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ATI y el PP se quedan sin Coalición Canaria

Fernando Ríos venía pensando dar el paso que anunció este martes, día de Reyes, desde que contempló muy de cerca el giro conservador que empezó a darse en Coalición Canaria en Tenerife a raíz de la elección de Fernando Clavijo como secretario general. Los continuos amagos y rupturas de pactos locales con el Partido Socialista y el relevo pactado de Ricardo Melchior por Carlos Alonso, al frente del Cabildo, fueron los primeros síntomas de que la nueva dirección nacionalista tinerfeña preparaba el regreso a un acuerdo de gobierno con el Partido Popular, previa defenestración de Paulino Rivero y los suyos. El detonante de la marcha del comisionado para el Autogobierno ha sido, sin embargo, la sucesión vergonzante de giros a los posicionamientos más neoliberales del alcalde de La Laguna una vez resultó investido candidato de CC a la Presidencia del Gobierno a título de regenerador máximo –mira tú qué cosas- de la política isleña. La baja de Ríos no debe tomarse como un hecho personal y aislado, por mucho que haya cogido con el paso cambiado a algunos de los que desde dentro venían madurando un par de golpes de efecto con el año recién estrenado. Porque a esta marcha seguirán otras, seguramente muy significativas, que acabarán desembocando en la soledad de la vieja ATI rediviva, recluida en su fortín tinerfeño, y defendiendo a capa y espada al candidato imputado con la ensoñación de que le son suficientes los apoyos que para entonces conserve. Porque ninguno de los que a partir de ahora sigan los pasos de Fernando Ríos tirará la toalla del nacionalismo que, a su juicio, ha perdido la ideología y las esencias con la proclamación del nuevo candidato y su más que probada entrega al Partido Popular y a la clase empresarial más señera y casposa del Archipiélago. El melón que ahora se abre es de imprevisibles escenarios futuros.

Un partido sin Gobierno

Porque a la marcha de Fernando Ríos sucederán las de otros líderes de Coalición Canaria, algunos de los cuales de significativo peso en la organización, y dentro de ésta, en las islas, indispensables para el sostenimiento de un proyecto de este tipo. No hay que descartar en absoluto, que incluso dentro del Gobierno regional, lo que desembocará en la paradoja de que CC se quede sin Gobierno y el Gobierno permanezca en pie estos próximos cinco meses sin partido. ¿Y Paulino Rivero? Cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento de los equipos que acompañan al presidente sabe de sobra que la decisión de Fernando Ríos no ha sido tomada de manera inopinada, sin el conocimiento de Rivero y sin los cálculos pertinentes de lo que pueda suceder a partir de ahora. Los últimos y confusos anuncios del presidente acerca de su abandono de la política apuntan en la dirección de que su marcha de CC también es inminente y que se adoptará en función de los pasos que den los seguidores de Fernando Clavijo y el propio candidato, bien por los efectos que surta el aislamiento en el que se queden dentro de la organización y/o con la excusa de que el magistrado Pamparacuatro no levante las imputaciones que pesan sobre él después de tomarle declaración este viernes.

Contactos con el PNC y Nueva Canarias

El aislamiento de ATI ha comenzado este día de Reyes aunque se venía fraguando desde que los actuales dirigentes de la cosa, con Fernando Clavijo como pancarta, empezaron a enseñar la patita ya sin disimulo. Inés Rojas, desde Lanzarote, o Mario Cabrera, desde Fuerteventura, no esconden su desencanto con la nueva deriva y serán seguramente los primeros en alentar un ultimátum a Ana Oramas para que Coalición Canaria no se rompa definitivamente. Ya ha habido contactos con Nueva Canarias para unos primeros tanteos de una confluencia nacionalista con ribetes progresistas que relegue al PP de nuevo a la bancada de la oposición reeditando el actual pacto con el PSOE con la suma de los de Román Rodríguez. La fórmula ni siquiera se ha planteado, pero es obvio que a Nueva Canarias le viene de maravilla contar con algún tipo de acuerdo en Tenerife que le garantice el ascenso electoral que todas las encuestas vaticinan, una vez confirmada su supremacía en Gran Canaria por la derrota sin paliativos que sufrirá la gente de Fernando Bañolas. Tampoco hay nada cerrado sobre un hipotético acuerdo con el Partido Nacionalista Canario (PNC), que seguramente pondría muchas pegas a un desembarco masivo de escindidos de CC, pero que vería con buenos ojos estar en esa operación futura. Todo ello, claro, si Clavijo y sus acólitos continúan enrocados y ciegos ante el tsunami que se les viene encima y no ponen sobre la mesa soluciones drásticas que eviten la ruptura total.

Dos cronómetros

La cuenta atrás para Fernando Clavijo ya comenzó el día que se conoció su imputación en el caso Corredor, pero ahora son dos los cronómetros que controlan el tiempo que tardará en retirarse como candidato de CC. Porque si ya era de difícil encaje que el hombre de la regeneración que los nacionalistas presentaban frente a Paulino Rivero concurriera ante los electores con imputaciones penales a sus espaldas, que el abandono voluntario y estrepitoso de su ideología, en aras de la obtención del poder que él mismo ha proclamado, y la desbandada de dirigentes que comenzó este martes lo colocan en una situación muy comprometida. Su equipo médico habitual lo mantendrá un tiempo más a la espera de ver el alcance de la brecha abierta por Fernando Ríos, pero será muy difícil detener la sangría en cuanto se precipiten más bajas y crezca el clamor interno de que ATI lo ha vuelto a echar todo a perder.

Fernando Ríos venía pensando dar el paso que anunció este martes, día de Reyes, desde que contempló muy de cerca el giro conservador que empezó a darse en Coalición Canaria en Tenerife a raíz de la elección de Fernando Clavijo como secretario general. Los continuos amagos y rupturas de pactos locales con el Partido Socialista y el relevo pactado de Ricardo Melchior por Carlos Alonso, al frente del Cabildo, fueron los primeros síntomas de que la nueva dirección nacionalista tinerfeña preparaba el regreso a un acuerdo de gobierno con el Partido Popular, previa defenestración de Paulino Rivero y los suyos. El detonante de la marcha del comisionado para el Autogobierno ha sido, sin embargo, la sucesión vergonzante de giros a los posicionamientos más neoliberales del alcalde de La Laguna una vez resultó investido candidato de CC a la Presidencia del Gobierno a título de regenerador máximo –mira tú qué cosas- de la política isleña. La baja de Ríos no debe tomarse como un hecho personal y aislado, por mucho que haya cogido con el paso cambiado a algunos de los que desde dentro venían madurando un par de golpes de efecto con el año recién estrenado. Porque a esta marcha seguirán otras, seguramente muy significativas, que acabarán desembocando en la soledad de la vieja ATI rediviva, recluida en su fortín tinerfeño, y defendiendo a capa y espada al candidato imputado con la ensoñación de que le son suficientes los apoyos que para entonces conserve. Porque ninguno de los que a partir de ahora sigan los pasos de Fernando Ríos tirará la toalla del nacionalismo que, a su juicio, ha perdido la ideología y las esencias con la proclamación del nuevo candidato y su más que probada entrega al Partido Popular y a la clase empresarial más señera y casposa del Archipiélago. El melón que ahora se abre es de imprevisibles escenarios futuros.

Un partido sin Gobierno