Juernes de Por Fogones
12 meses, 12 platos: comerse Gran Canaria en 2026 temporada a temporada

Potaje de Berros con queso.

Javier Suárez

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En Gran Canaria el calendario no lo marcan solo los festivos, lo marcan también los fogones. Cada estación deja en el mercado una huella distinta y 2026 tiene todos los ingredientes para ser el año en que la isla decida, por fin, comerse su propio tiempo: productos de temporada, kilómetro cero y una cocina que mira al campo y al mar antes que a Instagram.

Enero: potaje de berros y cítricos

Enero es mes de frío suave y cielos limpios en medianías, tiempo de olla al fuego lento. Nuestros cítricos como son la naranja, la mandarina o el limón, viven uno de sus momentos más dulces entre enero y marzo, igual que las coles, coliflores, zanahorias y espinacas que llenan las huertas insulares. Pocas cosas cuentan mejor quiénes somos que un potaje de berros humeante siempre acompañado de un buen queso, y como hacían nuestros abuelos, acompañando de gajos de naranja de la tierra, como recordatorio ácido de que el invierno aquí sabe a verde y a sol.

Febrero: vieja sancochada y mar en calma

Cuando los alisios se toman un respiro, el Atlántico se deja querer. En febrero, el pescado de roca sigue marcando el ritmo de las cofradías: viejas, samas, bocinegros y sargos continúan presentes en las capturas, junto a túnidos y merluzas de temporada (la de Lanzarote de las más codiciadas) más breve. La vieja sancochada con papas y mojo es algo más que un plato: es un tratado de economía circular marina, de respeto por el punto de cocción y de celebración de una proteína que no ha conocido aeropuerto.

Marzo: ensalada tibia de brócoli y papa nueva

Marzo huele a cambio de luz y a mercados que empiezan a llenarse de papas nuevas, brócoli y espinaca tersa. Es el mes perfecto para reconciliar la cocina cotidiana con la salud sin renunciar al sabor: una ensalada tibia de papa nueva de Guía o de Gáldar, brócoli al dente, aceite de oliva virgen extra y una lluvia de queso curado rallado por encima. En la mesa se entienden de golpe todas las campañas que hablan de temporada, porque el mordisco cruje distinto cuando no hay cámara frigorífica de por medio.

Abril: sancocho y puchero de Semana Santa más las fresas de Valsequillo

La primavera entra en Canarias con forma de cherne salado con aroma a Sancocho, gofio y batata. El puchero canario es otro de los grandes hits que no fallan en Semana Santa con nuestras carnes y verduras del país. Pero eso es sólo el principio, los valles de Valsequillo y Telde regalan fresas que piden a gritos salir del postre clásico y entrar en platos salados: un tartar de papaya y fresa con hierbas frescas, aceite de Arbequina y un punto de flor de sal revela hasta qué punto el territorio puede ser sofisticado sin perder nuestro acento.

Sancocho.

Mayo: caballa a la brasa y lechugas de primavera

Mayo es mes de charcos, de costa y de brasas encendidas el fin de semana. La caballa, uno de los pescados más humildes y más maltratados, vive semanas de esplendor en las lonjas, compartiendo temporada con otros azules como el jurel y el atún, destacando que aún estamos en época de pesca del codiciado atún rojo que tanto apasiona. A la caballa abierta en libro sobre la parrilla solo le hace falta una ensalada de lechugas, pepino y calabacín de primavera para demostrar que la alta gastronomía no siempre llega en vajilla de diseño. Al atún rojo sólo hace falta disfrutarlo de la manera más pura posible.

Junio: papas arrugadas con mojo y lapas, un matrimonio perfecto

Con el calor empujando desde el sur, junio es territorio sagrado de la papa nueva y de las primeras celebraciones veraniegas donde las lapas son las grandes bienvenidas a la fiesta. Las nuevas cosechas llenan los sacos con pieles finísimas que piden la sal gorda del arrugar, ese gesto tan sencillo como político: elegir la variedad local frente a la importada y siempre una sal canaria que le da un brío especial. Un plato de papas arrugadas con mojo verde de cilantro y mojo rojo picón, con la papa todavía humeante, resume mejor que cualquier discurso en Fitur qué significa comer Gran Canaria en temporada. Y, por favor, recuerden ARRUGAR y no sancochar nuestras papas, ¡Gracias!

Papas arrugadas.
Lapas.

Julio: ensaladilla y ropa vieja, porque lo de siempre entra mejor con el calor

Julio exige platos que se montan casi solos, porque la cocina se desplaza a la azotea y a la playa. Los tomates, pimientos, pepinos y berenjenas se encuentran en plena forma durante el verano canario, de ahí que cocinar una fresca y sabrosa ensaladilla rusa acompañada de una sabrosa ropa vieja nos da la excusa perfecta para llevarnos el picnic a la playa o a la montaña, cada uno elige. 

Agosto: sandía, melón y parrillada de caballa

Agosto en la isla es exceso de luz, de turistas y de fruta dulce. Sandías y melones, que ya asomaban en junio, tocan techo en sabor durante el corazón del verano, al tiempo que siguen llegando caballas, sardinas y otros azules de temporada a los puertos. No hay combinación más honesta que una parrillada o fritura de pescado azul acompañada de tajadas de sandía fría, esa mezcla de grasa saludable y frescor que explica por qué el Mediterráneo y el Atlántico comparten tantas intuiciones y nos hace ser el país con la mejor despensa del mundo, doy fe. 

Ropavieja.
Sandía.

Septiembre: uvas, higos y cabrito en salsa

Cuando el verano empieza a despedirse, septiembre deja en los mercados uvas, higos, mangos, aguacates y las primeras calabazas. Es el mes del vino nuevo y de las sobremesas largas, pero también el momento de reencontrarse con los guisos de carne, como un cabrito en salsa acompañado de papas y un salteado de calabaza y uvas pasas. Ahí la isla se mira en el espejo de su paisaje rural y entiende que el futuro de su gastronomía pasa por cuidar a quien sigue criando, plantando y cosechando en laderas imposibles.

Octubre: potaje de calabaza y batata

El otoño canario es estación de calabaza, batata, acelga y remolacha, verduras que muestran su mejor cara entre octubre y diciembre. Un potaje de calabaza con batata y acelga, espeso, naranja y dulzón, encierra en cada cucharada la promesa del frío que no termina de llegar y de las primeras lluvias que huelen a tierra mojada. En 2026, apostar por este tipo de platos en cartas y menús del día será una declaración de intenciones: menos fuegos artificiales y más cucharas que reconcilien al comensal con el producto humilde.

Noviembre: setas, coliflor y vieja a la espalda

Noviembre abre la puerta a las coliflores, champiñones y otros hongos que, aunque discretos en volumen, aportan matices de bosque a la cocina insular. Mientras tanto, el mar sigue regalando viejas, merluzas del país y atunes de campaña corta, perfectas para asar a la espalda, cocinar a la plancha o incluso en un buen rebozado con una guarnición de verduras de otoño. El plato funciona como metáfora de lo que puede ser la gastronomía de Gran Canaria este año: mar y montaña conversando de igual a igual en la misma bandeja. Todo un continente en miniatura llevado al plato.

Cabrito frito.

Diciembre: cordero, cabrito y cochino

Diciembre no se entiende sin mesa larga, sin cabrito, cochino negro o cordero, pero este 2026 pide añadir una lectura de temporada también al festín. Granadas, naranjas, batatas y quesos de Gran Canaria de todo tipo, afinados durante meses, conviven en los mercados con la abundancia propia de las fiestas, recordándonos que el lujo no está en el foie importado, sino en la capacidad de contar un territorio entero en un solo menú. Terminar el año con un asado de cabrito de la isla, papas arrugadas, mojo y una ensalada de granada y naranja es una forma de brindar también por quienes hicieron posible cada ingrediente. 

No olvidemos la importancia del sector primario y toda su gente en cada plato que nos comamos con ingredientes de nuestra tierra, consumir lo nuestro ayuda a que sigamos vivos como región, “somos lo que comemos” y Gran Canaria sabe a “gloria bendita”, como se diría por el sur de nuestra península ibérica. 

En 2026 la gastronomía de Gran Canaria se juega buena parte de su relato entre el kilómetro cero y la foto rápida. La isla tiene ante sí la oportunidad de asumir de una vez que su verdadera vanguardia pasa por poner en el centro al productor, a la temporada y a ese comensal que, plato a plato, decide si quiere comerse un calendario ajeno o el suyo propio.

Y esto no es sólo una declaración de intenciones de cara a los restaurantes, que ojalá la hicieran suya, sino más bien una reflexión que me llevará este año a mirar más hacia dentro que nunca, buscar lo que nos hace únicos y ponerlo en valor. Cocinar más en casa, consumir más producto de los mercados de abasto pero también dar voz a todos esos establecimientos de toda índole que desde un buen bocadillo de pata con queso para desayunar, pasando por un menú del día o la propuesta más de alta cocina que se puedan imaginar, luchen por poner en valor un poquito de lo nuestro, ya que si todos aunamos fuerzas nos convertimos en invencibles. 

Carne Machorra.

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