Navidades a la luz de la ventana


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En estos días los pueblos y ciudades de Canarias han llenado sus calles, o al menos las más céntricas, de bonitas luces de navidad y ya las lámparas LED lo iluminan todo por doquier.

Si me lo preguntan tengo que decir que no tengo ni la más remota idea de si el año pasado hubo o no hubo luces de Navidad en las calles. En 2019 sé que sí y que fueron espectaculares porque pude vivir en primera persona cómo el alumbrado más festivo de todos por fin llegaba a calles y barrios de Santa Cruz de Tenerife por primera vez en la historia. 

Del año pasado no me acuerdo bien, supongo que bastante teníamos con estar pendientes de la puñetera COVID y de las cifras de muertes y contagios que crecían y crecían cuando aún no teníamos vacuna.

En Tenerife lo pasamos francamente mal. Las navidades coincidieron con uno de los peores picos posibles y fueron cientos las familias que optaron por no reunirse o por hacerlo en “petit comité” para intentar luchar contra el maldito bicho que nos tenía muertos de miedo.

Los aforos y el toque de queda marcaron la Nochebuena y la Navidad e hicieron que las celebraciones fueran en horarios poco habituales. Muchos fueron los que se citaron desde por la tarde para cenar pronto y con calma y así estar de vuelta en casa a la medianoche, cuando lo habitual siempre había sido quedarse todos juntos, cuantos más mejor, cantando y brindando hasta bien entrada la madrugada.

Este año no sabemos bien cómo irá la cosa. 

Personalmente me gustó mucho ese nuevo horario en el que pude ponerme fina de polvorones, queso majorero, papas rellenas y de todo lo que pillé sin prisas y digiriendo bien la comida. Si es posible, me gustaría repetir este año ese horario, pero, claro, a ver qué pasa con la Covid-19 de las narices porque ya está aquí la sexta ola y día a día regresa la incertidumbre que creíamos haber despedido.

Cierto es que hoy nada tiene que ver con lo vivido ahora hace un año. Ahora todos estamos vacunados (o deberíamos estarlo y el que no lo esté es tonto/a de remate) y, quieras o no, eso nos da mucha más tranquilidad, aunque sabemos que no impide los contagios.

Lo que sucede es que un año más tarde de todo aquello ahora resulta que sí que estamos inmunizados contra la COVID, pero para lo que estamos preparados es para el precio que estamos pagando por las consecuencias que está dejando detrás de sí. 

Leo hoy que la cesta de la compra es la más cara que se recuerda en un porrón de años, que pagamos 12 euros más por llenar el tanque de combustible de nuestro coche que en enero de este mismo año, que los precios de la tecnología y los juguetes van a ser estratosféricos debido a los problemas de transporte, que la burbuja inmobiliaria se infla por momentos y de la luz… de la luz mejor no hablamos porque directamente ya hemos perdido la cuenta de cuánto ha subido a estas alturas.

Yo soy de las que he desenchufado todo lo que no estoy utilizando, no quiero nada en standby. Para las lavadoras y secadoras echo una moneda al aire para saber cuándo las pongo y la estufa (vivo en La Laguna) la enciendo al mismo tiempo que me santiguo para prepararme por el susto que me puede dar la factura el próximo mes. Como diría mi padre, la única manera de ahorrar en luz es vivir entre tinieblas.

Sin embargo, luego salgo a la calle y, ¡oye!, que hay luces y más luces por todos los lados. 

De hecho, todos los ayuntamientos se enorgullecen de decir que hay más que nunca y que son más bonitas porque nos los merecemos después de tantas malas noticias y tanta tragedia.

Pues no sé ustedes, pero a mí solo me falta salir de casa ya con la calculadora para echar cuentas del despropósito este. 

¿De verdad que es necesario hacer este gasto en este momento? Si la factura de la luz está disparada y todos estamos haciendo lo posible por ahorrar ¿por qué no lo hacen los ayuntamientos y demás administraciones con el alumbrado de navidad? ¿Se habrán olvidado de que también lo pagamos nosotros?

No digo que no haya luces, claro que sí, las necesitamos y quizás más nunca, pero ¿es necesario el despilfarro? ¿Es necesario que las inaugure Il Divo? ¿Son necesarios los espectáculos pirotécnicos de más de 20 minutos con los que anunciar que las calles ya están engalanadas y que ya se puede salir a comprar sin tino?

¿En serio es todo esto necesario ahora mismo? 

Lo pregunto porque luego, cuando una persona va a los servicios sociales municipales en estas mismas fechas para pedir una ayuda para poder llegar a fin de año, la respuesta generalizada es que ya se han acabado todas las partidas y que tiene que esperar al primer trimestre del año que viene.

Yo, visto lo visto, propongo que las personas a las que les hayan colocado luces de navidad en las farolas por fuera de su casa aprovechen para abrigarse bien, apagar la luz de casa, abrir las ventanas de par en par y que sea el ayuntamiento el que les ilumine el salón y la habitación porque si no, no me salen la cuentas.

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