30 de mayo, Día de Canarias

Reivindicar el español de Canarias porque es ''identidad'' y ''tan válido como cualquier otro'': ''Lo demás son prejuicios''

Zebensui Rodríguez Álvarez, profesor de Secundaria y miembro colaborador de la Academia Canaria de la Lengua.

Natalia G. Vargas

Arrecife —

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Mucha gente fuera de Canarias ya sabe lo que es un baifo o la panza de burro, que en el español de las islas no se pronuncia la ‘z’ y que en el archipiélago se usa el “chacho” para llamar la atención de alguien. Poco a poco, la población canaria se ha desprendido del complejo impuesto y reivindica las particularidades de su forma de hablar. Sin embargo, aún hay un reto pendiente dentro y fuera de las fronteras de las islas: romper con la idea falsa de que existe una modalidad de habla mejor que otra desde el punto de vista lingüístico, académico y comunicativo. 

“No existen razones filológicas para pensar que el español de Canarias es inferior a otras modalidades de habla. Todos los adjetivos que le podamos poner a partir de ahí a las lenguas corresponderán a prejuicios y cuestiones de tipo social”, explica Zebensui Rodríguez Álvarez, filólogo y miembro colaborador de la Academia Canaria de la Lengua.  

La reivindicación del español de Canarias no es nueva, y se remonta al año 1978, con la aprobación de la Constitución Española y el desarrollo de las identidades regionales o autonómicas, explica Rodríguez. Lo que sí es reciente es la forma en la que se lleva a cabo la reivindicación. “Hemos aprendido que el español de Canarias se puede usar en contextos formales y de prestigio, y no solo coloquiales y de humor”, asevera. “Lo estamos viendo, por ejemplo, con cantantes que no renuncian a su modalidad de habla, sino que incluso la exhiben de manera consciente en contextos que no son los de la informalidad”, apunta. 

Rodríguez, que también es docente, cuenta a esta redacción que hasta hace unos años, cuando se quería enseñar en las aulas las características del español de Canarias, se recurría a humoristas que muchas veces hacían caricaturas de los hablantes canarios. “Eso trasladaba la idea de manera más o menos implícita de que el canario era un español legítimo y válido solo para contextos informales, coloquiales y de cercanía”, recuerda. Ahora, por el contrario, gracias también al arte y a la literatura, se transmite algo “lógico”: la modalidad de habla canaria es tan válida para contextos coloquiales como formales.

“Cuando hablamos de reivindicar nos limitamos siempre a una parte afectiva, al hecho de que lo tienes que usar porque es lo tuyo, porque es lo nuestro. Eso está muy bien, pero hay una segunda cuestión que no siempre ponemos sobre la mesa: no es solo una cuestión de identidad, sino también de filología. No existen razones filológicas para pensar que una modalidad de habla es mejor que otra”, concreta Rodríguez.

Todos somos hablantes dialectales

Para ello, el profesor de Secundaria apunta que es clave tener claro que “todos los hablantes somos hablantes dialectales”. “Es tan dialectal un hablante madrileño, o de Zaragoza, o de Zamora, como un hablante canario”, subraya. Entender esto, insiste, permitiría romper con una idea tan falsa como extendida, que es “que hay una lengua española que se habla, no me preguntes dónde, de manera pura y prístina, y que el resto somos unos desviados de esa norma que hablamos una desvirtuación de ese español auténtico”. 

“Otra cosa es que después tengamos creencias y actitudes hacia determinadas modalidades de habla y que consideremos que esas son las prestigiosas, pero no hay nada en el sistema lingüístico que nos lleve a decir que una es mejor que otra”, asevera. 

Rodríguez explica que en algunas profesiones piden a los trabajadores usar lo que llaman “español neutro”. Es el caso de periodistas o de actores y actrices que incluso reciben cursos para cambiar su acento. “Por definición, debería ser un español que no se sabe de dónde es”, apunta. Sin embargo, cuando miramos sus características, el español neutro se asimila al que se habla en el centro septentrional de la Península. “Lo que hace es imponer como norma de prestigio un español particular”, critica.

“Es un sinsentido. Si el argumento es hacerlo comprensible, no causa ningún problema de incomprensión el que se use la ‘s’ y no la ‘z’. Si es por llegar a más gente, de los 535 millones de hablantes nativos que tiene el español, apenas unos 40 millones distinguen la ‘z’. No llega ni a uno de cada diez hablantes del español”, rebate. 

Los matices de los canarismos 

Muchas palabras canarias no tienen equivalentes en otros lugares. Es el caso de tabaiba o verol, plantas exclusivas del territorio, pero también de la palabra jable, que no puede sustituirse por arena, porque es un tipo concreto de arena compuesta por conchas marinas y otros restos. “A mí me gusta poner el ejemplo de debruzar o dibruzar, que significa apoyarse con los dos brazos cruzados sobre una ventana. No existe una palabra equivalente en el español de otras comunidades que tenga el mismo significado”, apunta Rodríguez. Para él, perder un canarismo como debruzar o dibruzar significa también perder un matiz de significado, una manera de ver y de nombrar la realidad. 

Para que las palabras no desaparezcan con el paso del tiempo, el profesor reivindica la importancia de enseñar en las aulas la lengua española “desde Canarias”. “Se comete un error cuando los contenidos canarios se enseñan a final de curso o cuando viene el día de Canarias”, indica el profesor. “De alguna manera le estás diciendo al alumno que de septiembre hasta mayo ”te he enseñado lo de verdad“, y que en mayo, como es el mes de Canarias, nos vestimos con el traje típico, nos echamos un buche de Clipper, amasamos una pella de gofio y ponemos canarismos en la pizarra. Los contenidos canarios tienen que estar integrados en el currículo”, insiste.

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