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Fernando Mikelarena convierte la conspiración previa a la Guerra Civil en un thriller ambientado en Pamplona

Fernando Mikelarena

Miguel Barluenga

23 de mayo de 2026 22:48 h

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La primavera de 1936 en Pamplona fue cualquier cosa menos tranquila. Mientras el general Emilio Mola tejía desde Navarra la conspiración que desembocaría en el golpe militar de julio, en las calles de la capital navarra se sucedían peleas, atentados e intrigas políticas en una ciudad pequeña, profundamente conservadora y atravesada por tensiones soterradas. Ese escenario convulso, en el que personajes históricos reales convivían con conspiradores, militares, falangistas y carlistas, es el que reconstruye el historiador Fernando Mikelarena en 'Asesinato en la conspiración' (Lamiñarra), una novela que mezcla ficción y divulgación histórica para acercar al gran público los meses previos al estallido de la Guerra Civil.

Profesor en el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza y uno de los investigadores más reconocidos sobre la represión franquista en Navarra, Mikelarena presentó en la Facultad de Empresa y Gestión Pública de Huesca la segunda entrega de una serie protagonizada por Clemente García Errandonea, un personaje ficticio que sirve como hilo conductor para recorrer algunos de los episodios más convulsos de la España del primer tercio del siglo XX.

Tras décadas dedicado a la investigación académica y autor de libros de referencia como 'Sin piedad', 'La (Des)Memoria de los vencedore' u 'Osasuna 1936', el historiador reconoce que decidió dar el salto a la ficción por una razón muy concreta: ampliar el alcance de sus investigaciones. “Algunos lectores me han comunicado que mis libros de ensayo historiográfico se les hacen un poco duros de leer”, explica. “Por eso he optado por escribir ficción novelada con amplios anclajes en la realidad para difundir lo más posible contenidos que tienen que ver con la memoria histórica”.

El resultado no es una novela histórica convencional. Mikelarena insiste en que, aunque el protagonista sea ficticio, “la inmensa mayoría de los personajes que aparecen son reales”. Algunos conservan sus nombres; otros los modifican ligeramente porque el autor les atribuye acciones o motivaciones no completamente documentadas. Pero el trasfondo histórico, subraya, es auténtico. “Hay un poso de realidad muy grande. A fin de cuentas, es una realidad ficcionada”.

Portada del libro 'Asesinato en la conspiración'

La novela arranca con un hecho real: la aparición del cadáver de Félix Dorado —basado en el empresario y falangista Félix Lostao— en el río Arga, en medio de un clima de creciente violencia callejera. Ese asesinato amenaza con hacer descarrilar la conspiración liderada por Mola desde Pamplona. En la ficción, Errandonea, antiguo contrabandista y agente secreto, recibe el encargo de investigar el crimen para evitar una espiral de represalias que pudiera llamar la atención del Gobierno republicano y poner en peligro los preparativos del golpe.

La historia permite a Mikelarena introducir al lector en la compleja red de alianzas y tensiones internas de la conspiración. “Pamplona era una ciudad pequeña, muy tradicional, con predominio político del carlismo y muchísima presencia de curas, militares y religiosos”, recuerda. “Pero al mismo tiempo había incidentes constantes de lucha callejera, atentados y enfrentamientos entre grupos radicalizados”.

El historiador sostiene que muchos de esos disturbios respondían a las tensiones internas entre los distintos sectores de la derecha antirrepublicana. “Yo creo que esos incidentes eran un intento, sobre todo de los carlistas, de presionar a Mola en el proceso de negociación que mantenían con él para imponerle condiciones”, afirma. Finalmente, añade, el general terminó imponiendo su autoridad y subordinando políticamente a quienes habían movilizado miles de voluntarios requetés para el golpe.

Uno de los aspectos que más interesan al autor es precisamente mostrar cómo la conspiración militar no fue únicamente una cuestión castrense, sino también civil, económica e ideológica. Mikelarena destaca el papel todavía poco explorado de Renovación Española, el partido monárquico alfonsino que defendía el regreso de Alfonso XIII y que, pese a su escasa implantación electoral, tenía fuertes conexiones con el Ejército y las élites económicas.

Según explica, el plan inicial contemplaba la creación de un directorio militar presidido por el general Sanjurjo, con José Calvo Sotelo como jefe del Gobierno. La muerte de ambos, pues Calvo Sotelo fue asesinado pocos días antes del golpe y Sanjurjo fallecido en accidente aéreo cuando viajaba desde Portugal, alteró completamente el diseño previsto y abrió el camino al ascenso de Franco.

“Son aspectos sobre los que todavía se puede profundizar”, señala el historiador, convencido de que incluso uno de los periodos más estudiados de la historia contemporánea española sigue ofreciendo zonas poco exploradas. En ese sentido, la ficción le permite reconstruir ambientes, conversaciones y dinámicas sociales difíciles de transmitir en un ensayo académico.

La novela también funciona como una especie de mapa urbano de la conspiración. Mikelarena ha organizado en Pamplona varios paseos literarios e históricos por los escenarios en los que transcurre la trama. Los asistentes recorren calles, edificios y plazas donde se produjeron algunos de los hechos narrados en el libro.

Para el historiador, la divulgación histórica necesita explorar nuevos formatos si quiere conectar con públicos amplios, especialmente jóvenes. “La historia suele tender a ser demasiado plomiza”, reconoce entre risas. Por eso defiende combinar libros, rutas urbanas y actividades divulgativas capaces de despertar la curiosidad sobre el pasado. “Hay que echarle imaginación. Si consigues interesar a la gente, la gente mira el pasado de una forma distinta”.

La elección de la novela negra y el thriller político tampoco es casual. La conspiración de 1936 ofrece, por sí sola, ingredientes propios de ese género: espionaje, dobles lealtades, reuniones clandestinas, violencia callejera y operaciones encubiertas. Mikelarena aprovecha esos elementos para construir un relato ágil sin renunciar al rigor documental.

En ese equilibrio entre entretenimiento y reconstrucción histórica reside buena parte del interés del proyecto. A diferencia de otros autores que utilizan la Guerra Civil como simple decorado, Mikelarena parte de años de investigación académica previa. Sus estudios sobre la represión franquista, el carlismo navarro o las redes de poder de la derecha antirrepublicana alimentan la trama de manera constante. “Yo tengo muchísima información de todo tipo”, explica. “Y la intención es difundir contenidos relacionados con la memoria histórica de una forma más accesible”.

La serie continuará además en los próximos meses. El autor ya tiene lista una tercera entrega, ‘Al rescate de Baroja’, ambientada en los primeros días de la Guerra Civil entre Madrid, Navarra y el País Vasco francés. La novela recreará, entre otros episodios, la detención del escritor Pío Baroja por una columna de militares, requetés y falangistas en julio de 1936, un incidente real que pudo costarle la vida.

Mikelarena sitúa parte de esa historia en Vera de Bidasoa (Navarra), su localidad natal, y vuelve a mezclar personajes históricos con la peripecia ficticia de Errandonea. Como en las novelas anteriores, la frontera entre documentación y ficción aparece deliberadamente desdibujada.

Lejos de considerar incompatible el rigor académico con la narrativa, el historiador entiende ambas facetas como complementarias. Después de años investigando archivos, documentos judiciales y testimonios sobre la violencia política de los años treinta, la novela le permite acercarse a una dimensión más humana y emocional del pasado.

En un momento en el que los debates sobre memoria histórica siguen generando confrontación política, Mikelarena reivindica la necesidad de seguir explicando cómo se construyó el clima que hizo posible el golpe de Estado de 1936. Y hacerlo, además, desde formatos capaces de llegar más allá de la universidad y de los lectores especializados. “Es una batalla que tenemos que dar”, concluye. “Porque si consigues que la gente se interese, entonces empieza a mirar la historia de otra manera”.

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