Qué ver en Honfleur: la joya desconocida a las puertas de La Normandía
La desembocadura del Río Sena está marcada por la presencia casi absoluta de la ciudad de Le Havre, considerada como el puerto de París. El río de los parisios (así se llamaba la tribu de galos que vivían en torno a las orillas de las aguas parisinas) desemboca en un gran estuario que está dominado por Le Havre, sus dársenas históricas, sus castillos, sus almacenes portuarios históricos… Casi nadie pone el ojo en la orilla sur del río. Ahí en frente al gran puerto de Francia (históricamente era una de las grandes bases de la Armada francesa) están las casas multicolores de Honfleur, la ciudad de los pintores. Por algo la llamarán así.
Basta con cruzar el río por el Pont de Normandía aunque antes hay que aprovechar la oportunidad de visitar la Reserva Natural del Estuario del Sena, una impresionante red de marismas y campos de dunas que forman uno de los humedales más bonitos de ver de esta zona del país. Cruzas el puente y entras en una de las regiones míticas de la costa atlántica de Francia. Y la ciudad de Honfleur ejerce de puerta de entrada. Una más que digna puerta de entrada.
La ciudad es pequeña y se articula en torno al Vieux-Bassin (Viejo Puerto). Un curioso sistema de exclusas y diques aísla esta gran pileta de la desembocadura del río formando un espejo de aguas mansas en el que puedes ver multitud de viejos barcos de pesca de madera. Rodeando las líneas de amarre se apelotonan casi un centenar de viejas casas de colores ocres y grises que forman el paisaje urbano característico de Honfleur. Algunas muestras las tramas de madera que atestiguan los muchos siglos que han pasado desde que se construyeron. La Lieutenance (quai de la Planchette) es el mejor lugar para poder disfrutar de una visión de conjunto de este espacio. El edificio (siglo XV) formaba parte de las viejas murallas de la ciudad y servía para controlar el acceso al puerto. Hoy es un centro de interpretación sobre el patrimonio local y su terraza es un mirador espectacular.
Este paisaje urbano se hizo famoso en Francia gracias al Impresionismo del siglo XIX. La pequeña Honfleur se jacta de ser una de las cunas de este movimiento artístico de ruptura. No sabemos si esto es así o un eslogan turístico más pero viendo la nómina de grandes pintores que estuvieron aquí dándole al pincel la cosa podría ser algo más que un truco de márquetin: Claude Monet, Eugène Boudin, Camille Corot, Charles Baudelaire, Erik Satie, Alphonse Allais, Raoul Dufy…
Sin salir de este espacio mágico podemos empezar a visitar algunos lugares de interés que ocupan viejas casonas monumentales que se apelotonan en la Rue de la Prisión y los alrededores: el Museo Naval (instalado en la vieja cárcel); el Museo del Viejo Honfleur (un interesante centro dedicado a la etnografía de la zona que ocupa una casa medieval del siglo XV con trama de madera) y la Manoir de Roncheville (Rue Saint-Antoine, 8). Esta casona del siglo XVII fue la residencia de los señores de la villa durante generaciones. En la Rue de la Ville podemos acercarnos hasta Les Greniers à Sel -Graneros de la Sal-, dos enormes depósitos del siglo XVII que servían para almacenar sal y otras mercaderías. La pequeña red de callejas que se retuerce entre este lugar y el viejo puerto está cuajada de viejas casas medievales muy bonitas de ver. A dos pasos de los graneros de la sal puedes ir a ver la Iglesia de Saint Leonard (Pl. Saint-Léonard, sn), un bonito edificio del siglo XV que tiene una de las mejores portadas góticas de toda la región.
La iglesia de madera más antigua de Francia.- Por todos lados la Guerra de los Cien Años. Un vistazo a la historia de la ciudad pone de manifiesto la importancia de este conflicto que enfrentó a Francia e Inglaterra durante los siglos XIV y XV (116 años de hostilidades). La ciudad fue arrasadas hasta los cimientos por su posición estratégica de control del acceso al río (Le Havre se fundó después) y al finalizar la guerra hubo que reconstruirla. Y algunas cosas que se hicieron de manera provisional han perdurado hasta nuestros días. La Iglesia de Santa Catherina (Pl. Sainte-Catherine) se construyó tras la ‘liberación’ de la ciudad de la ocupación inglesa sobre los restos de la anterior. Y como había prisa se hizo de madera para salir del paso. Pero quedó tan bonita que ahí sigue. Santa Catherina se construyó como si fuera un barco al revés y se convirtió en un símbolo de los marineros que habitaban esta zona del burgo. Hoy, el barrio de Santa Catherina concentra el mayor número de casas medievales de los siglos XV y XVI de la ciudad. Y pasear por sus callejas es un alucine (sobre todo Lingots y l’Home de Bois).
Sin salir del barrio nos encontramos con otros dos lugares de interés que merecen mucho la pena. El más cercano es el antiguo Convento de los Agustinos (Rue de l'Homme de Bois), que alberga la sede del Museo Eugène-Boudin. Aquí se custodia una buena parte de la obra pictórica de este nombre mayúsculo del impresionismo francés, pero también cuenta con otras firmas ilustres como las de Claude Monet, Camille Corot, Gustave Courbet o Johan Barthold Jonkind. Más lejos (ya cerca de la ribera del estuario del Sena) está el Viejo Hospital de Honfleur (Pl. Jean de Vienne), un precioso edificio del siglo XVII que ha convertido su preciosa capilla gótica en un pequeño museo sobre la medicina. Desde aquí puedes terminar la visita con un remojón en la Playa du Butin y ver como el Sena desagua en el Atlántico.
La Abadía de Grestain y el Castillo de La Pommeraye (acceso por D-312).- A pocos kilómetros de Honfleur y siguiendo el cauce del Sena nos encontramos con las ruinas de una antigua abadía medieval en un entorno sencillamente espectacular. Vas a flipar con este lugar. Las primeras piedras de Grestain se levantaron en el siglo XI y fue un lugar habitado por monjes hasta la expulsión de 1790, un año después de la Revolución. El lugar tiene una mística impresionante y fue testigo de grandes episodios de la historia compartida entre Francia e Inglaterra: desde la invasión de la isla por parte de Guillermo el Conquistador a las invasiones inglesas de la Guerra de los Cien Años. El edificio está muy bien conservado y presenta partes intactas del siglo XII y, como te decíamos, el entorno es espectacular. Muy cerca puedes adentrarte en el bosque a través de un sendero que recorre las riveras del arroyo de La Vilaine (Pointe de la Roca).
Siguiendo por la carretera D-312 nos encontramos con otra pequeña joya: el Castillo de La Pommeraye. Lamentablemente no se puede entrar a ver toda la finca, pero sólo con ver la entrada merece la pena el paseo (y está a apenas dos minutos en coche de la abadía). Si quieres continuar la excursión por esta zona de la rivera puedes acercarte a la desembocadura del Río Risle donde hay un par de senderos que te acercan a los humedales.
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