El mar de Canarias es un hervidero: “Si seguimos así, especies desaparecerán y los ecosistemas cambiarán por completo”
El océano que rodea Canarias está registrando este año los segundos datos más elevados de temperatura media desde que hay cifras. Los valores del Sistema de Observación Oceánica del Instituto Español de Oceanografía (IEOOS) muestran que la Demarcación Marina Canaria (el espacio marítimo alrededor de Islas en el que España ejerce soberanía) ha alcanzado picos diarios de temperatura cercanos a los 25,76 grados, el máximo de la serie histórica, contabilizado en 2023.
Los indicadores del IEOOS revelan que la temperatura del océano en el Archipiélago suele alcanzar su punto máximo en los meses de agosto, septiembre y octubre. 2026 comenzó con valores similares a la media, pero a mediados de junio las temperaturas se dispararon y, desde entonces, se han mantenido generalmente por encima de las anotadas desde 1982, con la excepción de 2023. El máximo de este curso se alcanzó el 29 de septiembre, con una temperatura media de 25,54 grados.
Estas cifras no son un fenómeno aislado. A escala global, la temperatura media de la superficie marina (excluidas las regiones polares) alcanzó en septiembre los 21,05 grados, el valor más alto contabilizado para ese mes desde que hay datos, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S). El registro supera en 0,13 grados el récord anterior para un mes de septiembre, establecido en 2023, cuando la media fue de 20,92 grados.
Copernicus también señala que durante ese periodo hubo máximos históricos de temperatura superficial del mar en amplias zonas del Atlántico y en el Mediterráneo occidental.
Buena parte de este sobrecalentamiento se debe a ‘El Niño’, explica Pedro Vélez, investigador del Instituto Español de Oceanografía. Se trata de un fenómeno natural cíclico que eleva la temperatura superficial del agua en las zonas tropicales del Pacífico y altera los patrones de lluvia, lo que puede provocar sequías e inundaciones, especialmente en América. Se produce de forma irregular, generalmente cada dos a siete años, y suele durar entre nueve y doce meses, llegando a alcanzar su apogeo entre noviembre y febrero. Su impacto ahora es aún mayor al actuar sobre un planeta ya recalentado por el cambio climático.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió en septiembre de que ‘El Niño’ este año será “muy fuerte” y, de hecho, la temperatura superficial del mar en el Pacífico Ecuatorial registró ese mismo mes un máximo histórico de 29,7 grados, según Copernicus. Una investigación de Climate Impact Lab, un centro de investigación de Chicago (Estados Unidos), estima que el actual fenómeno podría causar 451.000 muertes relacionadas con las temperaturas extremas.
En Canarias, ‘El Niño’ altera el régimen de vientos. Este es “el principal mecanismo” por el que el fenómeno afecta al resto del planeta, explica Vélez. Es lo que los expertos denominan la “teleconexión” de ‘El Niño’.
Con viento habitual o fuerte, el mar se remueve constantemente. El agua de la superficie se mezcla con las capas profundas y es reemplazada por agua más fría, lo que contribuye a distribuir el calor. Pero cuando el viento amaina, la franja más superficial del océano se mezcla menos con las inferiores y acumula la radiación solar recibida durante días, lo que eleva su temperatura.
Este fenómeno se suma al calentamiento progresivo del océano que rodea Canarias, añade Vélez. Entre 1982 y 1989, la temperatura superficial media fue de 20,92 grados; entre 1990 y 1999, de 21,07; entre 2000 y 2009, de 21,33; entre 2010 y 2019, de 21,41; y entre 2020 y 2026, de 21,96. Según los datos del IEOOS, la tendencia al alza en estos momentos supondría un incremento de 2,65 grados por siglo.
El investigador menciona asimismo otro factor que podría estar contribuyendo de manera reciente al aumento de la temperatura: la normativa internacional que redujo el contenido máximo de azufre permitido en el combustible de los buques, del 3,5% al 0,5%. Esto ha mejorado la calidad del aire, por un lado, pero ha tenido también como consecuencia una fuerte reducción de las emisiones de aerosoles de azufre, lo que afecta a la formación de las nubes y produce una disminución del efecto albedo (la cantidad de luz solar reflejada hacia el espacio), aumentando la temperatura del océano. Ya que cuanto menos nubes, más radiación solar llega a la superficie.
“El impacto de este fenómeno se aprecia más a largo plazo, por lo que sus consecuencias se verán dentro de diez años. Pero poco a poco se va notando”, remacha el investigador, que insiste en la “complejidad” del sistema para dar sentido a estos datos.
“A pesar de que este año todo el océano está registrando temperaturas superficiales históricas, la temporada de huracanes en el Atlántico todavía no ha registrado ni uno solo [la entrevista con Vélez se grabó días antes de la formación del huracán ‘Isaías’], algo que prácticamente no había ocurrido desde que existen registros. Lo que quiero decir es que el sistema es tan complejo que lo que creíamos tener claro a veces ni siquiera lo está”, concluye.
El aumento constante de la temperatura del océano tiene, además, múltiples efectos devastadores bajo el agua: migraciones masivas de peces, cambios en la pesca, blanqueamiento de los corales… El calor extremo provoca que muchas especies “puedan llegar a colapsar”, resume Sara González-Delgado, investigadora posdoctoral en la Universitat de Barceona y miembro del Observatorio Marino de Cambio Climático-Punta de Fuencaliente (OMACC).
La bióloga marina cuenta que su grupo evaluó la respuesta de la estrella de mar ‘Coscinasterias tenuispina’ ante incrementos graduales de temperatura. Y observaron que, a medida que el agua se calentaba, los niveles de estrés aumentaban hasta alcanzar un punto crítico (alrededor de los 30 grados de forma sostenida) en el que el animal directamente dejaba de respirar. Un punto de “no retorno”.
“Preocupa que las especies alcancen su umbral de colapso y no puedan soportar las temperaturas actuales o las que se registren en el futuro. Y que puedan morir, claro”, agrega.
González-Delgado recuerda que Canarias tiene un ecosistema subtropical que reúne tanto a especies adaptadas al calor como a otras que no tanto. El calentamiento amenaza especialmente a estas últimas, sean endémicas o autóctonas.
Un ejemplo es el musgo amarillo, típico de Tenerife. Estas algas forman bosques submarinos que actúan como criaderos donde se refugian y crecen larvas y juveniles de peces. Y si los perdemos a ellos, enfatiza la experta, el impacto en la pesca artesanal y el marisqueo local sería notorio.
Otra consecuencia que conviene tener en cuenta es la expansión de especies invasoras favorecidas por el calor. En ocasiones, los barcos transportan de manera involuntaria organismos tropicales que normalmente quedan confinados en los recintos portuarios porque el agua exterior está demasiado fría.
No obstante, cuando la temperatura del mar aumenta, estas especies pueden encontrar las condiciones idóneas para colonizar las costas e islas vecinas. Un caso reciente mencionado por la investigadora: el cangrejo nadador rojo ‘Cronius ruber’. Otro ejemplo “preocupante”: el alga ‘Rugulopteryx’, originaria del noroeste del Pacífico y cuya expansión en el Archipiélago también está vinculada al tráfico marítimo.
“De repente ha aparecido esta especie de alga, que nadie se come porque es tóxica, y está sustituyendo a otras algas que tenemos en las Islas”, remarca.
A pesar de la gravedad del diagnóstico, González-Delgado destaca la capacidad de resistencia y adaptación que su equipo ha observado en la fauna marina canaria, en concreto en algunas especies de erizos de mar y lapas. Estos animales pueden activar o desactivar determinados genes en respuesta a los cambios de temperatura, un mecanismo que actúa como una especie de amortiguador y que permite a ciertas poblaciones resistir el calentamiento o desplazarse hacia zonas más frías. Aunque todo tiene “un límite”.
“Siempre decimos que, por ahora, todavía hay especies que pueden luchar, que pueden aguantar. Pero, si seguimos así, acabarán desapareciendo y nuestros ecosistemas cambiarán por completo”, concluye la experta.
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