la logística. He llegado a escuchar que se plantean disputas hasta en qué isla pernoctaría la comitiva si viniese unas horas a esta isla para después regresar. Me da la impresión de que a esta visita, eminentemente pastoral, hay algunos que quieren convertirla en promocional, mediática y hasta turística; y aquí, un territorio insular como este tiene muy poco que hacer en la lucha con los poderes fácticos. Ahora que acabamos de terminar la Semana Santa, la visita papal a Canarias la han querido convertir en una especie de Vía Crucis.

Venga el papa, o no, desde El Hierro y por la parte que me toca y a muchos herreños y herreñas, seguiremos siendo solidarios y hospitalarios. Una vez más se pone de manifiesto que para algunas instituciones esta isla es solo un Meridiano Cero en el Atlántico del olvido. Esto no es cuestión de religión ni un capricho, es algo más, El Hierro se merece que se le devuelva la misma empatía, la solidaridad, la hospitalidad, la cercanía... con la que hemos afrontado en solitario. Se lo merece todo un dispositivo que se ha dejado la piel en conducirlos a buen puerto y atenderlos. Hasta ahora, eso sí, hemos tenido muchas visitas institucionales de cortesía, para decirnos qué solidarios somos, qué buenos samaritanos somos, qué empáticos somos, ante el fenómeno de la inmigración y el drama que le acompaña.