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El Gran Destructor no tiene misericordia

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La bestia interminable no tiene medida, la costra negra, tan ancha y profunda, es una herida que no cura. Viajar a La Palma en estos días es una experiencia complicada, tuvimos la suerte de que el vuelo de ida pudo entrar pero desde entonces el aeropuerto permaneció cerrado días y días, la gente hacinada en los barcos para Los Cristianos, después taxis y si tienes suerte un vuelo desde Tenerife Sur. La ceniza te nubla los ojos, los bramidos del volcán te quitan el sueño, el aire huele mal, de madrugada te espanta la vibración de las paredes y lo peor de todo es la ceniza, toneladas y toneladas de negra ceniza que lo cubre todo. El monstruo parece que se debilita, pero en realidad está listo para expulsar nuevas coladas devastadoras, no tiene fin. Hay momentos en que la isla es un espacio fantasma, nadie por las calles, restaurantes y bares cerrados. La destrucción del valle es terrible ¿cómo se podrá reconstruir? Hay amigos que lo han perdido todo, pero están dispuestos a volver a empezar.

La gente se queja de las múltiples burocracias, las dificultades para mover papeles. Pero también hemos visto gente dispuesta a renacer, a reconstruir, a volver. Hay quienes piensan que la reconstrucción aportará nuevas oportunidades desde el turismo al aprovechamiento de los recursos naturales. Pero también sabemos que la ciudad de Los Llanos de Aridane, la más poblada de la isla, podrá perder 5.000 habitantes de golpe. La gente se lamenta de la complicada tramitación para que lleguen las primeras ayudas, el auxilio básico para quienes no tienen euros en el bolsillo para ir a hacer una compra o para tomarse un café.

Nunca se había vivido una crisis tan desfavorable en esta tierra: incendios, pandemia, volcán. Y lo peor es que el drama se mantiene e incluso se incrementa de día en día: más hectáreas ocupadas, nuevas coladas que persisten en su afán de sepultar más viviendas, estanques, huertas, carreteras, hasta el cementerio más de tres mil difuntos y el crematorio. Un infierno cada día más extenso porque no para de salir más lava de las múltiples bocas que se abren. Los palmeros ya perdieron la cuenta de los cientos de millones de metros cúbicos de material. Se acaban los días con más temblores y el magma se desborda. Los expertos dicen que se debilita, pero en realidad se acrecienta. El aeropuerto invalidado durante tantísimos días, con un perjuicio a todos los niveles. 

El volcán al que nadie quiere poner nombre superó al San Antonio de Fuencaliente (año 1677) en duración. Así que hasta solo dos históricos lo han superado, Tigalate (82 días en 1646) y Tehuya (84 días en 1585). En la isla muchos piensan que seguirá activo hasta casi Navidad, y superaría a Tigalate y Tehuya. Sería el mejor regalo que se parase para entonces.

Ahora todo es rápido, la vida funciona como una sucesión de flashes, impactos tan fugaces que nos cuesta mantener el interés en algo concreto. Pero con el volcán la vida es una radiografía que se mantiene fija en la TV Canaria, un servicio impresionante a la comunidad: su despliegue a través de la pequeña pantalla y de la radio mañanera es de gran valor. Las entrevistas con los expertos también aportan algo de luz, aunque sus predicciones no puedan ser tan exactas como nosotros quisiéramos. Este volcán los desconcierta a ellos y a cuantos están cerca de su diabólico poder.

Nada volverá a ser igual que antes. Ni las relaciones personales, ni la cotidianidad, ni el mercado laboral, ni la economía, ni las relaciones personales. La ruina económica y la violencia de género se han multiplicado, igual que la mala salud mental. Tendremos que adaptarnos a la situación y hacerlo rápido. Qué ganas de volver a la normalidad, pero ¿cuál va a ser la normalidad? ¿Y sobre todo cuándo?

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