La artista y activista canaria Bianca Milacic ha regresado en la noche de este jueves a la isla de Gran Canaria donde desarrolla su actividad profesional. En la terminal de llegadas del aeropuerto de la isla la esperaban sus compañeras y compañeros de los colectivos Canarias por Palestina y Alternativa Antimilitarista MOC, Acción Directa No Violenta. La esperanaban con un girasol, una flor de la que se dice que si se inclina demasiado hacia el sol es que está muerta, pero Milacic no trae en sus ojos el miedo a pesar de las noches de incertidumbre en la prisión de Ketziot, en el desierto del Neguev.
En sus manos trae su móvil, para recibir noticias de personas que sabe que están en àlestina y para esta redacción mantiene una conversación en inglés con Asmaa, una estudiante de Medicina de 18 años del sur de Gaza que no ha dejado de estudiar ni un solo día aunque los drones y los misiles pasen, aún hoy y tras el acuerdo de paz, por su ventana. Milacic no le quita la vista de encima, ni a ella ni a su hermano pequeño, que no debe tener más de cinco años. Aunque la activista haya llegado a Gando, su mente está en intentar ayudar a cuántos palestinos sea posible. “Hacen falta más flotillas que agoten a Israel”, cuenta la activista a esta redacción.
“He recibido muchos mensajes de odio, han deseado que me ahogara o que Hamás me violase, comentarios de soldados diciéndome que no mataron a suficientes palestinos y que ya me encontraría yo al otro lado de su fusil, pero yo no recibo ni la mitad de odio que otras personas”, confiesa.
“Ha habido gente mucho más conocida, Hanan Alcalde, por ejemplo, o Jaldia Abubakra que ya directamente estaban haciendo artículos sobre ella.
Preguntada por esta redacción sobre cómo se sobrelleva en los días de navegación el odio y la incertidumbre, Milacic asegura que ella conservó el sentido del humor y que se ponía a contar drones, como si realmente hiciesen un ejercicio de disociación de la realidad. Luego las noticias se pusieron más serias. “En Túnez ya bombardearon dos barcos. A pesar de que en las noticias decían que la primera vez había sido una colilla, luego una bengala y fue un atentado en Aguas Internacionales”.
Milacic recuerda cómo el un soldado israelí orinó en la alfombra de rezo de un miembro musulmán de la flotilla y también recuerda ver a un soldado comerse un chocolate que era para una niña de Gaza. Todo eso lo vio. Los vio entrar con perros a las habitaciones, registros aleatorios de madrugada. Y a pesar de todo, solo utiliza su energía para que todos los ojos estén en Gaza. “La violencia de Israel es como la de calentar una rana poco a poco en agua caliente”, sentencia la activista, que no confía en el alto al fuego, entre otras cosas, porque a través de las videolladas que hace a sus amigos gazatíes diariamente, sigue escuchando drones y el sonido de la guerra.
Una paz terrorífica
Mientras tanto, Israel continúa atacando Gaza pese al alto el fuego. Fuentes del Hospital Nasser de la localidad sureña de Jan Yunis han informado este jueves a Al Jazeera de que un ataque con drones israelíes ha acabado con la vida de una persona cerca de Bani Suhaila, en las proximidades de la ciudad.
Según ha informado EFE, tanques militares israelíes han bombardeado a primera hora el área de Sheikh Nasser, al sur de Jan Yunis, “con potentes explosiones que se escucharon en toda la zona”, según han indicado fuentes locales a la agencia de noticias.
La zona de Sheikh Nasser se encuentra junto a la recién designada como “línea amarilla”, el punto al que se han retirado las tropas israelíes dentro del territorio gazatí como parte de este acuerdo y al que la población gazatí tiene prohibido acercarse.
Desde la entrada en vigor del alto el fuego, el pasado 10 de octubre, el Ejército ha abierto fuego constantemente desde las posiciones que mantiene en “esta línea amarilla” contra civiles palestinos que intentan regresar a sus casas para ver su estado y que, en la mayoría de los casos, desconocían que estaban en “zona militarizada”.
El Ejército dijo esta semana que había comenzado a señalizar esta “línea amarilla” con postes de hormigón de 3,5 metros de altura pintados de color amarillo, y que los estaban colocando cada 200 metros.
En estos 13 días de tregua, el Ministerio de Sanidad de la Franja de Gaza ha contabilizado al menos 88 muertos y 315 heridos gazatíes por ataques israelíes.