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Los avances feministas ante el discurso de odio hacia las mujeres: “La manosfera no es invencible, crece donde hay vacío”

“Charos”, “feminazis” o “tds pts” son algunos conceptos utilizados en internet para colocar a las mujeres en una posición de inferioridad intelectual y social. Este estereotipo, según un estudio publicado por el Instituto de las Mujeres, las representa como “inútiles, ridículas o ignorantes” y refuerzan dinámicas sociales de desprecio hacia las mujeres. Este es solo un ejemplo de la difusión del discurso del odio contra las mujeres en las redes sociales. Este año, las manifestaciones por el 8M en Canarias transcurrirán con los lemas “Feministas en resistencia contra la ofensiva patriarcal” y “Feministas imparables, tumbemos el fascismo”, poniendo el foco en que no podemos retroceder en derechos.

Desde el ámbito educativo, quienes trabajan impartiendo talleres con los más jóvenes aprecian día a día el impacto de estos discursos reaccionarios que arrasan y que han encontrado un potente altavoz en las redes sociales y en el avance de la ultraderecha. “Lo estamos viviendo muy de cerca. No desde titulares, sino desde el aula”, asegura Idaira Alemán, trabajadora social y coordinadora del proyecto Por no hablar, que incide en que en los talleres “escuchamos frases que duelen” y cita algunos ejemplos: “Si ella sigue es porque quiere”, “en el porno ellas disfrutan aunque parezca que no”,“ahora cualquier cosa es violencia” o “si está grabado y lo suben, será porque les gusta.”

“Son frases que mezclan pornografía, sexualidad y una banalización muy peligrosa de la violencia sexual”, incide Alemán, que añade que cuando las escuchas, impresiona porque se dicen con seguridad, “con una firmeza que parece pensamiento propio”. Sin embargo, matiza, “cuando paras, cuando profundizas, cuando les pides que definan ”consentimiento“, que hablen de deseo real, que expliquen qué pasa cuando hay miedo, opresión o desigualdad… el discurso empieza a vaciarse. Porque no es un discurso pensado, sino aprendido, repetido y consumido. Es fuerte en apariencia, pero vacío cuando se analiza. Se sostiene en lo que han visto en pantallas, en fragmentos de vídeos, en frases de influencers, pero no en una reflexión profunda”. 

La ola reaccionaria nos preocupa, pero también nos confirma algo: cuando hay espacio para pensar, el discurso vacío se desmonta

Y añade también que ocurre algo “profundamente esperanzador” y es que en esos mismos espacios “vemos a jóvenes, muchas chicas, pero también chicos”, levantar la mano y decir: “Eso no es deseo”, “el porno es violencia” o “que se haya normalizado no significa que esté bien”. Y esos argumentos, la trabajadora social cree que son “más sólidos, más difíciles de desmontar”. “Por eso la ola reaccionaria nos preocupa, pero también nos confirma algo: cuando hay educación, cuando hay espacio para pensar, el discurso vacío se desmonta”, concluye.

En algunos contextos he tenido incluso que retirar la palabra ultravioleta de mi logotipo o evitar nombrar directamente el feminismo

La investigadora experta en género y videojuegos Nira Santana, que también trabaja con adolescentes en las aulas recalca que esta ola reaccionaria se nota bastante en el trabajo que realiza. “En mi caso, por ejemplo, en algunos contextos he tenido incluso que retirar la palabra ultravioleta de mi logotipo o evitar nombrar directamente el feminismo, es decir, que hay palabras que para yo poder trabajar para una administración pública he tenido que omitir, porque muchas veces nos vemos obligadas a reformular propuestas, a suavizar el lenguaje o a explicar las cosas de otra manera. Y esto no sucede porque las técnicas o las personas que trabajan dentro de las administraciones no entiendan la perspectiva de género, sino porque cuando hay determinados posicionamientos ideológicos por encima, que son quienes toman las decisiones, pues la situación se nos está complicando”, subraya. 

Estamos muy expuestas y yo sin ir más lejos he recibido acoso y amenazas en redes sociales, amenazas de muerte y de violación

Además, apunta que quienes investigan o trabajan públicamente, como es su caso, “pues estamos muy expuestas y yo sin ir más lejos he recibido acoso y amenazas en redes sociales, amenazas de muerte y de violación y eso no es fácil, no es fácil de sostener porque para poder hacer este trabajo tu salud mental también es importante y muchas veces sentimos que estamos bastante solas frente a este tipo de situaciones”.

“Y en cuanto a la juventud, evidentemente es permeable, como las personas adultas, todas las personas somos permeables frente a todos los productos culturales que consumimos y los espacios en los que interactuamos, pero en estas edades es especialmente importante, pues estar presentes, observar, acompañar y generar espacios donde también podamos reflexionar sobre todo esto y creo que el objetivo tiene que ser que puedan situarse del lado de la justicia social, de la igualdad y del respeto a la diversidad, también en cuestiones de género. Para revertir estos discursos, pues creo que el trabajo tiene que ser colectivo”, insiste Nira Santana. 

El auge de la manosfera

Uno de los espacios que más daño está haciendo a los avances del feminismo entre la juventud es la manosfera, esas comunidades misóginas en internet que niegan el feminismo y que culpan a las mujeres. Un estudio de las investigadoras Elisa García-Mingo y Silvia Díaz Fernández ahondó en este fenómeno y apuntó que a pesar del éxito social y de la institucionalización del movimiento feminista en los últimos años, estamos viviendo en España un momento de repliegue antifeminista, caracterizado por una visión del feminismo como una “ideología de género”. 

La manosfera no es un fenómeno anecdótico de internet. Es una maquinaria de producción de resentimiento masculino

La trabajadora social Idaira Alemán incide en que “la manosfera no es un fenómeno anecdótico de internet. Es una maquinaria de producción de resentimiento masculino que está ofreciendo a muchos chicos jóvenes un relato muy simple para explicar su malestar: ”Si te sientes rechazado, es culpa del feminismo.“ ”Si las chicas ponen límites, es que ahora mandan demasiado y “si no tienes éxito sexual, es porque ellas tienen demasiado poder”. 

“Es un relato fácil. Y cuando alguien está confundido o inseguro, los relatos fáciles seducen. Esos discursos no se quedan en lo ideológico. Se traducen en cómo miran a las chicas, en cómo entienden el consentimiento, en cómo viven el deseo”, agrega Alemán. 

“La adolescencia es una etapa de búsqueda de identidad. Si un chico de 14 o 15 años encuentra primero a un influencer que le dice que el problema son las mujeres antes que a un adulto que le ayude a pensar, ese discurso cala”, insiste Idaira Alemán, que puntualiza que aquí vemos algo importante: no todos los chicos están entrando en ese relato. Muchos lo están cuestionando. Muchos están buscando otras formas de ser hombres que no pasen por la dominación o el resentimiento“, remarca la coordinadora de Por no Hablar. 

A su juicio, “si no ofrecemos referentes alternativos, el algoritmo lo hará, porque la manosfera es ruidosa, pero intelectualmente débil”. “Se sostiene en simplificaciones, en victimismo y en una profunda incapacidad para sostener la complejidad. Y ahí es donde la educación vuelve a ser radicalmente necesaria. Si ofrecemos espacios seguros, reflexión y modelos de masculinidad más humanos, el discurso de odio pierde fuerza. La manosfera no crece porque sea invencible. Crece donde hay vacío. Y el vacío se llena con comunidad, educación y pensamiento crítico”. 

Por su parte, Nira Santana incide en que “el objetivo de la manosfera es callarnos y muchas veces lo consiguen”. Y, en este punto, agrega: “Yo personalmente he pasado por ese momento de duda pero siempre he decidido quedarme y seguir adelante, yo no voy a dar ni un solo paso atrás, aunque creo que es importante decir algo y es que no debería ser un acto casi como épico poder defender la igualdad o trabajar por una sociedad más justa, no deberíamos estar en esta situación”. 

Las mujeres migrantes, en la diana del odio

En la campaña del odio, las mujeres migrantes están en la diana. “No nos quieren en esta realidad de la que somos parte”, sentencia la activista saharaui por los derechos de las mujeres Sukeina Ndiaye. El 63% de las mujeres migrantes ha sufrido algún tipo de violencia, según los datos del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia. La violencia psicológica y la emocional son las más comunes, pero invisibilizadas. 

La activista destaca que muchas mujeres llegan a España engañadas con un contrato que no existe. “Luego las dejan en manos de Dios, porque lo que quieren es una trabajadora sin contrato o a una mujer para tenerla cuando el hombre quiere. Las traen con engaños, y a los dos días las maltratan física y psicológicamente y las dejan en la puerta”, rechaza. Para una mujer migrante, explica Ndiaye, sufrir estos tipos de violencias es, si cabe, más dañino, al carecer de redes de apoyo y núcleos familiares. 

Toda la migración está haciendo hazañas, aunque no sean visibles

Además, las mujeres que llegan en patera, explica la activista, son expuestas constantemente al juicio social. Para combatir el odio, propone que las administraciones públicas saquen adelante políticas inclusivas que hagan visible la inmigración desde el poder, y que se fomente la empatía. “La gente solo reconoce a un migrante cuando salva a alguien de un fuego, cuando salva a un niño que se va a caer… Cuando ha hecho una hazaña. Pero es que toda la migración está haciendo hazañas, aunque no sean visibles”, destaca Ndiaye. 

“Estamos haciendo un papel importante y fundamental. Somos las que hacemos el trabajo del cuidado, la hostelería… y no quieren verlo porque no conviene saberlo”, insiste Ndiaye. Mientras las mujeres migrantes sostienen el sistema, los partidos de extrema derecha han emprendido una batalla contra las mujeres musulmanas amparándose en el burka. 

Sobre esta polémica construida desde la política xenófoba, Ndiaye responde tajante: “Quien no cree en los derechos de las personas, migrantes o no, no va a luchar por el velo de las mujeres. El velo no es un motivo de discusión ni de campaña. Si quieren votos, que los busquen por otro lado. Si quieres una flor, la arrancas, pero si la amas, la riegas, y eso no es lo que están haciendo”. 

El reto de trabajar colectivamente ante la ola reaccionaria

“No estamos ante opiniones aisladas ni ante una moda pasajera. Estamos ante una ofensiva cultural organizada que está moldeando cómo una generación entiende el sexo, el poder y la igualdad”, señala Idaira Alemán, que afirma que las más perjudicadas seguimos siendo las mismas, las mujeres. La coordinadora del proyecto Por no hablar sostiene que “si queremos frenar esta deriva, también tenemos que intervenir donde se está construyendo la legitimación de esa violencia”. “La pornografía ha normalizado la agresividad, la manosfera la está justificando, y el silencio institucional la está permitiendo”, asevera. 

Necesitamos educación sexual real y sostenida en el tiempo

En este punto, añade que la respuesta no puede ser puntual ni simbólica. Tiene que ser estructural. “Necesitamos educación sexual real y sostenida en el tiempo. Necesitamos políticas públicas valientes, no declaraciones vacías; financiación estable para prevención y regulación frente a plataformas que están lucrándose con la polarización y el odio. 

Asimismo, cree que necesitamos generar espacios donde los chicos puedan cuestionar el modelo de masculinidad que les promete poder a cambio de deshumanizar a las mujeres, porque sin transformar esa construcción, la desigualdad se reproduce.

“La violencia política nos quiere desmemoriadas y desmoralizadas”

Una semana después del aniversario del asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres, la violencia política contra las mujeres, especialmente la ejercida contra aquellas mujeres que defienden derechos que atentan contra colectivos de poder, continúa en los titulares, en las redes o, peor, es silente, pero opera contra diputadas, periodistas, activistas o juezas por el hecho de ser altavoz de otras violencias y lo hace además con carácter ejemplarizante para todas aquellas mujeres que se atrevan a alzar su voz. 

“La violencia política es ejercicio de intentar invisibilizarnos, intentar silenciarnos y desprestigiarnos a través de mecanismos, algunos más bárbaros y grotescos, como la tortura, el asesinato, el encarcelamiento, las multas, castigos varios”, explica a Canarias Ahora Koldobi Velasco, activista por la paz y representante de Alternativa antimilitarista-MOC. “Se intenta silenciar y se intenta invisibilizar y desprestigiar la disidencia, la desobediencia, la mirada crítica, el tomar partido, tomar postura” y explica que “todo ejercicio de violencia es un ejercicio de dominación,  es un ejercicio de contemplar de una manera binaria la vida y construyendo las relaciones desde una perspectiva jerárquica, autoritaria para abatir a los demás y construirlas en enemigas”.

Lo que fomenta la violencia política es que entremos en guerra entre nosotras

Para Velasco “lo que fomenta la violencia política es que entremos en guerra entre nosotras, con el último o la última que llegó al barrio, con chivos expiatorios y siempre deshumanizando. Quitando el rostro, borrando huellas, memorias, identidad, historia” y por eso defiende que este tipo de violencia nos quiere “desmemoriadas y desmoralizadas”.

La activista propone una receta frente a esa violencia: cultivar las acciones contrarias.“Ese proceso revolucionario de cambio de actitudes, de valores y que propone nuevos modelos, nuevas estructuras, nuevas maneras de ser y de hacer. Decía Walter Benjamin,  que el mayor dominio es el olvido”, asevera la activista.

Ofensiva machista y “parálisis” del Gobierno de Canarias

Nereida Vizuete, portavoz de la Red Feminista de Gran Canaria explica que este año la elección del lema “Feministas en resistencia contra la ofensiva patriarcal” responde a una ofensiva machista, que a su vez responde a los avances feministas de los últimos años. “Cuanto más hemos ido avanzando en derechos para las mujeres y en conquistar esos espacios que se nos habían vetado históricamente, más reacción de la machosfera y de todo ese sector reaccionario que quiere que volvamos a 30 años atrás”, sostiene Vizuete. 

Hay claramente un espacio organizado de discursos de ultraderecha en contra de los derechos de las mujeres

Para la portavoz de la Red, esa reacción machista no es solo innegable sino que se observa diariamente en las redes, cuando las mujeres feministas publican artículos, con las personas que se dedican a los espacios públicos, con las mujeres específicamente que hacen políticas públicas o que hacen comunicación feminista. “Y hay claramente un espacio organizado de discursos de ultraderecha en contra de los derechos de las mujeres”, explica.

“No hay que olvidar que cuando se ataca el feminismo, no se ataca a una parte de las mujeres, se ataca a los derechos de las mujeres, a los derechos que hemos ido conquistando a lo largo de los siglos y que, por supuesto, no podemos permitir perder ahora”.

Desde que comenzó la legislatura actual, observamos una parálisis continuada

Preguntada por esta redacción acerca de si desde la Red Feminista de Gran Canaria perciben que se está trabajando por combatir esto, la respuesta es rotunda: “Desde que comenzó la legislatura actual, observamos una parálisis continuada con una consejería de Bienestar Social que incluye la esfera de la igualdad y que prácticamente está desaparecida, aunque la consejera insiste en decir que no, pero los datos hablan”, asevera. “Un Instituto Canario de Igualdad que apenas tiene actividad cuando precisamente su lucha contra la violencia machista debería ser la institución abanderada de empujar hacia las necesidades que tenemos y de poner más recursos y más herramientas”.

Para Vizuete, lejos de luchar desde el Ejecutivo la respuesta es la inversa; menos personal, con menos dirección y con menos actividad. “Así que no, las instituciones canarias no están respondiendo, no están haciendo lo suficiente. Llevamos 10 mujeres asesinadas en lo que va de año”. Lamenta y teme particularmente que los actos de repulsa institucionales ante la violencia machista queden en “lacitos violeta o minutos de silencio”.

Para la Red Feminista de Gran Canaria es “trabajando en los espacios de cuidados colectivos, trabajando en hacer más teoría feminista, trabajando en generar más recursos, trabajando en hacer esta presión social que hacemos en cada manifestación o en cada denuncia pública” donde pueden prevenirse, hablarse y curarse esas heridas que se crean en sociedad. “Y creemos que igual es importante que la gente también entienda que no es el todo o nada, que a veces no poder estar en una manifestación no significa no poder participar de la lucha feminista. A veces hay que cambiar nuestros entornos, nuestros metros cuadrados de vida y eso es suficiente para generar cambios sociales”.

Una ola reaccionaria que requiere de más apoyo institucional

Las expertas también inciden en que ante esta ola reaccionaria se requiere de mayor respuesta institucional. “Cuando las instituciones responden con tibieza, cuando intentan no molestar, cuando equilibran discursos como si todos fueran igual de legítimos, el mensaje que cala es devastador: que nuestros derechos pueden ponerse en discusión”, recalca Idaira Alemán.

No se puede debatir si la violencia existe

“No se puede debatir si la violencia existe. No se puede tratar la igualdad como una opinión más en una mesa redonda. No necesitamos grandes declaraciones. Necesitamos coherencia. Necesitamos que cuando una joven dude si lo que vivió fue violencia, sepa que el marco institucional está de su lado sin fisuras. No retroceder en derechos no es sólo un lema. Es sostener un marco de dignidad que no se negocia, aunque incomode”, apunta. 

Nira Santana, por su parte, insiste también en que es necesaria una mayor respuesta por parte de las instituciones. “Necesitamos protección, voy a insistir en esto, necesitamos protección, necesitamos que se exijan responsabilidades a las plataformas digitales que permiten que muchas personas actúen desde el anonimato con total impunidad e incluso sin ese anonimato y también necesitamos que se reconozca y se respalde el trabajo de quienes estamos poniendo nuestro tiempo, nuestra voz y nuestro cuerpo, porque es nuestra cara la que estamos poniendo y nuestro nombre y apellido para abordar estas cuestiones y generar cambios en la sociedad”. 

Se nos insulta y se menosprecia nuestro trabajo y no vemos una respuesta firme de las administraciones

Por último Santana puntualiza dentro de las propias redes de las administraciones públicas, cuando profesionales como ella desarrollan proyectos que les han encargado o que han presentado proyectos, muchas veces en las redes sociales de estas administraciones “se nos insulta y se menosprecia nuestro trabajo, se nos devalúa y no vemos una respuesta firme y contundente por parte de las administraciones para defender nuestro trabajo, un trabajo que está dentro del marco de la legalidad y de lo que las administraciones necesitan”.

Por ello, lamenta que “no vemos una protección y una respuesta clara frente a este tipo de reacción, frente a discursos de odio de cualquier tipo hacia las profesionales que trabajamos en igualdad y creo que esto es muy importante, que es grave que cuando a nosotras se nos insulta o se desprecia nuestro trabajo o se pone en duda nuestro trabajo en una red que gestiona una administración pública, creo que es importante que la administración se posicione y que responda frente a este odio”.