Un enfermero sufre una agresión racista en Gran Canaria: ''Hay a quien le choca que una persona negra tenga una carrera''
David lleva 18 años trabajando como enfermero, pero el pasado 30 de marzo sufrió “la agresión más bestia” que había vivido nunca. Eran las seis de la tarde y él intentaba mediar entre dos pacientes compañeros de habitación en su lugar de trabajo, el Hospital Insular de Gran Canaria. “Un hombre se puso agresivo con el otro paciente, lo amenazó de muerte, entonces dije que iba a llamar a seguridad”, explica en una entrevista concedida a este periódico. Después, en el pasillo, el paciente y su acompañante elevaron el tono hasta proferir varios insultos racistas contra el enfermero, como “negro de mierda”, “recogido”, “vuélvete en patera” o “Kunta Kinte”, en referencia al guerrero africano tomado como esclavo por Estados Unidos.
“Eso no lo oía desde que yo era niño. Me retrotrajo a 30 años atrás. Cuando alguien me llama esclavo en mi puesto de trabajo, ¿cómo puedo presentarme a trabajar al día siguiente? Yo lo único que quiero es que se pongan en mi lugar”, dice David. ''Existe el racismo, y a día de hoy yo sé que hay gente a la que le choca que una persona negra pueda ser enfermera, o que pueda tener una carrera universitaria. Es triste, pero yo puedo aprender a convivir con eso, pero que me intenten humillar y vejar...'', lamenta.
El enfermero agradece que sus compañeros se hayan puesto de su lado y le reprocharan al paciente y a su acompañante su comportamiento racista. “No se trata solo de que yo denuncie esto, sino de que la gente actúe como lo hicieron ellos. Hay actitudes que no se pueden permitir”, subraya.
David afirma que en los últimos años se ha dado una escalada de violencia física y verbal en contra de los profesionales sanitarios. Además, resalta que ''la peor parte'' se la llevan las mujeres, que sufren agresiones machistas. ''Parece que nos pueden decir lo que sea, que lo llevamos en nuestra profesión, y están equivocados'', asevera. El secretario provincial del sindicato de Enfermería SATSE en Las Palmas, Juan Trenzado, explica en declaraciones a este periódico que entre 2024 y 2025 las agresiones a sanitarios aumentaron en un 29,17%, pasando de 192 casos a 248.
No normalizar la violencia
''Es insoportable'', asevera Trenzado, quien valora que esta cifra es solo la punta del iceberg, porque hay muchas personas que no denuncian. ''Hay una sensación de que esto es lo normal, que va inherente a lo que es ejercer como enfermera. Para mí eso es lo más grave de esta situación, que se normalice que por esperar por un servicio tengas derecho a insultar o agredir a una enfermera'', subraya Trenzado.
El enfermero del Hospital Insular de Gran Canaria ha llevado el caso al Colegio de Enfermería, y lamenta que hasta el momento no se haya tomado ninguna medida. ''Cuando pasan estas cosas, tampoco hay una línea de actuación clara y directa, la vas descubriendo poco a poco. Es lo que espero que se vaya mejorando, que cuando pasen estas cosas tengas claro cómo proceder'', dice. El secretario provincial de SATSE afirma que existe un protocolo en el Servicio Canario de Salud (SCS), pero considera que es ''ineficaz''. ''A los datos me remito'', apostilla.
Frente a este aumento de la violencia contra los sanitarios, SATSE pide que se tomen medidas urgentes como el aumento del personal de seguridad, especialmente en los servicios con mayor exposición como las urgencias y los centros de Atención Primaria. También piden que se apliquen sistemas de alerta y protocolos eficaces.
El sindicato pide también una ''aplicación rigurosa de sanciones frente a los agresores'', así como que se ofrezca respaldo jurídico a los profesionales que sufran este tipo de agresiones en su lugar de trabajo. ''El respeto, la seguridad y la dignidad de las enfermeras y enfermeros deben ser una prioridad para la administración'', concluyen.
David insiste en que, ''para que una sociedad funcione, hay que rebajar el nivel de violencia''. ''Si no se baja, hay que tener herramientas para hacer entender a la gente que este no es el camino. El personal lo forman personas, no robots. Nos podemos equivocar, pero acertamos muchas veces, y es muy importante para nosotros el feedback que recibimos de los pacientes'', insiste.
''Mi hija tiene seis años, es mulata, y muchas veces juega a ser enfermera o doctora. Muchas veces dice que se quiere dedicar a esto porque le gusta cuidar a la gente, pero si el día de mañana mi hija va a sufrir una agresión por ser mulata o por ser mujer, o por las dos cosas, y que quede impune, le diré que busque otra cosa, y eso es muy triste. Es penoso'', concluye.