Equipo ascendido sobre fondo gris
Las resacas de los ascensos tienen estas vueltas a la realidad deprimentes, un partido del Tenerife fuera de tono y lejos de la aplicación que lo llevó hasta el éxito una semana antes. Liberado antes de la ansiedad y este sábado de la obligación de competir, acabó por perder de mala manera —retratado un fondo de armario que explica su poco uso—, solo disculpado el penalti y un posible empateque le escamoteó el árbitro muriendo el choque.
Más allá de lo de este Morales Moreno —otra muestra de que la generalidad de los jueces hace causa con el nivel de la categoría—, el Tenerife anduvo más desbrochado que atento, más largo que junto y más blando que letal en los remates, no más que la finalización brillante con la que César puso las tablas, un arranque de genio elogiable del que participó lo justo Fran Sabina. Y nada más.
Cervera ya había anunciado cambios en un once más que inhabitual. Entre las bajas conocidas, los descansos merecidos y las oportunidades pendientes, le salió un once amañado —incluso para rascar frente a un rival tan digno como limitado— que respondió de aquella manera a una tarea con nada de reto y todo de obligación ineludible.
Y así le lució la faena colectiva, entre las dudas de estos y la impericia de aquellos. Y el puntito justo de fatalidad que tienen estos encuentros para los porteros imberbes. Como ese De Vuyst que firmó en verano la pequeña gloria de resolver una tanda de penaltis en el clásico del Trofeo Teide, hoy penado muy pronto con el centro de Mounir que se envenenó lo justo, desviado por César para que al chico se le hiciera un mundo corregirse a tiempo de evitar el 1-0.
Luego tuvo un par de acciones con manos de mérito —inabordable el 2-1, cuando la desconexión general lo dejó vendido ante el remate de Olmedo—, pero de fondo queda un runrún molesto porque bloquea peor que responde de reflejos en los tiros a bocajarro. En justicia, el Tenerife no cayó este sábado por su portero y fue la derrota consecuencia de una modorra general de la que De Vuyst solo fue espectador.
De menos a más antes del descanso —e igual luego de la pausa hasta lo de Olmedo—, el equipo de Cervera arrancó contemplativo y cuando sus actores secundarios tomaron el rol protagónico pasó lo esperable, entre lo poco en juego, la falta de hábito y las carencias conocidas.
El técnico dio las bandas a Cris Montes y Jeremy con los efectos previsibles. Al uno le puede la querencia de jugar hacia los medios y no le asoma la verticalidad. Le reta a un regate su par, la esconde, la devuelve y vuelta a empezar. Lo de Jeremy tiene, al menos, el punto de vértigo del jugador al que le nace una conducción y la voluntad de ganar metros con el balón al pie.
Arriba, una pareja más decidida a ser protagonista. A Maikel Mesa le cayó una mano de remates blandos, sin el veneno que desprende cuando entra como remedio de urgencia, que confirman que cuando más partido tiene menos letal se vuelve. Qué paradoja: de lo poco le cae un gol y de lo mucho se atraganta.
Unos pasos por delante, Fran Sabina se reafirmó en los detalles vistosos —una volea de espuela que batió al portero y que, ya bajo el palo, solo evitó que fuera gol un defensa— y en el acierto en el temple para devolver la pared a César con la que el lateral obró el empate, una recuperación en campo propio para conducir la vuelta en ventaja cerrada con un tiro con el que engañó a Marco.
Cervera también dio galones a Ulloa para que jugara asociado con Juanjo, pero en la primera mitad le quitaron el balón y la iniciativa. Y en el ratito de la segunda en la que el Tenerife iba camino de la redención lo fue con él de actor principal, justo hasta que cayó el 2-1 y entre el árbitro y Unionistas roló el partido a que nada pasara, como fue.
Andado un tercio tras el descanso, se añadieron al escenario, de golpe, Chapela y Gastón Vallés (medio punta y ariete) y Noel López, tirado a su banda natural, en una confirmación de que el problema del equipo era grupal. Vallés fue encadenando faltas, Noel no ganó una mala arrancada por su flanco y Chapela… Chapela duele a la vista con que se conozca una mijita de lo hecho como cadista.
Con tres por encima del 90, al rescate de Unionistas acudió de últimas el árbitro, con un penalti sobre el mismo Chapela —tan ingenuo como evidente— que se comió dos veces sin indigestión aparente. Antes en vivo y luego en una revisión de planos claros y cercanos, la decisión de Morales Moreno evitó un posible empate y cambió de rumbo el cabreo.
(2) Unionistas: Marco; Olmedo, Murria, Faru, Aleix Gorjón, Mounir; Jota López (Masllorens, 88’), De la Nava (Juanma, 88’), Juanje; Aarón Piñán (Chibozo, 67’) y Álvaro Gómez.
(1) CD Tenerife: De Vuyst; César, Antal, José León, David; Cris Montes (Noel López, 65’), Juanjo, Ulloa (Aitor Sanz, 78’), Jeremy Jorge (Baldé, 78’); Maikel Mesa (Iván Chapela, 65’) y Fran Sabina (Gastón Vallés, 65’).
Goles: 1-0 (8’): Mounir. 1-1 (42’): César. 2-1 (63’): Olmedo.
Árbitro: Pablo Morales Moreno (comité andaluz). Amonestó a Calderón (56’); y a los visitantes Gastón Vallés (68’), Ulloa (71’) y Chapela (80).
Incidencias: Partido de la 35.ª jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Estadio Municipal Reina Sofía, ante 3.847 espectadores, de los que unos 300 eran seguidores del CD Tenerife.