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Causas del fracaso escolar

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Sigue el Gobierno con el empeño de aplastar a los profesores como colectivo para que dejen de darle la lata. En este sentido, recuerden la torpe maniobra de la consejera Milagros Luis Brito para enfrentarlos con los padres de alumnos en medio de un conflicto; y no olviden la brutalidad de Soria cuando proclamó que los funcionarios de baja médica se iban a pasear por Las Canteras. El enfoque del problema sorprende algo en la consejera, a la que se le supone conocimiento del gremio; no en Soria, que sólo largó otra de sus animaladas habituales. Pero resulta evidente que los dos comparten la idea de mantener en la picota a los profesores.

El intento de Luis Brito de movilizar a los padres contra los profesores hay que entenderlo en términos de politiquería pobre. Ella no puede ignorar la falta de autoridad de los profesores ante los comportamientos de alumnos que llegan a las aulas con la carga negativa de la conflictividad social, familiar y personal de su día a día; lo que provoca la desmotivación y el escaso interés en aprender que contaminan a los compañeros en principio mejor dispuestos.

Se trata de una situación con la que nada pueden los recursos económicos si no se acompañan de políticas en otros frentes que alivien las tensiones sociales que están en la raíz del problema. A mi entender, no es atinado hacer a los docentes chivos expiatorios de lo que no es sino el reflejo en el aula de una sociedad degradada, con índices crecientes de marginalidad y pobreza, de rupturas familiares, de precariedad laboral y paro, de falta de incentivos y de pérdida generalizada de valores. La escuela es la primera detectar este tipo de fenómenos al punto de ser buen referente del éxito o el fracaso del conjunto de las políticas sociales de los gobiernos. Ahí es donde le duele a a CC-PP.

Si damos por buena la afirmación de Paulino de que no se escatiman recursos económicos, hemos de convenir que su fe absoluta en la fuerza del dinero se traduce en una incapacidad autocrítica que le lleva a no concebir otros culpables que los profesores porque el Gobierno cumple con poner los cuartos sobre la mesa. Pero no es casual que el alto índice de fracaso escolar se corresponda al bajísimo en materia de Desarrollo Social, Económico y Cultural, conceptos que a esta gente le suena a chino.

La pérdida de autoestima del profesorado impotente la agrava el machaqueo de las autoridades educativas. Los cuadros depresivos y las bajas médicas son el inevitable correlato. Quienes optaron por la enseñanza cayeron en una trampa. El brutal comentario de Soria al que aludí antes exteriorizó, sí, la insensibilidad absoluta de semejante individuo, pero también puso de manifiesto, insisto, la actitud del Gobierno al señalar con el dedo a los docentes.

No otra cosa exteriorizó la consejera al afirmar que el "tratamiento" soriásico (vigilancia de Las Canteras incluida, supongo) ha reducido el número de bajas. No descarto la existencia de picaresca, pero debió explicar que la disminución también obedece a invitaciones más o menos expresas a los afectados de solicitar la baja permanente y abandonar su profesión; lo que obliga a más de uno a acudir a clase arrastrándose. Sin olvidar la práctica de acortar los días de baja admisibles administrativamente para ahorrar en profesores sustitutos a costa de la pérdida de horas lectivas.

Habría mucho que decir del grave deterioro profesional y personal del profesorado. Pero sólo pretendo hacer ver que las causas del fracaso escolar son resultado del fracaso general del Gobierno en otros ámbitos de la política social que cataliza la escuela. En ese contexto, la cuota de responsabilidad del profesorado no es la mayor, precisamente.

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