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Las opciones chinas de Volkswagen para suavizar el recorte de 100.000 empleos

Producción en la fábrica de Volkswagen de Hefei (China)

Toni Fuentes

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Volkswagen busca fórmulas para reducir el impacto social de la mayor reestructuración de su historia, que supone ampliar hasta 100.000 los recortes de empleo en todo el mundo y el cierre de hasta cuatro fábricas en Alemania. El consejero delegado de Volkswagen, Oliver Blume, tiene sobre la mesa varias opciones alternativas vinculadas con China. Se trata de la repatriación en Alemania de modelos fabricados en el país asiático y compartir plantas alemanas con fabricantes chinos en expansión en Europa.

El ministro presidente de Baja Sajonia, Olaf Lies, rechazó frontalmente que el cierre de fábricas sea la solución a los problemas del fabricante alemán. “El futuro de Volkswagen no se asegurará centrando la atención en el cierre constante de más plantas o en programas de recorte de personal cada vez mayores”, afirmó en un comunicado conjunto con la viceprimera ministra del estado, Julia Willie Hamburg.

Ambos dirigentes dejaron claro que el estado utilizará su peso accionarial para frenar cualquier decisión que implique clausurar instalaciones productivas. “Baja Sajonia no aceptará ninguna medida que considere el cierre de plantas como una supuesta solución fácil o que ponga en tela de juicio el probado sistema de cogestión”, señalaron.

Repatriar modelos desde China

La propuesta más novedosa de Lies pasa por invertir parcialmente la estrategia seguida por Volkswagen durante las últimas décadas. En lugar de trasladar producción desde Europa hacia China, el dirigente socialdemócrata plantea traer de vuelta parte de esa fabricación para aumentar la utilización de las plantas alemanas. Sin embargo, no evalúa el impacto de los aranceles y los costes logísticos de vender coches europeos en China.

“Si fabricáramos aquí los vehículos que actualmente producimos en China, podríamos estabilizar la utilización de la capacidad de nuestras plantas”, defendió en una entrevista con la agencia DPA. Según explicó, esa decisión permitiría no solo mantener el empleo, sino también reforzar las actividades de desarrollo e innovación en Alemania.

La iniciativa cobra especial relevancia porque Baja Sajonia alberga la sede mundial del grupo y cinco de las seis grandes plantas de ensamblaje de Volkswagen en el oeste del país, lo que convierte al gobierno regional en uno de los principales interesados en evitar cierres.

La propuesta de Baja Sajonia choca frontalmente con las últimas decisiones de Oliver Blume. El grupo Volkswagen ha anunciado “su mayor ofensiva de productos hasta la fecha en China y para China” con 20 nuevos modelos electrificados en 2026 y hasta 50 vehículos para 2030. Para llevar a cabo esa estrategia, el grupo alemán se ha aliado con fabricantes chinos como SAIC y Xpeng para lanzar modelos nuevos que incluyen el Unyx o9, Aura T6, Jetta X o Audi E7X que se suman a otros vehículos que ya se fabrican en China e incluso se exportan a Europa, como el Cupra Tavascan y el VW ID.5.

Compartir fábricas con grupos chinos

La otra vía que estudiaba el grupo pasa por aprovechar el creciente interés de fabricantes chinos por producir en Europa. Blume trabaja desde hace meses en distintas fórmulas para reducir costes y mejorar la rentabilidad de instalaciones que hoy funcionan muy por debajo de su capacidad. Entre ellas figura la posibilidad de que compañías chinas fabriquen vehículos en plantas de Volkswagen, aprovechando la infraestructura existente en lugar de construir nuevas factorías. Es lo mismo que ya están haciendo algunas marcas en Europa.

Esta opción ya no encuentra un rechazo frontal por parte del poderoso sindicato alemán IG Metall. La organización considera que cualquier proyecto deberá analizarse “caso por caso”, siempre que complemente la estrategia industrial de Volkswagen y no sustituya inversiones o nuevos modelos previstos por el grupo.

También varios responsables políticos alemanes han mostrado su respaldo a esta posibilidad. El ministro de Economía del estado de Sajonia, Dirk Panter, considera que la planta de Zwickau podría convertirse en candidata para una colaboración con fabricantes chinos. “Es mejor seguir desarrollando la experiencia industrial de Volkswagen en Sajonia y asegurar la producción que librar una batalla perdida y perder la creación de valor”, afirmó. A su juicio, China representa “una oportunidad para Zwickau” en un momento en el que la planta opera por debajo de su capacidad. Precisamente, la factoría de Zwickau es una de las amenazadas de cierre.

El Gobierno regional incluso apunta a que estas colaboraciones podrían apoyarse en las empresas conjuntas que Volkswagen mantiene desde hace décadas en China, especialmente con el fabricante estatal SAIC.

Una reestructuración histórica

Las alternativas llegan en un momento especialmente delicado para el fabricante alemán. Diversas informaciones publicadas en Alemania apuntan a que Volkswagen estudia duplicar el alcance de su programa de ajuste y elevar hasta 100.000 el número de empleos afectados en todo el mundo, frente a los 50.000 puestos inicialmente pactados con los sindicatos alemanes a finales de 2024.

La presión responde al deterioro del negocio en prácticamente todos sus mercados, especialmente en China. La competencia de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos, los aranceles estadounidenses, la debilidad de la demanda europea y el descenso de la rentabilidad han llevado al grupo a revisar en profundidad su estructura de costes. De forma paralela, el equipo de Blume lucha para intentar frenar el desplome del valor de las acciones en la bolsa, que este lunes han agravado la caída acumulada del 32% desde enero.

Uno de los casos más significativos de los apuros del grupo es Porsche, cuya crisis está obligando a replantear incluso la ubicación de algunos modelos. La marca de lujo estudia devolver a Leipzig la producción del SUV Cayenne, actualmente prevista en la planta eslovaca de Bratislava, aunque la operación estaría condicionada a un acuerdo salarial con los trabajadores alemanes para acercar los costes de producción a los del país centroeuropeo.

Las dificultades son especialmente visibles tras el desplome del beneficio operativo de Porsche en 2025 y la fuerte caída de sus ventas en China, uno de sus mercados estratégicos.

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