Crónica de un despertar (II): de la rebeldía cívica al triunfo republicano (1931)

18 de abril de 2026 16:22 h

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El mitin del 20 de Julio de 1919 no fue un eco aislado en la historia del norte palmero. Aquella jornada, en la que dos mil voces desafiaron el caciquismo, sembró una semilla que tardaría más de una década en germinar, pero cuyo fruto sería decisivo. En abril de 1931, San Andrés y Sauces vivió la materialización política de aquel despertar: el triunfo del Partido Republicano Radical en las elecciones municipales.

A la cabeza de este cambio se situó Crispiniano de Paz González, elegido alcalde en abril de 1931. Su figura encarnaba, en muchos sentidos, la continuidad generacional del espíritu regeneracionista que había inspirado a Manuel Guardia Roldán y a los oradores del mitin de 1919. Pero también representaba algo nuevo: la síntesis entre formación intelectual, compromiso político y vocación científica.

Formado en la Universidad de Granada durante la década de 1920, Crispiniano vivió en primera persona un contexto en el que los partidos políticos habían sido suprimidos. Lejos de apagar el pensamiento crítico, esta situación provocó una reacción entre universitarios e intelectuales, que se implican activamente en la vida pública. Aquella generación - de la que también formaban parte figuras como Federico García Lorca - protagonizó un rearme moral e ideológico contra la corrupción y el caciquismo que aún lastraban amplias zonas del país.

Cuando Crispiniano regresó a San Andrés y Sauces, lo hizo con esa conciencia renovada. Su mandato, que se extendió hasta febrero de 1933, estuvo marcado por una intensa identidad reformista. La creación de escuelas y el impulso de obras públicas responden directamente a las demandas que ya en 1919 habían articulado líderes como Alonso Pérez Díaz, quien desde su posición como diputado a Cortes apoyó decididamente estas iniciativas.

Sin embargo, no todo fueron avances. Uno de los episodios más simbólicos de su gestión fue el intento frustrado de crear una zona ajardinada en torno al drago más esbelto de Canarias - el de la Casa Massieu - para ello impulsó la declaración de utilidad pública; pero se vio truncado por un acto vandálico: la mutilación nocturna del árbol, un atentado ecológico que generó una profunda indignación en la población. 

En el ámbito cultural, el mandato de Crispiniano destacó por su apuesta por la modernidad y sensibilidad artística. La organización de una brillante Fiesta del Romance, en el marco de las celebraciones en honor a la Virgen de Montserrat, supuso un homenaje a la Generación del 27. Este evento no solo conectaba al municipio con las corrientes culturales más avanzadas del momento, sino que reflejaba la huella personal de Crispiniano, marcado por su amistad con Lorca durante sus años en Granada.

Pero su legado no se limitó a la política y la cultura. Como farmacéutico, alcanzó un notable prestigio como analista, especialmente en el campo de la parasitología. En su laboratorio de San Andrés y Sauces, desarrolló una labor científica rigurosa que convivía con su compromiso público, demostrando que el progreso de una comunidad también se construye desde el conocimiento.

Ambas facetas - la política y la científica - se integraban en una personalidad profundamente humana. Crispiniano de Paz González fue, ante todo, un servidor público que ayudó de manera discreta a quienes lo necesitaban, sin buscar reconocimiento.

Así, el triunfo republicano de 1931 no puede entenderse como un hecho aislado, sino como la culminación de un proceso iniciado años atrás. Desde las federaciones del norte hasta el Ayuntamiento republicano, San Andrés y Sauces transitó de la protesta a la acción, del sometimiento de la ciudadanía activa.

El 8 de septiembre de 1972 murió Crispiniano de Paz en un accidente de tráfico, sin tiempo de volver a ver restituida la democracia.

          Fondo documental:

  • Diario de Avisos y La Gaceta de Tenerife. Septiembre de 1931.

           BIBLIOGRAFÍA:

  • Crispiniano de Paz González. Ciencia y Política, Pasión y Prisión. Néstor Hernández López.

           Fotografías:

  • La Alameda 1930-33. Fondo Eulogio Hernández. Fernando Fernández. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.
  • Don Crispiniano de Paz con su sobrino Marcelo Rodríguez Fuertes. Pertenece al libro Crispiniano de Paz. Coloreada con IA.