Tres restaurantes de Gran Canaria entran de golpe en la Guía Michelin

Guía Michelin.

Javier Suárez

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Que la Guía Michelin fije la mirada en Gran Canaria y sume recomendaciones más allá de las Estrellas y los BIB Gourmand significa que el tejido gastronómico ha madurado y ofrece garantías de calidad en distintas gamas de precio y formatos. Cada nuevo “recomendado” es una especie de sello que certifica que algo relevante está pasando en esa cocina, en ese barrio y, por extensión, en la isla.

En el caso de Gran Canaria, estos reconocimientos se suman a un elenco de restaurantes estrellados y proyectos consolidados que han situado al territorio en la conversación gastronómica nacional, con propuestas que van desde la alta cocina de hotel hasta espacios a pie de calle que reivindican el producto y el recetario canario.

Verode es la prueba de que la cocina canaria contemporánea puede ser cercana, compartible y profundamente identitaria sin perder ambición. Nacido a escasos metros de la Cícer, el local de Abraham Ortega, chef también al frente del estrellado Tabaiba, se construye como un “árbol troncal” desde el que reinterpretar la despensa insular con una mirada más desenfadada que en su casa madre.

Su carta habla el lenguaje de la casa canaria de toda la vida –ensaladilla de batata y cherne, escaldón de gofio, casquería “de las de antes”– pero con el pulso técnico de una cocina que conoce bien los códigos de la alta gastronomía. Esa combinación, unida a una barra poderosa, un servicio de sala que hace que el comensal quiera volver y una relación calidad-precio difícil de igualar, encaja a la perfección con lo que la Guía Michelin busca cuando señala un restaurante que merece desviar el camino.

Verode.

Rígolo representa otro de los grandes relatos que hoy interesan en la isla: el de la cocina de raíces extranjeras que sabe dialogar con el territorio que la acoge. En este pequeño rincón de Las Palmas de Gran Canaria, la Italia más casera –pastas trabajadas con mimo, risotto, embutidos y quesos– se encuentra con guiños a la despensa local, desde los quesos canarios hasta combinaciones de sabores que miran tanto al Mediterráneo como al Atlántico.

La sala, cercana y cálida, y una carta que cambia en función del mercado, han convertido a Rígolo en una de esas direcciones que corren de boca en boca entre quienes buscan una cocina honesta, bien ejecutada y sin artificios. Que la Guía Michelin lo incorpore a su listado de recomendados es un espaldarazo a la idea de que en Gran Canaria también hay espacio para proyectos que, desde la sencillez aparente, sostienen un nivel de producto y de cocina digno de reconocimiento internacional.

Rígolo.

Revés Bistró es, literalmente, un revés a los lugares comunes de la gastronomía grancanaria. Levantado dentro del Club de Tenis Tafira por Héctor Suárez, Sem Suárez y el chef Paco Budia, tras su paso por la estrella Michelin de Etxeko Ibiza, el restaurante demuestra que la alta cocina informal puede florecer lejos de las zonas obvias, si detrás hay oficio y una idea clara.

Su propuesta se articula en torno a snacks afilados –brioche de gamba blanca, croqueta de boletus, bocados que concentran técnica y guasa–, platos de fondo como “La Dehesa” o un arroz meloso de camarón y sepia que se mueve entre el umami marino y la precisión en el punto del grano, y una ensaladilla rusa que homenajea la memoria familiar y se ha convertido ya en uno de los bocados icónicos de la casa. El servicio en sala, elegante y cercano, y una bodega con fuerte presencia de vinos canarios terminan de rematar un concepto que encaja con la nueva sensibilidad de la Guía: lugares donde se come muy bien, se disfruta y se percibe proyecto de futuro.

Revés bistró.

La inclusión de Verode, Rígolo y Revés Bistró en la categoría de recomendados no es un hecho aislado, sino otro capítulo en la construcción de un relato gastronómico propio para Gran Canaria. Para la isla supone tres golpes ganadores de una sola tacada como son:

  • Un refuerzo de su imagen como destino donde se come muy bien más allá de los restaurantes con estrella, ampliando el abanico de experiencias de calidad para el visitante y el residente.
  • Un reconocimiento al esfuerzo de una nueva generación de cocineros, sumilleres y jefes de sala que apuesta por el producto local, las recetas de memoria y los cruces culturales como motor de cambio.
  • Un impacto económico y social directo: estos sellos atraen reservas, generan empleo y contribuyen a dignificar oficios ligados tanto a la hostelería como al sector primario y al pequeño productor.

Con estos tres nombres, el mapa Michelin de Gran Canaria gana densidad, matices y coherencia: a las estrellas que marcan la vanguardia se suman casas donde la cocina canaria se mezcla con Italia o con los códigos de la alta cocina informal, siempre con una misma idea de fondo: hacer que la isla sepa, cada vez más, a sí misma.

Tabla embutidos Rígolo.

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