Así vivió la comunidad latina el ‘miércoles negro’ en Beirut
Yumana Beydoun señala la montaña de escombros que antes era un edificio en Corniche al Manara, en el centro de Beirut, que fue atacado el pasado miércoles. “Ayer me acerqué a ver al dueño del edificio, que es mi amigo, y estaba la Policía aquí. Es porque salió un mal olor del edificio. Vinieron los equipos de rescate. Finalmente, encontraron al chico”, dice, refiriéndose a Ali Srour, un adolescente de 17 años que falleció en los ataques del miércoles pasado. Era el único miembro de su familia que faltaba. “La semana pasada encontraron el cuerpo de la mamá y de su tía”, continúa Beydoun.
En este edificio, a escasos minutos andando del paseo marítimo de Corniche, misiles impactaron en la tercera, cuarta y quinta planta. “Yo estaba en el lobby. Cuando escuché los ataques, ni siquiera sabía que habían sido en mi edificio. Sólo cuando me dí la vuelta es que empecé a ver bajar a ancianos, niños ensangrentados…”, relata. Murieron cuatro personas de la misma familia solo en aquel día.
Ella, junto a su madre y sus dos hermanas, una de ellas, embarazada, -ambas nacidas y criadas en Panamá, su madre en Colombia, todas ellas musulmanas- se trasladaron a Beirut en el año 2000, en busca de una vida mejor. Al fin y al cabo “mi mamá estaba sola con tres hijas. Aquí están nuestras raíces y nuestra familia.” Ella forma parte de la tercera generación latino-libanesa: sus cuatro abuelos son del sur de Líbano. Unos emigraron primero a Colombia, otros directamente a Panamá. Yumana nació y se crió en Panamá hasta que con 15 años se instaló en Beirut.
Sin embargo, su futuro en Líbano acabó siendo “más difícil y desafiante”, no sólo por las guerras, sino también por las distintas crisis económicas que han asolado el país desde aquel entonces, aunque ella afirma que antes “no teníamos tantos problemas en el país”.
No obstante, el país del cedro ha ido encadenado guerras, una tras otra: la guerra de 2006, la quiebra del sistema bancario en 2019, la explosión del puerto de Beirut en 2020 (la mayor explosión no nuclear de la historia), la guerra de 2024 y su posterior escalada (uso este término porque Israel ha violado el alto el fuego alcanzado el 27 de noviembre de 2024 por lo menos en 15.000 ocasiones y matado a 127 personas durante este periodos según Naciones Unidas) en marzo de 2026.
De hecho, ella escuchó desde su vivienda original, ubicada a ambos lados de la carretera que conecta el aeropuerto Rafik Hariri con la ciudad, a las puestas del Dahie, el primero de los ataques de Israel, el 1 de marzo a las 4 de la mañana. “Cuando oímos el ataque, fuimos evacuados, pues nos mandaron bajar a todo el edificio” recuerda.
En un primer momento, la familia Beydoun se instaló en Jnah, aún cercano al Dahie pero más alejado de los ataques. Es por una de sus hermanas, embarazada de seis meses, que estaban buscando una mejor zona para vivir. “Allí se escuchan fuerte los bombardeos. Y a veces sale olor de, no sé si es de químico o de quemado, lo que no es bueno para mi hermana, por el embarazo”. Finalmente, un par de semanas más tarde, cuando las IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes) lanzaron un aviso de las zonas que iban a ser atacadas, que incluía esa zona, se instalaron en un apartamento en el céntrico barrio de Corniche al Manara.
Tras los ataques del pasado miércoles, en los que todos los miembros de la familia salvaron la vida, y han decidido volver a su hogar original, en Matar, a pesar de las órdenes de evacuación. “Nos vinimos aquí, a una zona en la que jamás imaginamos que iban a atacar, y mira. Cuando te toca, te toca”, concluye con resignación.
Son las circunstancias económicas lo que les ha llevado a volver a los suburbios. “Piden mucho dinero ahora de adelanto, con esta situación tan incierta. Unos 3.000 o 4.000 dólares para entrar a un piso. Además, ningún lugar es 100% seguro”, afirma.
De Caracas al corazón de la guerra
“Imagínate chama, mi mala suerte. Estaba en Caracas en enero, cuando secuestraron a Maduro. Y me devuelvo a Líbano y al poco estalla la guerra”, cuenta Bassel, venezolano-libanés cristiano que lleva viviendo en Líbano desde 2018 a Canarias Ahora, debido a la situación económica de Venezuela. Cuenta que vive con su prima, en Achrafieh, uno de los barrios cristianos de la ciudad, y que la mayor parte de su familia está en el país caribeño. Sólo su padre es libanés, su madre es venezolana, por lo que sólo su familia por parte de padre vive en Líbano.
Israel no manda evacuar ni ataca por norma general zonas cristianas de Beirut. Las zonas evacuadas son musulmanas. Los barrios que más daño sufren son aquellos en los que hay mucha población musulmana chií, dado que es la rama del islam que profesa Hezbolá, la milicia paramilitar que está en guerra con Israel y que lucha por contener la invasión en el sur de Líbano. Sin embargo, las explosiones que castigan los suburbios del sur de la ciudad se pueden escuchar perfectamente desde allí, y el zumbido de los drones ha sido también constante. También el de los aviones de combate, cuando vuelan bajo.
“Esto” -dice Bassel, con su brazo levantado señalando al cielo- “es un castigo colectivo”. Aunque afirma que él, al estar trabajando en una ONG preparando comida para los desplazados, y producirse estos ataques lejos del barrio, no los escuchó. Tampoco su vivienda sufrió daños materiales ni ninguno de sus amigos resultó herido.
Joanna, colombiana de origen libanés, cristiana también, se encontraba en un descanso de sus lecciones de árabe, también en Achrafieh, cuando oyó el sonido de los aviones de combate, y junto con sus compañeros de clase se apresuró, en total estado de shock, a ver las noticias en la televisión, desconcertados. Una de sus compañeras, afirma, se apresuró llorando a llamar a sus familiares, que residen en una de las zonas que fueron atacadas por Israel.
Por suerte para la colombiana, toda su familia está fuera del país, y ni su casa ni ella sufrieron daño alguno.
Sus cuatro abuelos son libaneses que decidieron buscar una nueva vida en Colombia a causa de la gran hambruna del Monte de Líbano que se dio entre 1915 y 1918 en la que murió un tercio de la población del país, por lo que sus padres nacieron en Colombia y ella forma la tercera generación. Joanna decidió instalarse en Beirut tras la muerte de su madre, y lleva un par de años residiendo en el país.
Es importante especificar la religión de cada voz en este reportaje debido a que en la capital de Líbano la sociedad es diversa y plural, pero también sectaria: los miembros de un mismo credo tienden a vivir juntos en determinados barrios y zonas de la ciudad junto con otros miembros de su comunidad. Así, en Beirut hay un barrio armenio, barrios cristianos, barrios chíies, barrios suníes, barrios musulmanes mixtos, etcétera.
Líbano tiene más habitantes fuera del país que dentro de sus fronteras
La comunidad latina en Líbano proviene, principalmente, de descendientes de la diáspora, que ha provocado que haya más libaneses fuera de las fronteras del país que dentro del mismo: se estima que hay en todo el mundo, hay unos 10 ó 15 millones de descendientes de libaneses fuera de Líbano, que fueron saliendo en distintas oleadas de inmigración a lo largo del siglo XX. Líbano tiene 5,7 millones de habitantes censados.
Los principales países receptores en América Latina son Brasil, Argentina, México y Venezuela, según el Celibal (Centro de estudios Libaneses para América Latina).
Al mencionar la diáspora libanesa a muchos se les viene a la mente la guerra civil que desangró el país durante quince años y cuyo espectro amenaza con reaparecer con cada nueva guerra con Israel, que principalmente ataca barrios musulmanes, con la intención de avivar el sectarismo. Durante la guerra civil (1975-1990), se estima que alrededor de un millón de personas abandonaron el país a raíz del conflicto armado.
Sin embargo, las distintas oleadas de emigración comenzaron cuando Líbano (que no fue un país hasta 1920) formaba parte aún del imperio Otomano, como territorio autónomo. La gran hambruna, por ejemplo, duró tres años, de 1915 a 1918, diezmó a un tercio de la población y provocó que unas 300.000 personas abandonaran el país.
Aunque las zonas afectadas por los ataques de Israel son principalmente chiíes, en los ataques del 8 de abril las zonas atacadas eran céntricas, densamente pobladas y alejadas de las zonas chiíes.
A pesar de la guerra, eligen quedarse
A pesar de las dificultades y la guerra, ninguno de los entrevistados se plantea dejar el Líbano.
Liliana y Gerardo son de Ciudad de México, y no tienen ascendencia libanesa. Ambos llevan cinco años viviendo en Beirut. Ambos se instalaron en Líbano por motivos laborales y decidieron establecerse en el país. Sobre la guerra, afirman estar tranquilos: “Ya vivimos la anterior guerra. Sólo hay que esperar. Igual te vas, y te vas a más incertidumbre, porque no sabes que va a pasar. De todas formas, donde vivimos -barrio cristiano- estamos bastante seguros, por lo que no sentimos la necesidad de irnos” cuentan.
Yumana, a pesar de su delicada situación y de haber tenido que desplazarse, no se plantea abandonar el país. “Sería empezar de cero otra vez, y ahora mismo el problema económico está en todo el mundo, no solo aquí”, concluye.
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