Tenerife recupera el 'No a la guerra' con una concentración en La Laguna contra los crímenes de Trump y Netanyahu y a favor de Palestina

Álvaro Morales

La Laguna —
14 de marzo de 2026 16:45 h

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Está claro que no es lo mismo protestar contra una guerra ilegal en la que participa tu país o Estado pese a que el 90% de la sociedad la rechazase, como ocurrió en España en 2003, que hacerlo cuando el presidente del Gobierno que te representa institucionalmente lo quieras o no se ha convertido en el principal valedor mundial de la paz y la legalidad internacional, casi en el Robin Hood que queda de la izquierda planetaria, aunque sea socialdemócrata. Encima, enfrentándose al pretendido (y de facto, dada la reacción de la mayoría) emperador intocable, al que le susurra otro asesino al oído hasta el punto de poner en duda quién dirige a la primera potencia militar y bélica, “que no es lo mismo, pero es igual”, que diría Silvio Rodríguez. 

Ayer, junto a la siempre referente torre de La Concepción, en el corazón de La Laguna, unas 200 personas recuperaron el grito de No a la guerra que tronó hace 23 años y que tuvo el trágico colofón del atentado en Madrid del 11M de 2004, con el que el Gobierno de Aznar intentó un golpe de Estado informativo a escala mundial (ONU incluida)-para flipe e incomprensión absoluta del propio George Bush júnior-, intento por suerte abortado en las urnas el día 14 y en una sentencia más que contundente pese a tantos “peones negros” aún sueltos con sus teorías de la conspiración más propias de tratamiento psiquiátrico.

Fue solo un aviso, un pellizco, un grito claro contra las atrocidades belicistas, pero, por momentos, La Laguna y, por ende, unos pequeños metros cuadrados de Tenerife recuperaron ayer el espíritu pacifista y contestatario en un mundo que parece rendido a los caprichos de un loco naranjito en una casa blanca, no precisamente de blanco paz. Con diversas asociaciones organizadoras, allí hubo representantes de UGT, Intersindical Canaria, PSOE y otros partidos y entidades con pancartas que volvieron a recuperar el No a la guerra y que, junto a las recalcadas consignas, ni se olvidaron de Gaza, ni de exigir la liberación de Palestina ni de que el Tribunal Penal Internacional (TPI) tenga algo de sentido histórico y, aunque es verdad que ha juzgado a criminales de guerra, ponga el foco por fin en un tal Trump y haga fructificar también su orden de detención de otro criminal, que responde al nombre de Netanyahu.

Entre los asistentes, y aunque llegó al final, estuvo el alcalde de Aguere, Luis Yeray Gutiérrez, y también la secretaria de Organización del PSOE canario y diputada regional, Nira Fierro, quien portaba una chapa típica del No a la guerra con ese negro y rojo tan aparentemente anarquista que, sin embargo, destila un verdadero blanco de paz. Parecía nueva, pero, quizás, simplemente la desempolvó de 2003 o se la dejó alguien que la exhibió orgulloso y reivindicativo entonces. También acudió la actual secretaria insular, la portuense Tamara Raya, quien apunta a candidata al Cabildo salvo sorpresa.

Pancartas, gritos, consignas y cánticos       

Entre los gritos, se repitió mucho el Palestina, libre, aderezado luego con otros como Cada pueblo, cada plaza, todos somos Gaza o con cánticos de Hay que parar, hay que parar, hay que parar a Donald Trump. Por supuesto, el No a la guerra mandaba en muchos momentos y también en diversas pancartas. En principio, se había comentado que la concentración se transformaría en pequeña marcha hasta el ayuntamiento, donde ayer se colgó una enorme pancarta contra esta guerra ilegal (como la de 2003, como casi todas...) en la fachada que da hacia la plaza del Adelantado. Sin embargo, y porque no había permiso, al tratarse sólo de eso, de una concentración, de un pellizco, de un pequeño grito en los adoquines, se diluyó en el mismo lugar, con remate musical.

Eso sí, y como en las 150 protestas similares de ayer en otras tantas ciudades de España, antes hubo intervenciones de representantes, incluso, de asociaciones cristianas, como Justicia y Paz, en las que quedó claro el rechazo a la sinrazón de esta locura asesina. Es más, hasta se dejó caer que muchos votantes e integrantes del PP (seguramente de Vox es más difícil) se oponen a lo que está ocurriendo en Irán, Líbano y buena parte de Oriente Próximo y Medio, aunque no vayan a concentraciones ni griten nada (quizás si acaban yendo a votar otra cosa… quizás). También hubo quien presentó a Netanyahu y Trump como enajenados a encerrar, pero fueron matizados por otros que dejaron claro que, al revés, que saben perfectamente lo que hacen y que demasiado bien le está saliendo todo en muy poco tiempo. Además, no se escondió que, si bien se siente vergüenza por Europa, muchos no pueden disimular su orgullo por cómo está actuando el Gobierno de España y, en especial, el presidente Sánchez. Asimismo, hasta hubo voces de jóvenes que negaron esa pasividad, derechización e indiferencia que se les achaca, para ovación general. 

Fue solo un rato, unos pocos minutos y, seguramente, escasa gente, pero el mensaje dejado ayer en unos metros cuadrados de La Laguna, de Tenerife, está claro y, para la mayoría, sigue la senda buena de la historia, aunque otros se rían con eso de que hay que estar con “los aliados”, los amigos belicistas y asesinos con, quién sabe, citas pendientes en el TPI en plural.