Una tumba que no responde al patrón de las sepulturas indígenas, hallada en una necrópolis aborigen de Canarias

Túmulo 8, el más monumental del yacimiento, presenta un doble anillo circular. Aquí se localizó el esqueleto orientado sur-norte y con la manos cruzadas sobre la pelvis.

Luis Socorro

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Los arqueólogos estaban llegando al final de la excavación cuando localizaron un esqueleto en el túmulo 8, la tumba más monumental de la necrópolis indígena de Tenefé, en la costa de Santa Lucía de Tirajana (Gran Canaria). La sorpresa fue notable porque de los nueve cuerpos exhumados en las once tumbas –dos están vacías- es el único orientado con los pies hacia el norte. Además, presenta las manos cruzadas sobre la pelvis, asemejándose a los enterramientos cristianos. ¿Se trata de un europeo? “Es una hipótesis, pero sólo tenemos indicios; las pruebas para responder a esa cuestión las debe aportar la investigación en laboratorio”, afirma Paloma Cuello del Pozo, codirectora de la excavación, financiada por el Gobierno de Canarias.

Este yacimiento empezó a investigarse a principios de este siglo y se han realizado diversas campañas. La última duró un mes y concluyó en diciembre pasado, con la excavación de los cuatro túmulos que faltaban por exhumar. En total, se han localizado nueve individuos, cuyas dataciones oscilan entre finales del siglo XIII y primer tercio del XV, el siglo de la conquista del Archipiélago. Faltan por datar los cuatro esqueletos encontrados en la última intervención, restos que han sido cubiertos para garantizar su conservación, una vez documentados y extraídas algunas muestras para su análisis en laboratorio.

La disposición del esqueleto en el túmulo 8, informa la doctora Cuello a este periódico, “resultó especialmente singular dentro del conjunto funerario, ya que el individuo fue depositado con una orientación sur–norte, invertida respecto al patrón predominante documentado en los otros túmulos del yacimiento”. Las manos, añade la arqueóloga, “aparecen cruzadas sobre la región pélvica [ver la foto bajo este párrafo], una colocación poco habitual en los enterramientos previamente excavados en la necrópolis y que añade un componente diferencial al rito funerario”.

Individuo del túmulo 8, con los brazos cruzados sobre la pelvis y orientado a norte. Los ocho esqueletos exhumados en la necrópolis fueron enterrados con los brazos adosados al tronco y orientados al sur.

En definitiva, concluyen los investigadores, “la combinación de la orientación atípica, la postura del cuerpo y la posición de las extremidades plantea la posibilidad de que este individuo recibiera un tratamiento funerario distinto al documentado en otros túmulos del yacimiento. Aunque es pronto para proponer interpretaciones concluyentes, estos elementos, unidos a la monumentalidad del túmulo, podrían apuntar a diferencias de estatus, procedencia o identidad dentro del grupo, algo que será objeto de análisis en la fase interpretativa posterior”. Al respecto, la Dirección General de Patrimonio Cultural ha señalado a Canarias Ahora-elDiario.es que “una vez tengamos los resultados finales, informaremos de todos los detalles de esta intervención”.

Para determinar la edad y el sexo del difunto es necesario un análisis osteométrico y morfológico, pero es muy probable que se trate de un varón -“por la robustez y longitud de los huesos”- adulto, debido a “los rasgos generales y marcadores dentales”, explica el doctor Gabriel de Santa Ana Aguiar, codirector de la excavación.

Cuerpo amortajado

Para determinar si se trata de un individuo foráneo, los expertos realizarán análisis paleogenéticos y geoquímicos. Paloma Cuello ha aplicado en otros restos humanos el método de isótopos de estroncio, “una herramienta que ayuda a indagar la procedencia, ya que a través de la alimentación los organismos introducimos trazas de la geoquímica local”. Ese individuo, le planteamos a la arqueóloga, podría ser de fuera, pero si llevara mucho tiempo en la Isla es probable que su alimentación fuera similar a la de los nativos. “Para eso se aplica la geoquímica: hay un isótopo, por ejemplo, que es único de las islas volcánicas”. Con todo, añade Cuello, “es un proceso muy laborioso, en el que estudiamos restos óseos y piezas dentales”, que detallarán en el artículo científico que se publicará cuando concluyan los análisis de laboratorio.

De lo que no hay duda es del tratamiento funerario diferenciado del cadáver del túmulo 8 respecto a los otros exhumados. Este túmulo “es el más monumental del yacimiento, con una tipología diferente a las otras tumbas”. El cuerpo fue enterrado a medio metro de profundidad, próximo -como se ve en una de las imágenes que ilustran este reportaje- al perímetro de piedras, dejando un espacio libre de 60 centímetros entre el difunto y el anillo lítico. 

Aunque no se han encontrado restos textiles y/o vegetales, los arqueólogos consideran que este cuerpo, al igual que otros del mismo cementerio indígena, fue amortajado. La alta salinidad de los sedimentados de los sepulcros dificulta su análisis químico, “porque es probable que haya degradado posibles restos de las mortajas”. Se han realizado estudios químicos de sedimentos de excavaciones anteriores y no han arrojado luz sobre el material de las mortajas.

El análisis preliminar de la posición corporal sugiere, explica Paloma Cuello, “el empleo de mortaja, deducido a partir de la estrechez global del paquete óseo y, en particular, de la disposición constreñida de las extremidades”, rasgos compatibles con un cuerpo envuelto en un fardo mortuorio, que también se observan en “la mayoría de individuos enterrados en la necrópolis”. Al igual que en otras estructuras excavadas, añade la arqueóloga, “los pies se localizaron encajados en el perfil, por debajo del anillo de piedras y nuevamente en posición elevada y forzada – lo que refuerza la interpretación de un amortajamiento ajustado”.

La arqueóloga Paloma Cuello, en el interior del túmulo 8. A la derecha se aprecia el cráneo del difunto.

El estudio de este yacimiento funerario, como adelantara este periódico en enero de 2025 va más allá de la bioarqueología que indaga el depósito funerario y de otras disciplinas asociadas a la arqueología. Esta investigación permitirá profundizar en la categorización de las tumbas indígenas. Hasta hace relativamente poco tiempo se consideraba a la necrópolis de Tenefé como un yacimiento de cistas y fosas –la diferencia entre estos tipos de enterramiento es el perímetro de piedras de las cistas, que se colocan en el contorno de la fosa a modo de cajón funerario-. Para los arqueólogos, “algunas sepulturas de Tenefé son tumulares, pero aún no estamos en condiciones de afirmar de que se trate de una necrópolis exclusivamente tumular”.

La necrópolis de Tenefé se encuentra en el sur de Gran Canaria, muy cerca del campo de regatas de Pozo Izquierdo, uno de los escenarios del mundial de windsurfing. Se trata de un yacimiento de la época de contacto entre los primeros colonos de las Islas y los europeos. El pequeño cementerio es de carácter tumular y está bien documentado; su primera intervención arqueológica se remonta a 2002. 

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