Análisis
Casi todo el PP se hartó de Astrid Pérez
Análisis
La caída en desgracia de Astrid Pérez como presidenta del Partido Popular en Lanzarote no responde a una decisión reciente de la dirección regional del partido. Ni a una calentura que haya conducido a una defenestración tan sonada. Comenzó a fraguarse desde el mismo momento en que arrancó el actual mandato de las corporaciones locales tras las elecciones de 2023. Un mes después de su toma de posesión como presidenta del Parlamento, en julio, y trasladada por razones del cargo a la isla de Tenerife, empezó a quebrarse su relación con quien le sustituyó al frente de la alcaldía de Arrecife, Yonathan de León, y con el que a partir de aquel momento se hizo cargo de la vicepresidencia del Cabildo de Lanzarote, Jacobo Medina, en ambos casos gracias a los pactos del PP con Coalición Canaria.
Ninguna de las fuentes consultadas por este periódico aportan alguna razón concreta que explique por qué se produjeron esas rupturas, salvo la de la inseguridad que podría sentir la presidenta insular del partido por el ascenso en las encuestas y en la consideración ciudadana de dos jóvenes valores que ocupaban su espacio tras su designación como presidenta de la Cámara regional.
Las desconfianzas llegaron a ser tan profundas que Pérez removió en marzo de 2025 de la secretaría general del partido en la isla a su número dos, Jacobo Medina, que previamente había perdido su puesto como vicepresidente del Cabildo de Lanzarote por una serie de razones que se vincularon a algo relacionado con la transparencia que nunca se aclararon del todo.
Ya para entonces, hace año y medio, el malestar era muy alto y crecía la contestación contra la presidenta Pérez prácticamente en los siete comités locales del partido en la isla.
En el Parlamento, las relaciones entre la presidenta y el grupo Parlamentario Popular, del que formaba parte originariamente, no iban mejor. Los diputados y diputadas no se escondían para criticar su comportamiento con ellos y sus decisiones institucionales. Las diferencias no solo se producían con sus correligionarios, sino también con los miembros de la Mesa de la Cámara, con quienes en ocasiones mantenía discusiones incomprensibles. Ana Oramas es, hasta el momento, su principal pesadilla, pero los desencuentros se han trasladado al resto de los miembros del órgano rector del Parlamento hasta el punto de haber abandonado la presidenta el grupo de WhatsApp que utilizaban los miembros de ese órgano parlamentario para acordar fechas, procedimientos o tramitaciones y hacer más operativa la gestión de la Cámara.
También disparó el descontento y la desafección la aparición en escena del empresario José Valle, actual presidente de la Cámara de Comercio de Lanzarote y una de las figuras más destacadas actualmente en el mundo económico y social de la isla. Delegado de la empresa de paquetería Seur, goza de gran predicamento en distintos ámbitos, incluido el político, lo que lo convirtió hace tiempo en un atractivo valor para los partidos políticos.
Y el PP se fijó en él para producir un relevo pacífico en la dirección conejera. Astrid Pérez llegó a estar de acuerdo con su fichaje pero quiso reservar para él que padeciera previamente el viacrucis de ponerse al frente de una gestora previa a un congreso insular para que tuviera que remangarse y adoptar decisiones duras con las que enderezar el partido y desplazar las malas influencias. Y luego, si llegaba vivo, optar a la presidencia.
Valle no solo se negó sino con él hizo causa común un buen número de dirigentes locales, regionales e incluso nacionales del PP, con Miguel Tellado al frente, conscientes de que estaban ante una oportunidad interesante para reconducir las cosas en Lanzarote y en Canarias.
Será con toda probabilidad el futuro presidente del PP de Lanzarote, y quién sabe hasta dónde podrá llegar esta nueva apuesta política que es respetada por la mayoría de las fuerzas políticas de la isla.
Astrid Pérez parece haber perdido ese pulso y todos los que amenazó emprender, incluida su marcha a Vox, partido que aseguró le había tentado. Ahora tendrá que optar por la disciplina y asumir, como ha dicho este lunes, que el partido está por encima de las personas y que llegados a este punto, no parece que vaya a haber misericordia.
No parece aconsejable que adopte una posición de revancha abandonando el partido por el que se presentó a las elecciones, consiguió el acta de diputada y, con ella, la presidencia del Parlamento. De todos los escenarios posibles, incluido el que garantiza la inamovilidad de los presidentes o presidentas de la Cámara, no se contempla la excepción de producir su cese en caso de pasar al grupo de no adscritos, cuyos integrantes apenas disfrutan de derechos políticos, lo que excluiría de ellos el de presidir la Cámara.
Tampoco parece aconsejable para Astrid Pérez una marcha airada, teniendo en cuenta que el PP podría estar reservando para ella una salida airosa, con más de salida que de airosa, es decir, un puesto en las próximas elecciones que la catapultara al Senado o al Congreso de los Diputados y que la aleje de los focos de conflicto en los que se la ha retratado.
Su tiempo en la política orgánica ha llegado a su fin y solo de la postura que ahora adopte dependerá que ese final incluya también el de la política institucional después de haber ocupado uno de los puestos de mayor rango de la Comunidad Autónoma de Canarias.