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Canarias "pica" y manda a la basura nueve millones de kilos de plátanos desde abril

La caída de la demanda peninsular, en especial en verano, coloca la salida semanal de fruta por debajo de los cinco millones

La reducción de envíos no ha tenido parón tras el récord de 10 millones de kilos en marzo

La “pica” está siendo criticada por algunos agricultores, para los que es una auténtica ruina

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Imagen de archivo de una zona abancalada con platanera.

Imagen de archivo de una zona abancalada con platanera.

Parte del sector productor del plátano en Canarias ha vuelto a poner el grito en el cielo, principalmente los pequeños agricultores de esta fruta en islas como La Palma, la segunda que más oferta plátano en el Archipiélago, por detrás de Tenerife. La razón de tanto desencanto se repite una y otra vez (máxime cuando llega el final de la primavera y se inician los fatídicos meses del estío para este negocio) y tiene que ver con la decisión que adopta la entidad Asprocan (que agrupa a las cinco organizaciones de productores de plátanos existentes en Canarias, o sea, toda la oferta) de activar la llamada “pica” semanal de plátanos, y se entiende que por exceso de oferta de esta fruta.

En los últimos tres meses y medio de lo que va de año (de mediados de abril a finales de julio), la decisión de reducir envíos a la Península, donde la demanda se ha reducido y los precios se han hundido (como es habitual en esta temporada al no haberse mejorado las opciones de comercialización fuera de las Islas), ha propiciado que casi nueve millones de kilos de toda la fruta cortada en ese mismo periodo haya tenido como único destino la basura, esto es, los complejos medioambientales de las islas donde esos alimentos se producen.

A esos casi nueve millones de kilos que se han destruido, hay que sumar los 2,4 millones entregados a la institución Banco de Alimentos (según los datos ofrecidos por el propio sector platanero), en la mayoría de los casos en sedes de la Península y asumiendo el productor isleño todos los gastos puerta a puerta. Si se suman esas dos cantidades, Asprocan ha hecho descender la oferta de plátano canario en casi once millones de kilos en solo tres meses y medio, cifra global que solo da pérdidas al agricultor canario y que, en algunos casos, ni con el abono de la ayuda comunitaria que éste recibe cada seis meses logra compensarlas, o sea, salir de los números rojos.

Los once millones de plátanos que no han sido comercializados sino destruidos o entregados como labor humanitaria al Banco de Alimentos suponen el 3% de la producción comercializada en 2014 (en 12 meses), según el dato oficial servido hace pocas semanas por la propia Asprocan. Ello implica unas pérdidas para los agricultores que se estiman en torno a los seis millones de euros, que vienen a ser los costes de producción asumidos hasta el corte y luego no compensados ni en parte vía mercado, pues no ha habido venta de la fruta.

Pero esos costes de producción no son los únicos que restan en la cuenta del platanero, pues la “pica” y el envío al Banco de Alimentos también implica incurrir en otros gastos, tanto por lo que factura el empaquetado como por el transporte realizado, mucho más gravoso si los plátanos se mandan a la Península.

La prueba más extrema de hasta dónde ha llegado la “pica” este año se tiene en la semana 27, la primera del pasado mes de julio, cuando la cantidad de plátano que se tiró a la basura fue de un millón de kilos, por los casi cinco que se embarcaron a la Península. Ello representó la destrucción de nada más y nada menos que el 17% del corte practicado esa misma semana.

Marruecos, otro pudo ser

Marruecos pudo ser y al final no fue, al menos por lo poco que esta puerta ha durado abierta en lo que va de año. En los últimos tres meses y medio de “pica” va, “pica” viene, exactamente en la semana 29 (del 13 al 19 de julio), Canarias logró algo que hasta entonces podía parecer un imposible: vender su plátano fuera de España y Portugal. Ello lo consiguió en Marruecos, donde a través de un empresario de ese país cerró una operación e introdujo unos 120.000 kilos; esto es, seis camiones. La relación comercial parecía que iba viento en popa, con gran aceptación de la calidad de los dos primeros camiones, pero se rompió de forma brusca cuando se procedió con el resto del encargo, que ya no gustó tanto por la baja calidad de la fruta ofrecida, tal y como han señalado fuentes conocedoras de esta fallida exportación.

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