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Hay alternativa: la izquierda verde canaria

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Pero frente a tal creencia no son pocos los ciudadanos que en Canarias hemos demandado insistentemente la creación de otras alternativas políticas. Esta ha sido sin duda una demanda cifrada en la idea de la necesaria confluencia electoral de las izquierdas canarias. Tanto la deriva hacia la derecha de Nueva Canarias -ya anunciada con sus pactos con el PIL y ahora consolidada con su colación electoral con CC- cuanto los personalismos, sectarismos y partidismos en diversa medida rampantes en las izquierdas minoritarias habían impedido tal confluencia. Es más, hacían presagiar que la deseable ?al menos por mi parte- alianza electoral de las izquierdas canarias era un pío deseo. Sin embargo, esa negativa tendencia se ha roto en lo que respecta a las elecciones generales del próximo domingo. En ella la ciudadanía canaria tiene una alternativa de izquierdas ante la que, por mi parte, no puedo menos que tomar partido y apoyar. Se trata del proyecto de lo que en la provincia de Santa Cruz de Tenerife se ha denominado «la izquierda verde canaria» y en la de Las Palmas «la izquierda roja y verde». Ésta nueva opción electoral por tanto tiene una articulación diferente en cada una de las dos provincias canarias, lo cual refleja, a mi modo de ver, tanto alguna de sus insuficiencias cuanto las notables dificultades que históricamente han tenido este tipo de proyectos entre la izquierda. De hecho, una mirada hacia las fuerzas políticas que la componen muestra que está compuesta, con la excepción de Sí se puede, por diferentes organizaciones. Así, mientras en la provincia de Santa Cruz de Tenerife está formada por Si se puede, Socialistas por Tenerife y Equo (además de otros partidos como el Partido de los Empleados y Servicios Públicos y el Partido Humanista y otras organizaciones de ámbito municipal como Iniciativa por El Rosario-Verdes, Vecinos por el Puerto, Ciudadanos por Arona y Somos Icodenses) en la provincia de Las Palmas está constituida por Canarias por la Izquierda-Si se puede e Izquierda Unida.

Es cierto que el proyecto de la izquierda alternativa canaria está aún por consolidar. De hecho, es lógico que así sea pues acaba de nacer. Es igualmente cierto que está aún incompleto dado que no ha logrado una única expresión electoral en toda Canarias y que los grados de confluencia son diferentes en cada provincia. Pero no menos cierto es que, tanto en la provincia occidental como en la oriental, los acuerdos alcanzados representan un importante avance en el proceso de alianzas entre las izquierdas canarias. Y esto, para el presente y para el futuro, es en mi opinión lo realmente importante, pues se trata de un importante esfuerzo por lograr que una opinión y voluntad política de los canarios ?hasta ahora dividida y al mismo tiempo infrarrepresentada a causa de un sistema electoral tan injusto como poco representativo- pueda estar presente en las instituciones.

Dado el carácter de las elecciones del próximo domingo, la pretensión de la izquierda verde canaria es trasladar al Parlamento español otra voz canaria, esto es, la opinión de un importante número de ciudadanos canarios que si, por una parte, se muestran críticos o desengañados con el PP, el PSOE y CC y sus políticas, por otra, consideran que es preciso otro modo de hacer política y otras políticas. Una lectura atenta de su programa electoral muestra que, al menos como yo lo entiendo, esta nueva opción política sostiene un proyecto «multicolor» con el que no puedo menos que estar de acuerdo pues defiende, por un lado, una orientación de izquierdas o roja, preocupada tanto por la lucha contra la desigualdad y el paro que sufre el pueblo canario como por la preservación y extensión del Estado de bienestar y los derechos económicos, sociales y culturales; por otro, una perspectiva ecologista o verde que vuelve su mirada hacia la protección del medioambiente, alarmada ante las terribles consecuencias que para Canarias ha tenido un modelo económico basado en el desarrollismo desenfrenado, en el binomio turismo-construcción y su depredación del territorio; por otro, un enfoque canario y pacifista, centrado en la necesidad de ofrecer ?desde Canarias y para Canarias- respuestas propias y diferenciadas a nuestra específica realidad social, política, económica y cultural a partir de la imperiosa necesidad de alcanzar mayores cotas de soberanía alimentaria, energética, cultural y política, así como de constituir a Canarias en territorio de paz y neutralidad; y, por último, una orientación democrática y participativa que apuesta por una profunda reforma del sistema electoral canario y español, así como ofrecer renovados cauces de participación política de la ciudadanía.

Es posible que estas opciones de la izquierda alternativa canaria obtengan alguna representación política en el Parlamento español. De hecho parece que, al menos en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, esa posibilidad no es tan remota. Si ello ocurriera sería un dato histórico, pues si bien ya se logró antes en la provincia de Las Palmas ?recuérdese la elección de Fernando Sagaseta por UPC- nunca antes ha ocurrido en la de Santa Cruz de Tenerife. Pero, sea como sea, tan importante como la obtención de representación en el Parlamento estatal es que esa opinión y voluntad ciudadana logre una articulación política, que la naciente alianza entre las izquierdas canarias tenga continuidad y se consolide. No son pocas las dificultades internas y externas, pero esperemos -al menos ese es mi deseo- que las esperanzas depositadas en este proyecto no caigan en saco roto.

*Roberto Rodríguez Guerra es profesor de Folosofía Moral y Política de la Universidad de La Laguna

Roberto Rodríguez Guerra*

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