La ruta circular por un bosque único que parte desde Irún hasta la cascada más alta de Gipuzkoa

Cascada de Aitzondo.

Emiliano Castillo

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La ruta hacia la cascada de Aitzondo se adentra en el Parque Natural de Peñas de Aia, en un entorno húmedo y boscoso donde el sonido del agua gana presencia a medida que avanza el recorrido. El camino combina tramos entre robles, zonas cubiertas de musgo y pasos próximos al cauce, hasta alcanzar uno de los saltos de agua más destacados de Gipuzkoa.

Se trata de un itinerario circular en el entorno natural de Irún, en Euskadi. El itinerario completo no sobrepasa los seis kilómetros de distancia y tiene una duración estimada de entre una hora y media y dos horas. Está catalogado como sencillo o de dificultad baja, lo que lo hace ideal incluso para recorrer con niños.

La ruta está señalizada con las marcas blancas y verdes del SL-GI 1006. Comienza en el aparcamiento de la sidrería Ola, que cuenta con numerosas plazas y no tiene coste alguno. Es un circuito, por lo que el caminante puede decidir en qué dirección realizarlo.

En este caso, se sugiere comenzar la ruta en dirección hacia los hornos mineros de Irugurutzeta, ya que, de esta manera, el tramo con cuestas más abruptas se hace de subida, evitando posibles resbalones en época de lluvias. Así, el caminante que parte del aparcamiento debe seguir por el camino asfaltado y tomar la desviación a la izquierda cuando el camino se bifurca.

Los hornos mineros ocultos en el bosque

Al poco tiempo de caminata, el sendero alcanza los hornos, conservados prácticamente por completo. Son colosos de piedra y fuego: una estructura industrial de los siglos XIX y XX que emerge imponente entre el bosque húmedo. Su función era calcinar carbonato de hierro extraído de Aiako Harria y convertirlo en óxido para su exportación.

Desde este punto, las marcas blancas y verdes presentes en toda la ruta indican el camino. En este tramo, el terreno presenta un desnivel de unos 65 metros en apenas 200 metros. Es una subida corta, pero exigente. La senda ancha se abre paso entre robles frondosos y vegetación de la zona.

Al terminar la subida, el recorrido avanza por un sendero llano, acompañado por el sonido del río a la izquierda de quien lo transita. La planicie queda interrumpida por el segundo desnivel considerable de la ruta, un trecho peculiar entre rocas y vegetación escarpada, con una cuesta que serpentea sobre la montaña. Este tramo está equipado con herrería y cables que actúan como barandillas, pensadas para ayudar al senderista durante el paso.

Tras la subida en zigzag, la pista presenta un poste con la opción de ir hacia la izquierda o hacia la derecha. La señalización de la cascada dirige al caminante a la izquierda, siguiendo el sonido cada vez más intenso de la enorme caída de agua que espera a continuación. Antes, sin embargo, el camino pasará por unas ruinas mineras cerradas por riesgo de desprendimiento.

Junto a los restos industriales, grandes rocas permiten cruzar el río sin mojarse, como si fueran un puente natural para alcanzar el otro lado de la ribera, desde donde continúa el camino. Desde aquí, el sendero sigue el ascenso del afluente hasta la cascada de Aitzondo, la joya de la ruta. Es la cascada más alta de Gipuzkoa y quizá una de las más impactantes del País Vasco.

La cascada más alta de Gipuzkoa

Se desprende majestuosa, con 140 metros de caída vertical divididos en diferentes cortinas de agua que bañan la roca oscura y cargan el ambiente de una energía purificadora. El estruendo del agua domina por completo el paisaje sonoro, con una fuerza natural estremecedora. El aroma a musgo y tierra mojada completa una atmósfera de bosque fluvial que bien podría estar sacada de un cuento.

Para el regreso, el visitante debe volver sobre sus pasos hasta encontrar nuevamente el poste de información que lo dirigió hacia la cascada y seguir la indicación que marca el camino hacia Ibarla. Es un tramo que avanza por una pista ancha y llana, de pasto y tierra, que se transita con facilidad. En la primera bifurcación, se debe tomar el camino de la izquierda hasta llegar nuevamente a una pista con cemento. Aquí comienza el descenso más claro.

Las marcas verdes y blancas guían el camino entre construcciones rurales y cabañas aisladas. El paisaje se vuelve cada vez más abierto, con vistas panorámicas a los valles circundantes y a la cordillera Jaizkibel. A partir de este punto, todo el camino está cementado y resulta sencillo.

Todos los giros están correctamente señalizados por las marcas de pintura verde y blanca, que llevan directamente al aparcamiento donde se inició la ruta. Para disfrutar de este recorrido, ideal para familias, se recomienda llevar agua desde el inicio o rellenar en las fuentes naturales del camino, además de utilizar calzado con buen agarre, especialmente en la zona rocosa de la cascada, donde se debe extremar la precaución con tiempo húmedo.

Esta ruta no exige experiencia ni una gran preparación, pero su recompensa sorprende a veteranos y primerizos por igual. La cascada de Aitzondo detiene a cualquiera en seco: obliga a levantar la vista, guardar silencio y escuchar únicamente la fuerza del agua.

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