Las margaritas o magarzas (Argyranthemum frutescens subsp. gracilescens / Asteraceae)
Tienen nombre de mujer,
coquetas y vistosonas,
con el viento juguetonas,
alegres y de buen ver.
Difícil reconocer
la raza que representan,
pues muchas experimentan
procesos evolutivos
complejos y relativos
al lugar en que se asientan.
Jócamo, 6.II.2026
Nota: Emparentadas con los crisantemos (Chrysanthemum) oriundos del continente asiático, las margaritas o magarzas canarias se agrupan en el género Argyranthemum, endémico de la Macaronesia, más concretamente de Madeira, Salvajes y Canarias. En Canarias es sorprendente la diversidad que han alcanzado, respondiendo a un patrón de especiación insular, compartido con otros géneros (Aeonium, Cheirolophus, Helianthemum, Limonium, Lotus, Micromeria, Sideritis, Sonchus, Teline, etc.), en el que los fenómenos de “vicarianza” y “radiación adaptativa” son bien conocidos. En todos ellos, resulta determinante la deriva genética provocada por el aislamiento insular, por una parte, y la progresiva adaptación a las diferentes características ecológicas del territorio, por otra. En la vicarianza, la separación o aislamiento mediante barreras físicas (mar, ríos, desiertos, lavas, sierras, etc.) es determinante; mientras que en la radiación adaptativa la diversificación está provocada por la plasticidad genética para adaptarse rápidamente a diferentes hábitats o nichos ecológicos, sin mediar entre ellos discontinuidad territorial.
Es evidente que ambos procesos se complementan y no tienen por qué ser excluyentes. Las margaritas son un buen ejemplo donde coexiste la vicarianza interinsular con la radiación adaptativa intrainsular. En estos casos, el análisis sistemático se complica sobremanera, pues si bien es verdad que en la vicarianza el aislamiento geográfico coadyuva y fortalece las diferencias taxonómicas, secundadas por las diferencias genéticas, no ocurre lo mismo en la radiación adaptativa, donde los caracteres diferenciales y los límites territoriales son progresivos y difíciles de objetivar. De este modo se llega a situaciones en las que casar los conceptos teóricos de la ciencia, la subjetividad del taxónomo y la viabilidad práctica de los objetivos, resultan difíciles de compatibilizar.