Entre barrancos y murallas: una ruta por el Maestrazgo, la comarca que une Aragón y Castellón
Entre Teruel y Castellón hay un territorio de montañas, carreteras llenas de curvas y pueblos de piedra que mucha gente conoce de pasada, pero donde merece la pena parar unos días. Es el Maestrazgo, una comarca histórica que se extiende a ambos lados de Aragón y la Comunitat Valenciana y que todavía conserva una forma de viajar mucho más tranquila que en otros destinos del interior peninsular.
Aquí no hay grandes ciudades ni planes con prisas. Lo normal es enlazar un pueblo con otro, parar en un mirador porque el paisaje lo pide o desviarse unos kilómetros para llegar a un río, unas pasarelas o un castillo en lo alto de una cima. En pocos kilómetros cambian el paisaje, la vegetación y hasta la luz, pero todo mantiene una misma personalidad, con pueblos pequeños, mucha piedra, naturaleza bastante salvaje y una historia que aparece constantemente en iglesias, murallas y fortalezas.
Morella, Cantavieja, Mirambel, Ares del Maestrat, Culla o Puertomingalvo son algunos de los nombres más conocidos, aunque el atractivo del Maestrazgo está también en lo que hay entre ellos: carreteras panorámicas, bosques, barrancos, masías aisladas y una gastronomía muy ligada a la montaña. Un lugar para recorrer sin demasiados planes y con tiempo suficiente para ir parando por el camino.
Un territorio de castillos y caminos históricos
El Maestrazgo no es solo una zona de montaña bonita. También es un territorio marcado por siglos de historia. El nombre viene de los “maestres” de las órdenes militares que controlaron estas tierras durante la Edad Media, sobre todo los templarios y, después, la Orden de Montesa. Por eso aquí aparecen castillos, murallas y pueblos fortificados prácticamente en cada ruta.
Durante siglos fue una zona estratégica entre Aragón y Valencia, y eso todavía se nota en el paisaje. Muchos pueblos crecieron alrededor de fortalezas situadas en lo alto de montañas o muelas rocosas, desde donde se controlaban caminos y valles. Más tarde, en el siglo XIX, el Maestrazgo también tuvo un papel importante durante las guerras carlistas, especialmente en localidades como Cantavieja.
Lo interesante es que toda esa historia sigue muy presente en el viaje. Está en las murallas de Morella, en las puertas medievales de Mirambel o en los castillos que aparecen constantemente entre montañas y barrancos.
Pueblos de piedra y plazas tranquilas
Recorrer el Maestrazgo suele consistir en enlazar pueblos pequeños por carreteras secundarias y parar donde apetezca. Muchos comparten una arquitectura parecida, con calles estrechas, fachadas de piedra y plazas porticadas, aunque cada uno tiene algo distinto.
Morella es probablemente la imagen más conocida del Maestrazgo. Sus murallas y el castillo dominan toda la sierra desde lo alto y el casco histórico conserva bastante bien el trazado medieval. Merece la pena recorrer sus calles sin demasiada prisa y subir hasta la fortaleza para entender la importancia histórica de la ciudad.
Más pequeño y tranquilo es Mirambel, rodeado por una muralla muy bien conservada. El Portal de las Monjas, las casas señoriales y las calles empedradas hacen que sea una de las visitas más agradables de toda la zona.
Cantavieja aparece sobre un peñón rodeado de barrancos y tiene una de las plazas más conocidas del Maestrazgo. Cerca queda La Iglesuela del Cid, donde destacan varias casonas renacentistas y edificios históricos que recuerdan el pasado señorial del pueblo.
En la parte castellonense, Ares del Maestrat llama la atención por su ubicación sobre una gran muela rocosa visible desde la carretera. Algo parecido ocurre en Culla, otro pequeño núcleo medieval situado en altura y rodeado de paisaje de montaña.
También merece la pena acercarse a Castellote, ligado al pasado templario de la zona, o a Puertomingalvo, uno de esos pueblos pequeños donde el ambiente rural sigue marcando el ritmo del día a día.
Barrancos, bosques y rutas entre montañas
El paisaje del Maestrazgo cambia bastante de una zona a otra, pero casi siempre mantiene una misma sensación de naturaleza poco alterada. Hay barrancos profundos, pinares, ríos encajados entre paredes de roca y carreteras que atraviesan puertos de montaña durante kilómetros.
Uno de los lugares más conocidos es el nacimiento del río Pitarque. La ruta empieza en el propio pueblo y avanza junto al agua entre cascadas, paredes de roca y antiguos edificios ligados al aprovechamiento del río. Es un recorrido sencillo y muy recomendable.
Otro de los grandes iconos naturales son los Órganos de Montoro, unas enormes formaciones calizas situadas junto a la carretera A-1702. Muy cerca están también las pasarelas de Valloré, un recorrido que atraviesa un cañón siguiendo el curso del río mediante senderos y tramos de pasarela de madera.
En Molinos, las Grutas de Cristal permiten recorrer una red de cuevas llenas de estalactitas y estalagmitas formadas durante miles de años. Y cerca de Castellote aparece otro de los enclaves más conocidos de la zona: el Puente Natural de la Fonseca, excavado por el río Guadalope.
Todo este territorio forma parte además del Geoparque Mundial de la UNESCO del Maestrazgo, donde la geología tiene bastante protagonismo y aparecen fósiles, formaciones rocosas muy singulares y varios yacimientos relacionados con dinosaurios.
Un destino para recorrer despacio
El Maestrazgo encaja muy bien con ese tipo de viaje en el que importa tanto el trayecto como las paradas. Aquí las carreteras forman parte del plan. Muchas atraviesan puertos de montaña, pasan junto a cañones o enlazan pueblos pequeños donde siempre apetece detenerse un rato.
La ruta más conocida es The Silent Route, el nombre turístico que recibe la carretera A-1702 entre Gargallo y Cantavieja. Son algo más de 60 kilómetros de curvas, miradores y paisajes de montaña que se pueden recorrer en coche, moto o bicicleta.
También hay muchas opciones para hacer senderismo. Algunas de las rutas más populares ya te las hemos adelantado, como el camino al nacimiento del río Pitarque, las pasarelas de Valloré o el Camino de los Pilones, un antiguo sendero marcado por pilares de piedra que servían de guía durante las nevadas.
Además, la zona cuenta con rutas de BTT, vías ferratas, barranquismo, escalada y espeleología. Por lo que si buscas actividades, tienes de todo un poco. Pero incluso así, el Maestrazgo mantiene siempre un ritmo bastante tranquilo y poco masificado, incluso en verano.
Cocina de montaña y producto local
Como no podía ser de otro modo, la gastronomía del Maestrazgo está muy ligada al clima y a la vida de montaña. Aquí predominan los productos locales, las recetas tradicionales y una cocina contundente pensada para los inviernos fríos de estas sierras.
"Si vuestra merced quiere un traguito, aunque caliente, puro, aquí llevo una calabaza llena de lo caro, con no sé cuántas rajitas de queso de Tronchón, que servirán de llamativo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo"
Indudablemente, uno de los productos más conocidos es el queso de Tronchón, mencionado incluso en El Quijote. Y también son habituales los embutidos, el jamón, el cordero, las setas y la miel de romero, además de guisos y platos de cuchara muy presentes en toda la comarca.
En la parte castellonense, especialmente alrededor de Morella y el Alt Maestrat, la trufa negra tiene bastante protagonismo durante el invierno y aparece en muchos restaurantes de la zona, por lo que es buen lugar para los truferos.
Además, otra de las cosas que merece la pena hacer es entrar en pequeñas tiendas, hornos y productores locales repartidos por los pueblos. Verás que muchos siguen trabajando de forma artesanal, manteniendo una gastronomía muy ligada al territorio y al ritmo tranquilo que define cualquier viaje por el Maestrazgo.