No eran los tiburones, sino el clima: por qué se frenó el auge de peces en el norte de Lanzarote, la mayor reserva de España

Imagen de archivo de un pesquero descargando atunes en el puerto de Arrecife (Lanzarote)

Toni Ferrera

11 de abril de 2026 05:31 h

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Santiago González, de 49 años, atiende al teléfono en uno de sus primeros días de descanso desde que comenzó la campaña del atún rojo, a finales de enero. Es pescador artesanal en el norte de Lanzarote, donde se encuentra la mayor reserva marina de España con una extensión de 70.700 hectáreas.

Dice que por fin está aliviado, que lleva muchas jornadas durmiendo solo tres horas para “coger la carne”, descargar y continuar faenando. Es su vocación. Lleva doce años dedicándose solo a esto. Pescar atún rojo no es su principal labor. De hecho, tiene una pequeña cuota (entre cinco y seis ejemplares). Pero le encanta. A pesar del ritmo infernal, lo vive como unas “vacaciones”.

Hace unos años, González y otros trabajadores del sector pesquero artesanal del norte de Lanzarote acudieron a la Dirección General de Pesca del Gobierno de Canarias para comunicar un descenso muy notorio en sus capturas. Pasaron de registrar picos de más de 400 toneladas entre 2018 y 2020 a apenas 210 toneladas en 2023, una caída del 48% que afectó sobre todo a la merluza, el alfonsino, la brótola o el bocinegro.

Tanto él como sus compañeros estaban convencidos de que los tiburones eran los culpables. Ellos practican lo que se conoce como pesquería del alto, una modalidad de pesca artesanal en aguas profundas que se desarrolla entre los 200 y 800 metros y se realiza en zonas complejas del lecho marino, como laderas o montes submarinos.

Santiago González, pescador artesanal, en el puerto de Órzola (norte de Lanzarote)
Ejemplar de antoñito o dientón que resultó dañado por el ataque de un tiburón
mientras lo subían a bordo (esta fotografía la tomó un pescador, pero no
había ningún investigador presente cuando ocurrió)

La técnica es la siguiente: calan el anzuelo y emplean líneas de mano tradicionales o carretes eléctricos para subir el pez a la superficie. Es durante ese ascenso cuando los escualos interceptan el pescado enganchado, según denunciaban los pescadores.

“En cuanto parabas un pescado, se te echaba encima enseguida”, lamenta González sobre el tiburón mako, un tiburón “súper malo” y “oportunista” en su opinión que “se mete en todos lados” y “muerde sin hambre”. “Desde que echo dos o tres lances y saco varios pescados, se ponen debajo y no me dejan hacer nada”, agrega. Algunos trabajadores llegaron a estimar que estos encuentros con tiburones habían provocado descensos en las capturas de hasta el 80%. La conclusión para ellos era clara.

La Dirección General de Pesca del Ejecutivo regional trasladó la preocupación a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) para investigar si, efectivamente, esto era cierto. Investigadores del Instituto Universitario ECOAQUA subieron a bordo de embarcaciones de la flota artesanal con base en los puertos de Caleta de Sebo (La Graciosa) y Órzola (norte de Lanzarote) entre julio de 2022 y junio de 2023 para evaluar 317 lances de pesca. El resultado de estos encuentros con tiburones fue anecdótico: solo registraron dos casos claros de depredación por su parte.

La caída en las capturas no se debía entonces a los tiburones, sino a algo más. Los científicos recopilaron, por un lado, los datos históricos de desembarcos de pesca desde 2006 hasta 2023 y, por otro, tomaron las cifras climáticas del mismo periodo asociadas a un patrón atmosférico, la Oscilación del Atlántico Norte (NAO, en sus siglas en inglés), que mide la diferencia de presión atmosférica entre el anticiclón de las Azores (alta presión) y el centro de bajas presiones de Islandia.

Uno de los integrantes de ECOAQUA, el biólogo José Juan Castro, “ya llevaba muchos años” investigando la correlación entre este fenómeno climático y su impacto en las especies marinas, señala David Jiménez-Alvarado, también investigador en la ULPGC, por lo que la hipótesis estuvo presente desde el inicio. Analizaron también otras variables, como ‘El Niño’, la temperatura del océano o la acidificación. Pero con la NAO encontraron una correlación que encajó “perfectamente” con la serie histórica de capturas.

Pescadores artesanales en Canarias.
Capturas (kg) de alfonsino (Beryx splendens), gallineta (Helicolenus dactylopterus), merluza (Merluccius) y brótola (Phycis) entre 2006 y 2023, desagregadas por zona de pesca (AMP, Gran Tarajal y Morro Jable)

La NAO funciona como un interruptor natural que modula la fuerza de los vientos en el Atlántico. Es un patrón “clave” que regula el tiempo invernal en Europa, el Mediterráneo y el este de Norteamérica, explica María Dolores Pérez, investigadora en el instituto IOCAG de la ULPGC. En su fase positiva, intensifica los alisios, incrementa el afloramiento sahariano y enfría las aguas superficiales. En su fase negativa, los alisios se debilitan y la temperatura del agua tiende a aumentar, generando un entorno más cálido.

Los análisis estadísticos llevados a cabo por los investigadores de ECOAQUA revelaron que existe una fuerte correlación entre las variaciones de la NAO y las capturas en el sector pesquero artesanal del norte de Lanzarote, con un pequeño desfase de entre 8 y 18 meses, el tiempo que tardan en crecer (o no) las larvas de los peces.

La NAO negativa entre 2014 y 2017 favoreció un ‘boom’ excepcional de múltiples especies. Pero la entrada de una fase positiva justo después coincidió con las marcadas caídas en las descargas a partir de 2021, que devolvieron los registros a niveles previos a la bonanza pesquera (poco menos de 250 toneladas anuales).

Los hallazgos han sido divulgados recientemente en un estudio publicado en la revista científica ‘Marine Environmental Research’. La publicación incluye también los resultados de una encuesta a 26 pescadores artesanales que revela que el 30% de ellos culpó directamente a la depredación de los tiburones de la reducción de sus capturas, mientras que solo un 7,7% atribuyó la caída a la sobrepesca.

“Imagina que tienes una tendencia de 100 toneladas de capturas anuales, pero llega una época en la que pasas a tener 500 y, después, a los dos o tres años, vuelves a los 100. Para ellos [los pescadores artesanales], esa caída ha sido un drama”, apunta Jiménez-Alvarado, primer autor de la investigación. “Como en esos años estaban pescando tanto, que los tiburones les quitaran alguna captura les daba igual. Ahora que han empezado a pescar menos, esa interacción les canta todavía más”.

Muelle de Órzola
Puerto de Caleta de Sebo, en La Graciosa

En este caso, además, el efecto sobre el ecosistema es particular. Una NAO positiva suele ser buena noticia para el sector pesquero: el aumento del viento favorece el ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes y oxígeno, lo que incrementa la presencia de peces. Sin embargo, este proceso enfría la capa más superficial del océano, especialmente en las costas de Fuerteventura y Lanzarote.

Las especies profundas que se pescan en el norte de la isla conejera, como la merluza, el alfonsino o la brótola, se vieron favorecidas por las aguas más cálidas durante los años de NAO negativa. Les benefició el calor. Pero cuando la NAO cambió a su fase positiva y el agua se enfrió, sus larvas comenzaron a tenerlo mucho más difícil para sobrevivir.

“La temperatura del agua condiciona la vida de los peces, desde la supervivencia de las larvas hasta la reproducción, el crecimiento y la longevidad. Dependiendo de las especies, puede producir una mayor supervivencia de las larvas (o menor) y, por tanto, condicionar el número de peces adultos que habrá años más tarde. Pero el sistema funciona de manera diferente para cada una de ellas. A las especies tropicales, como la vieja, el agua caliente les favorece. Pero a otras más boreales, como la caballa, les produce una mayor mortalidad”, explica Castro.

Pesca artesanal frente a Castillo del Romeral, en el sureste de Gran Canaria

Las proyecciones climáticas del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) sugieren que la NAO tenderá a ser cada vez más positiva si los humanos continuamos emitiendo gases de efecto invernadero. Esto implica que los extremos invernales positivos de la NAO serán hasta un 35% más comunes en el futuro y que en los veranos también habrá más extremos, tanto positivos como negativos, indica Dolores Pérez.

Cómo afectará eso a los peces, no obstante, es otra cuestión. “Es muy difícil de saber. No solo influye la temperatura, sino también la situación de partida. La sobrepesca en Lanzarote es muy intensa y eso ya pone el listón muy bajo. Si las poblaciones están muy mermadas, incluso una situación ambiental favorable no consigue recuperarlas. Eso lo hemos visto con el pulpo, una especie que responde rápido a los cambios y que, teóricamente tiene gran resiliencia. Con los peces, la situación es más compleja”, responde Castro.

El trabajo académico que ha firmado junto con otros colegas científicos concluye que las herramientas de gestión pesquera tradicionales ya no son suficientes frente a la variabilidad climática. Y recomienda integrar índices como la NAO para crear “sistemas de alerta temprana basados en las previsiones climáticas”. Eso ayudaría a los pescadores a “anticipar periodos de baja productividad y ajustar sus estrategias de pesca”.

Ante un océano cambiante, si “algo pasa de repente (…) tenemos que estar preparados para saber el porqué”, remacha Jiménez-Alvarado.

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