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Margarita Robles se desmarca de la estrategia de Moncloa y remarca su perfil propio con la crisis de Ceuta

Margarita Robles, este miércoles en Ceuta junto a una vecina de la ciudad autónoma

José Enrique Monrosi / Aitor Riveiro

12 de agosto de 2026 23:21 h

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Al paseo por las calles de Ceuta que Margarita Robles decidió darse este miércoles rodeada de vecinos y de cámaras de televisión no le faltó casi de nada. Primero fueron insultos. “Sois una vergüenza, tu Gobierno y tú”. Después llegaron las lágrimas. “Tengo mucho miedo porque soy viuda y vivo sola”. Y luego algo parecido a un baño de masas en torno a una ministra de Defensa que no desaprovechó la ocasión de volver a marcar perfil propio. “Tranquila, suéltalo todo. Es bueno desahogarse”, le dijo la máxima responsable política de las Fuerzas Armadas a Pepi, una vecina ceutí que denunciaba “el abandono” de su ciudad y que acaparó junto a la ministra la atención de los programas televisivos que daban la escena en directo.

Margarita Robles, que pidió a los responsables militares que se pusieran a disposición de Pepi y que la condujeran hasta la comandancia para que estuviera presente en su comparecencia, redujo considerablemente el tiempo previsto de su reunión con el presidente de la ciudad autónoma para alargar su momento de cercanía con los ceutíes. Y también redujo el de su intervención, en la que apenas aceptó preguntas de la prensa y que centró en volver a trasladar un mensaje nítidamente diferenciado de la línea de prudencia con Marruecos marcada por Moncloa.

“Esto no puede volver a suceder. Ceuta y Melilla no es que sean españolas, es que son españolísimas. Y no se tocan. Quien agrede a Ceuta y Melilla agrede a toda España”, dijo la ministra de Defensa, que ya se salió del guion oficial los primeros días de la crisis para señalar directamente a Marruecos por la entrada de decenas de miles de personas por la frontera.

Ni el discurso ni la puesta en escena de Margarita Robles en Ceuta se parece en nada a lo que hicieron sus colegas del Gobierno que pisaron antes la ciudad autónoma tras la crisis fronteriza. Por allí han pasado el presidente Pedro Sánchez y los ministros de Política Territorial, Interior, Infancia y Exteriores. Todos con un mensaje muy medido, diseñado al detalle en el seno del Ejecutivo para no enturbiar aún más las ya delicadas relaciones de vecindad con Marruecos. Y aunque alguno de ellos sí transitó también por las calles de Ceuta y visitó algunas de las instalaciones clave, no lo hizo rodeado de medios de comunicación ni con la repercusión, por tanto, de la titular de Defensa.

“Es simplemente una cuestión de empatía”, comentan en el equipo de Robles, donde ponen en valor que la respuesta final de la gente que se había acercado a increpar haya sido el agradecimiento a la ministra por su actitud de cercanía y escucha. En la Moncloa, oficialmente, prefieren no criticar ese perfil propio de Margarita Robles, por muy evidente que resulte el choque.

Porque en esta crisis la titular de Defensa ha chocado con el ministro del Interior a cuenta del trabajo previo del CNI sobre el paso de 72.000 personas por la frontera. Ha chocado con el mensaje público del jefe de la diplomacia española, el ministro de Exteriores José Manuel Albares, que en todo momento ha ensalzado “la cooperación” del gobierno marroquí. Y ha chocado incluso con la estrategia política de Moncloa, que decidió que los ministros implicados en la gestión de Ceuta no acudan al Senado a dar explicaciones, como reclama el PP, sino al Congreso de los Diputados a finales de mes. Una instrucción que Robles no ha terminado de encajar del todo.

Los populares, de hecho, confían todavía en doblar el brazo al Gobierno y que la presión obligue a los ministros a comparecer ante el Senado la próxima semana. Y el eslabón más débil que ha encontrado la oposición ha sido Margarita Robles, quien aseguró en una carta remitida al presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, que no podía asistir el 13 de agosto, día de su citación, pero que estaba dispuesta a acudir en otro momento.

Los gabinetes de ambas autoridades se pusieron en contacto para coordinar agendas. Desde el equipo de Rollán aseguran a elDiario.es que en dichas conversaciones informales se ofreció a la ministra de Defensa acudir el 18, el 19 o el 20 de agosto. Siempre antes que la cita prevista en el Congreso. Los dos últimos días no son viables por un viaje de Robles al Líbano.

Aquí difieren las versiones. Desde el entorno de Rollán se asegura que Defensa aceptó el 18, pero no existe constancia documental. El Gobierno niega que en esa conversación se cerrara la fecha de su comparecencia y descarta que ninguno de sus miembros vaya a acudir al Senado antes que al Congreso. En una breve nota a los medios, Moncloa dijo esta semana que sería la propia Margarita Robles quien descartaría acudir al Senado en su comparecencia de este miércoles en Ceuta, pero no lo hizo.

En la primera citación del PP en el Senado, la de Fernando Grande-Marlaska este miércoles ante la Comisión de Interior, el ministro decidió no ir y alegó “circunstancias obvias” para justificar su ausencia, que fue aprovechada por el PP y Vox, en coalición con Junts, para arremeter contra la gestión del Gobierno en Ceuta sin que hubiera réplica alguna.

Desde el PP y Vox han amenazado con emprender “acciones legales” contra los ministros ausentes, algo que depende de la Mesa del Senado, que ya ha abierto en esta legislatura varios conflictos contra el Gobierno y el Congreso. El pasado mes de mayo, el Tribunal Constitucional admitió a trámite una queja porque fue el ministro de Transportes, Óscar Puente, y no el presidente, Pedro Sánchez, quien compareció para dar explicaciones por el accidente de tren de Adamuz.

“A ver qué pasa la semana que viene”, aseguraron este miércoles dirigentes del PP en el Senado, sin descartar que el Gobierno finalmente mande a alguno de sus ministros a responder a las preguntas de los senadores. Las mismas fuentes reconocen que los ministros “no deciden” si comparecen o no. Eso sí, admitieron, “deciden el cuándo”.

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