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Ramon Marrades

Economista urbano (licenciado en la Universidad de Valencia y MSc por la Universidad de Utrecht) y emprendedor social. Es investigador en Econcult, la Unidad de Investigacion en Economía de la Cultura de la Universidad de Valencia, y miembro fundador de la plataforma internacional de jóvenes urbanistas Urbego. Ha recibido una mención honrífica en el International Young Planning Professional Award (2012) y el Premio Jóvenes Emprendedores Sociales de la Universidad Europea por el proyecto Cien Pies (2013). Su trabajo, que le ha llevado a una decena de países, se encuentra en la intersección entre la economía y la planificación urbana en forma de investigación, formación, emprendimiento y consultoría.

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València Vibrant: tornem este divendres

València Vibrant va nàixer fa aproximadament dos anys com un grup obert de professionals units per un diagnòstic comú: el debat a València estava obstruït entre monòlegs encadenats, els d’aquells que pensaven que esta era la millor ciutat del món, sense cap crítica, i aquells sumits en una perenne depressió envoltats de corrupció i balafiament. Malgrat això, València continuava sent una bona ciutat per treballar: oberta, habitable, assequible i ben connectada. València a més començava a descobrir una llarga llista d’oportunitats per aprofitar.

La nostra tasca anà prenent forma fins que el 13 de juny de 2014 reunirem a La Rambleta a 25 persones que mai havien discutit per parlar de València de manera crítica però propositiva, amb 300 professionals i ciutadans disposats a posar les seues idees sobre la taula.

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València, de moment

Un número creixent d’equips, empreses i col·lectius de l’urbanisme en el sentit més ampli afrontem la nostra dedicació professional a peu de carrer i de manera transdisciplinària. Malgrat això, no disposem pràcticament d’espais formals d’intercanvi.

Per això, des de La Ciutat Construïda vam plantejar una jornada de treball a Las Naves, Espai d’Innovació i Creació per mirar-nos a la cara i analitzar de manera crítica la nostra tasca professional en l’entorn que treballem, habitem i transformem: la ciutat de València.

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No lo llaméis urbanismo emergente, llamadlo urbanismo precario

Las razones son múltiples: la eterna crisis, la esclerosis del planeamiento urbano, la reconfiguración del mercado de trabajo, la reacción democrática de la ciudadanía ante unas instituciones disfuncionales. Las ciudades vuelven a ser lo que siempre han sido, el epicentro de las transformaciones políticas y las innovaciones sociales.

Con un fuerte componente generacional, protagonizadas, entre otros, por aquellos ya-no-tan-jóvenes excluidos de los sistemas de toma de decisiones, aparecen iniciativas urbanas que buscan llenar huecos que la administración deja vacíos y mejorar las ciudades con el derecho percibido de hacerlo. Urbanismo táctico, urbanismo punk, urbanismo emergente o urbanismo participativo. Muchas de esas prácticas recuperan el carácter multidisciplinar del urbanismo, olvidado prácticamente desde los años ochenta. Devuelven un rol central al ciudadano, como usuario de la ciudad, para quien la capacidad técnica debe ser un servicio. No es mi intención infravalorar esos procesos, los que escribimos en este blog y los integrantes de nuestras redes de trabajo somos parte activa de ellos, pero me parece importante hacer tres matizaciones.

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Cuando la corrupción es eficiente

Cuentas en Suiza. Cargos a dedo. Sobres. ERES. Tarjetas ‘black’… La lista parece interminable. La corrupción política en España se encuentra hoy en el epicentro de la actualidad. Los barómetros del CIS no dejan lugar a dudas: el fraude y la corrupción se han convertido en uno de los principales problemas para los ciudadanos desde el inicio de la Gran Recesión en 2008. Es natural. Al fin y al cabo, la corrupción es la principal causa del deficiente funcionamiento de nuestras instituciones… ¿acaso no es así? Aun a riesgo de caer en cierta provocación, argumentamos lo contrario. La corrupción puede resultar incluso eficiente.

En primer lugar, debemos diferenciar entre dos tipos de corrupción. Por un lado, existe la ‘corrupción como extracción’ de recursos públicos a través de la privatización de beneficios (robo, desfalcos, cajas ‘b’, retribuciones ilegales, etc.). Se trata, en esencia, de redistribuir de manera directa el dinero de todos hacia los bolsillos de aquellos que controlan el sistema.

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¡Urbanismo punk!

Nunca pensé que Fugazi, una de mis bandas favoritas, tuviese nada que ver con el urbanismo y las políticas públicas. Tampoco había caído hasta ahora en que mis años en un grupo de rock noventero autogestionado, de dedicación casi profesional pero resultados amateurs, hubiesen dejado rastro alguno en la manera de enfocar mi trabajo.

Pero la relación entre la música y la geografía económica es más potente de lo que pensaba, con una actividad productiva -especialmente la creativa- donde el rol de las escenas, los gustos, las estéticas, tiene un peso creciente.

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El gobierno sumergido y la participación buenista

De un tiempo a esta parte el rol de la administración, especialmente en el sur de Europa, ha tomado un cariz paradójico. Desde una perspectiva progresista se interpreta que la escasez de recursos económicos y las supuestas presiones de agentes exógenos (los mercados, la troika, etc.) han reducido, hasta un nivel sin precedentes desde la aparición de la socialdemocracia, la capacidad de influencia de la administración. Por otro lado observamos una creciente regulación y mercantilización de los espacios urbanos.

Para comprender la acción de un gobierno que reduce su influencia pero a la vez regula más que nunca, recurrimos a Suzanne Mettler, profesora de Instituciones Americanas y Gobierno de la Universitad de Cornell, que en ‘The Submerged State’ [1] destripa la tendencia del estado de ocultar sus acciones realizando políticas públicas no visibles. Políticas públicas que toman la forma de incentivos indirectos y subsidios: desde beneficios fiscales hasta el pago directo a empresas privadas para la provisión de servicios. Mettler afirma que el estado sumergido camufla el rol de la administración y exagera el del mercado. Como resultado, los ciudadanos dejan de ser conscientes de los beneficios que reciben y, sobretodo, de las considerables ventajas que se les da a los grandes intereses económicos (desde la banca de inversión a la gran industria exportadora). Pueden emerger así mecanismos de reciprocidad entre poder económico y gobierno, aumentando las desigualdades, con outcomes indeseables a nivel agregado y dificultando, a posteriori, las reformas políticas.

A la vez, tomando el punto de vista de Harvey [2], la reproducción del capital (la r de Piketty que aumenta por encima del crecimiento económico) necesita ir de la mano de un poderoso músculo gubernamental. Lo que se llama despectivamente ciudad neoliberal no tiene absolutamente nada de liberal. La estructura de funcionamiento depende de la alianza de los intereses inversores con unos gobiernos fuertes y reguladores. Podemos verlo a diferentes escalas, desde la terracificación de las aceras hasta la genuflexión regulatoria que supuso el affaire Eurovegas, pasando por el creciente control sobre el espacio público.

Ante esa discrepancia emergen diversas prácticas urbanas espontáneas en forma de innovaciones sociales, llenando los huecos que la sumersión de la administración ha ido dejando vacíos.  Para etiquetarlas podemos utilizar el concepto de urbanismo do it yourself (del punk ‘hazlo tu mismo’). El urbanismo do it yourself (DIY) es una etiqueta que marca un cambio, o más bien un revival, en la manera en que los ciudadanos participamos en la construcción urbana. Muestra una tendencia ciudadana que supone un salto desde la participación meramente consultiva a una participación ciudadana colaborativa, con un componente de diversión y menos conscientemente reivindicativa.

Ciertas prácticas, desde los huertos urbanos a los espacios culturales mixtos (de trabajo, producción y exhibición), pierden el énfasis en la resistencia crítica centrándose en motivaciones más sutiles, locales e individuales para generar pequeñas mejoras funcionales del entorno construido. En contraposición a las reivindicaciones más políticas, esas acciones representan el simple deseo de reconstruir la ciudad que pisamos según nuestros propios criterios. El urbanismo DIY es fruto de la frustración con los procesos formales pero, de manera mucho más relevante, genera mejoras de una manera positiva, funcional y contributiva.

Pero esas prácticas no dejan de ser la otra cara de la misma moneda, la respuesta buenista a una situación en que el gobierno se ha escondido. Su énfasis en la diversión, su desprendimiento del carácter político, puede acabar reforzando ese estado sumergido pero poderoso que se perpetúa entonces de forma presuntamente desideologizada.

Necesitamos pues un cambio de escala, de las micro intervenciones horizontales de mejora urbana a la articulación metropolitana (Harvey afirma acertadamente que es imposible renunciar a las jerarquías a partir de cierto tamaño). Las dinámicas espontáneas transformativas son un magnífico punto de partida, pero no debemos olvidar que la administración no es un ente ajeno sino que podemos decidir sus medios y objetivos a nivel macro. Se convierte en urgente la reivindicación del carácter político del urbanismo puesto que no existen soluciones con efectos positivos igualmente distribuidos para todos (la gran falacia del planeamiento), sino que se requieren instrumentos para gestionar preferencias no siempre en consenso. Todo ellos es imposible sin forzar al Estado, de forma democrática, a volver a la superficie, a mostrar sus acciones de forma transparente.

[1] Mettler, S. (2011). The Submerged State. Fall Books.

[2] Harvey, D. (2012). Rebel Cities, From the Right to the City to the Urban Revolution. Verso Books.

*Este artículo es fruto de las conversaciones mantenidas durante el Mikser Festival 2014: Sustainable Utopia, en Belgrado. Donde Urbego hemos realizado una workshop (The Initiator, the Artist, his Advocate and the Incubator) en la que hemos estado trabajando el rol de la gobernanza urbana en un contexto compartido (post-comunista o no) por los países del sur de Europa. Gracias a Giulia Maci y Filipa Pajevic, entre otros, por los inputs.

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La ciutat que ens deixa Obrint Pas

Jo també vaig ser dels que estigueren al Teatre Principal en un dels darrers concerts d’Obrint Pas. Sorprés com tants altres pel simbolisme i l’emotivitat d’una cosa que deuria ser normal: escoltar el valencià a la sala més emblemàtica de la ciutat. Com és possible que un grup capaç de fer sold-out tres nits seguides no tinga les portes obertes a un espai com aquest? El simbolisme és doble perquè senyala sense dubtes la gran dicotomia entre l’obsolescència de la política pública i la capacitat transformadora de la ciutadania. Per a mi, que vaig ser per primera vegada conscient que creixia a la segona meitat dels noranta, els Obrint Pas -primer ídols, després amics- foren caldo de cultiu i arrel al territori de la meua educació sentimental i ideològica. Obrint Pas, com tantes coses bones què passen a la nostra ciutat, ha sabut créixer als màrgens i trobar sempre escletxes per transformar mentre es fa camí. L’adéu a un referent ens deixa una ciutat distinta a la que ells cantaven quan eren adolescents “i a València viuràs apalancat en qualsevol bar i callat esperaràs el teu final. I a València moriràs, ni el de la barra et fara cas. Tu, València ciutat, tu m’has condemnat” gràcies entre d’altres coses a que no predicaren amb l’exemple i no s’apalancaren. Ells, que sempre han tingut una actitud punk en el millor sentit del do-it-yourself, serveixen d’espill per entendre quina és la València que vibra i que està trencant el sostre de vidre de la València immòbil i caduca. Una ciutat lliure de prejudicis, més inclusiva i que aprén a transformar-se amb la diversió evident que suposa generar espais de creació col·lectiva. Gràcies

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Aprendiendo de Medellín

Llevo unos días en Medellín, Antioquia, Colombia. Urbego, la plataforma de jóvenes urbanistas de la que soy miembro, hemos aplicado aquí el Youth Engagement Index. Se trata de una metodología colaborativa para identificar, analizar y calificar los distintos aspectos y maneras en los que los jóvenes adultos se involucran en las ciudad donde viven. Como profesionales y como organización entendemos la participación ciudadana como una construcción colectiva y no como meros procesos regulados de consulta ciudadana. Es por ello que no solo ponemos el foco en los aspectos institucionales y políticos de ese involucramiento, sino que también trabajamos e investigamos sobre elementos más blandos pero muchas veces más transformadores como la implicación cultural -relacionada con el arraigo y la identidad- o la implicación económica -entendida como la capacidad de generar valor fiel al territorio, difícilmente deslocalizable.

La excusa para venir ha sido el World Urban Forum, la asamblea abierta de las Naciones Unidas sobre ciudades y desarrollo urbano que finaliza mañana, donde pudimos presentar la metodología. Más allá del evento en sí, que funciona como un gran ovni que se posa sobre la ciudad durante unos días para luego dejarla con resultados ambiguos, lo verdaderamente apasionante ha sido conocer los detalles de una metrópolis en una transformación brutal a través de la experiencia y el debate con algunas de las personas que están protagonizando dicho cambio. Eso es precisamente lo que cataliza la metodología del Youth Engangement Índex en la que el proceso de discusión y consenso tiene tanto o más valor que la calificación final.

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Jóvenes y participación urbana

Escuchamos de forma repetitiva que la generación presente de jóvenes adultos europeos será la primera generación que viva, de media, peor que sus padres. Esta afirmación puede ser cierta en términos puramente financieros, pero si nos fijamos en los patrones de consumo o en la riqueza de los intangibles que disfrutan, la afirmación se desvanece.

Los llamados millenials (que han vivido en perenne crisis económica desde la adolescencia) somos también la primera generación que aspira a alcanzar un buen nivel de vida con ingresos medios o incluso bajos. Nuestra forma de vida se caracteriza por el consumo de bienes culturales y tecnológicos, vivir en el extranjero un tiempo -los beneficios del programa Erasmus han sido inmensos, fortaleciendo la maltrecha integración europea- y la riqueza de una vida personal y profesional diversa y multicultural; un estilo de vida construido sobre tres pilares: movilidad, experiencias y flexibilidad.

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Desde Burgos, algunas lecciones para la política urbana

Lo que ha pasado en Burgos durante estos días, explicado perfectamente por Ignacio Escolar, nos obliga a extraer lecciones para gestionar mejor nuestras ciudades. Podríamos pensar que la humanización de una gran avenida, convirtiéndola en un espacio más calmado, es una buena idea. Como técnicos, desde la distancia, no podemos sino asombrarnos de como una solución que técnicamente pueda parecer acertada puede generar tal confrontación a la manera de un violento movimiento NIMBY (no en mi vecindario / not in my backyard) que parece querernos decir ‘a nosotros que no nos toquen nuestro aparcamiento en superficie’. Los hechos demuestran sin duda lo peliagudo de las políticas de restricción del automóvil cuando aparcar se convierte implícitamente en un derecho intocable del ciudadano. ¿Qué podemos aprender de todo esto?

Primero, la necesidad de contextualizar: un bulevar no es siempre una solución óptima, ni tampoco lo es el estacionamiento subterráneo. En lugar de proponer respuestas estandarizadas es importante responder con imaginación a los problemas de los lugares específicos. Si el aparcamiento en superficie era una clara demanda ciudadana, se debería haber encontrado una forma imaginativa para conseguir humanizar el viario sin reducir, tan drásticamente, las posibilidades de aparcar.

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