En Canarias existen 44 moluscos endémicos en peligro crítico de extinción
De las 193 especies en peligro crítico de España, 101 se encuentran en Canarias, un 52% de todas las especies en peligro crítico de todo el país, siendo las plantas el grupo más afectado (119 especies), seguidas de moluscos (44) y artrópodos (31).
Estos últimos, según los datos de la Lista Roja de la UICN, viven su silenciosa batalla por la supervivencia y constituyen el segundo taxón más amenazado del archipiélago, solo por detrás de las plantas. Son animales diminutos, de conchas que apenas superan el centímetro, pero su desaparición supondría una pérdida irreparable para la biodiversidad mundial: Canarias alberga el mayor número de endemismos de moluscos terrestres de Macaronesia, y muchos de ellos no existen en ningún otro lugar del planeta.
Por islas
La distribución de esta crisis es desigual. Tenerife concentra los peores datos, con 18 especies en peligro crítico, seguida de Gran Canaria (12), La Palma (8), La Gomera (4) y El Hierro (2). La causa no es casual: estas islas conservan los últimos reductos de laurisilva, el ecosistema que durante millones de años permitió la especiación de estos caracoles.
El género Discula, caracoles íntimamente ligados al bosque nuboso, ejemplifica la magnitud del desastre. Discula leucogaster, endémico de la vertiente norte de Anaga (Tenerife), solo sobrevive en una franja residual de bosque, amenazado por la cristoba (Oxychilus cellarius), un caracol invasor llegado de Europa que lo devora activamente. Discula polymorpha, restringido a Teno, cuenta con menos de 200 adultos. En La Palma, Discula guangui, endémico de la Caldera de Taburiente, declina irremediablemente por la sequía.
Aún más vulnerables son los del género Canariella, pequeños caracoles rupícolas que viven en grietas y roquedos. Su sedentarismo extremo -nunca se desplazan más de unos metros en toda su vida- los convierte en presas fáciles. Canariella euzeti, del barranco de Guayadeque (Gran Canaria), tiene menos de 100 individuos estimados. Canariella ponterae solo habita los acantilados de Los Gigantes (Tenerife). Canariella gomerensis está microlocalizado en el barranco de Vallehermoso (La Gomera).
Cuatro amenazas
El primero de los factores que amenaza a estas especies es intrínseco: el 80% de estas 44 especies ocupa menos de 10 km², y muchas solo un único barranco o ladera. Su microlocalización extrema y su nula capacidad de dispersión las hacen débiles.
El segundo factor es la cristoba (Oxychilus cellarius). Este caracol invasor, introducido accidentalmente en las islas hace décadas, es responsable del 60% de las extinciones locales documentadas desde 1990. Omnívoro y agresivo, devora huevos, juveniles y adultos de las especies nativas. Ha eliminado por completo a Oxychilus lowei de varias zonas de La Palma y lo ha confinado a Los Tilos, su último refugio.
El tercer factor es la pérdida de laurisilva. Solo queda el 3% del bosque nuboso original de Canarias. El resto fue talado para agricultura, madera o carboneo durante siglos. Lo que queda se degrada ahora por incendios, sequía, y la presión de especies invasoras como ratas y cabras, que compactan el suelo y destruyen la vegetación de la que dependen estos caracoles.
El cuarto factor es la aridificación climática. El aumento de temperaturas y la disminución de precipitaciones en Canarias reducen la humedad ambiental, crítica para la supervivencia de caracoles terrestres, que se deshidratan con facilidad. Especies como Lauria fanalensis, un caracol diminuto de la laurisilva de Tenerife y La Palma, están en declive acelerado por este fenómeno.
Casos límite: de Fuerteventura a El Hierro
No todos viven en la laurisilva. Cryptella canariensis, endémico de los cardonales de Fuerteventura, está casi desaparecido por la desertificación de la isla. Hemicycla saulcyi, de El Hierro, sobrevive en poblaciones fragmentadas en el norte de la isla, afectado por la urbanización y las ratas. Insulivitrina solemi, una babosa endémica de la laurisilva de Tenerife, es otro caso crítico: su cuerpo desnudo la hace especialmente vulnerable a la sequía y los depredadores.
El género Hemicycla, caracoles de suelo y roca, incluye algunas de las especies más amenazadas por su incapacidad para escapar de depredadores. Hemicycla bidentalis, de las medianías del sur de Gran Canaria, está afectado por la urbanización y las ratas. Hemicycla plicaria solo sobrevive en la zona de Teno-Rasca (Tenerife).
Diez años clave
El informe Estado de la Biodiversidad en España (2023) advierte de que, sin intervenciones urgentes, al menos 15 de estas 44 especies podrían extinguirse antes de 2035. Los expertos reclaman programas de cría en cautividad para las más críticas, erradicación de invasoras en áreas clave, delimitación de Áreas Críticas con protección legal efectiva y restauración activa de la laurisilva.