Vale que salvaron a los europeos (y a muchos africanos y asiáticos) del pretendido imperialismo germánico, austrohúngaro y otomano en la I Guerra Mundial con su participación clave desde abril de 1917. Vale, por supuesto, que repitieron proeza en la II GM, aunque esta vez también en defensa propia tras ser atacados por Japón en diciembre de 1941; valen muchas situaciones posteriores (con sus respectivas contralecturas y atrocidades), pero lo que ya resulta más discutible es el proselitismo estadounidense o pro yankee que tanto gusta a algunos por estos lares que quieren ser más del Tío Sam que sus propios sobrinos nacidos en la autoproclamada Tierra Amada por Dios (soflama nacionalista, religiosa y de destino existencial con la que compite con Israel, por cierto: nada raro…).
Un buen ejemplo de esa tendencia al baboseo con el imperio es lo que, a pequeñísima escala (evidentemente) y para muchos seguramente sin ningún tipo de interés público (como mera anécdota retorcidamente interpretada en estas líneas), ocurre desde hace años durante los fines de semana en el muelle de Puerto de la Cruz, la ciudad motor turístico del norte de Tenerife. Pasa desde hace ya años y con todo tipo de gobiernos locales. Ocurrió en la última etapa del PP y CC (de 2015 a 2019), con PSOE y ACP (de 2019 a 2024) o, ahora, con la coalición que junta a la derecha españolista y canaria con la supuesta izquierda “auténtica y únicamente” de izquierdas –se supone que antiimperialista- para formar PP-ACP-CC tras la última censura. En todo este tiempo, el propietario de un jeep militar descapotable y supuestamente de la II Guerra Mundial hace exhibicionismo del poderío estadounidense y su peso clave en ese conflicto. Lo hace en una parte del adoquinado en frente de la playa del muelle en la que no se puede aparcar, salvo para abastecer a los comercios, bares y restaurantes de la zona, por lo que se necesita un permiso especial. Y lo hace para disfrute de muchos e indignación de no pocos.
Consultado por este periódico, un policía local indicó que dicho vehículo cuenta con esa licencia específica para aparcar en esta zona tan neurálgica, aunque el jeep nunca muestra dicha tarjeta. El actual gobierno local, a las preguntas de Canarias Ahora sobre este asunto, ha pedido a este periódico que solicite la información “por escrito y por registro”.
Una imagen que impacta en plena efervescencia imperialista
Sin embargo, y más allá de si cuenta o no con esa autorización, lo cierto es que hay gente que cuestiona a fondo que se le pueda otorgar para una exhibición así. Y lo cuestionan desde hace años, aunque la actual presencia de un vehículo que tributa homenaje al ejército de EEUU por, se supone, su aportación a la democracia y la libertad en la década de los 40 del siglo XX cobra un significado bien distinto en estos tiempos del nuevo césar que se autoproclama presidente de Venezuela tras dar un golpe de Estado y secuestrar a su presidente (por muy ilícito que fuera y por mucho que robara las elecciones, que las robó y que sí, que es un dictador, como tantos en el resto del planeta).
Un magnate y autócrata que amenaza a sus propios socios europeos y de la OTAN con Groenlandia, a la que quiere robar “por las buenas o por las malas”, o que hace temblar a México, Colombia o Cuba (sí, otra dictadura oxidada y asfixiante, pero sin petróleo) a su antojo y con diversos pretextos. O que bombardea el régimen de Irán (tropas no enviará por tierra) o propicia con su gran aliado Netanyahu el genocidio israelí en Palestina no sólo desde octubre de 2023, sino de décadas previas (él y otros presidentes yankees, por supuesto).
Pues bien, en este contexto mundial, con un “dictador” que bombardea países como Venezuela saltándose su propia Constitución, al no aprobarlo el Congreso; que distribuye la guardia antimigración para cometer asesinatos atroces como el reciente de la poeta de 37 años y tres hijos o que moviliza a la Guardia Nacional contra los gobernadores demócratas que le dicen “no”, con este “emperador” que quiere acaparar el petróleo mundial (por las petroleras que le rinden pleitesía o por sus propios negocios) y desprecia a fondo a la UE y su bendito Estado del Bienestar (viendo el resto del planeta) salvo a aquellos partidos ultraderechistas y ultranacionalistas como Vox y toda su familia (si bien Le Pen se le ha opuesto con contundencia respecto a su golpe en Caracas –ay, Santi, ay Feijóo-), con todo este contexto de fondo y superficie, un particular lleva los fines de semana un jeep militar con la palabra USA bien marcada a uno de los rincones turísticos más importantes de Tenerife. Y lo hace, por supuesto, orgulloso y sintiéndose respaldado.
Sí, es cierto que también se exhiben en ese mismo punto otros coches carnavalescos, como uno que imita al protagonista de Cars (Rayo McQueen), el destartalado y legendario vehículo de los Cazafantasmas, el rosa de Barbie y otros, aunque con mucha menos frecuencia. También es cierto que los turistas y muchos residentes los fotografían y se inmortalizan junto a estas imitaciones y el jeep (que se supone que es auténtico), pero los motivos para rechazar una muestra así de exhibicionismo militarista en pro de la gran potencia que ahora quiere subyugar el mundo a voluntad de un césar desbocado resultan más poderosos que nunca, se ponga como se ponga su dueño y sus aduladores dominicales.