'La llibreria de Campanar', un oasis en un barrio sin librerías que nace del descontento de un médico
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En plena Navidad, una de las campañas más fuertes para el sector, abrió sus puertas La Llibreria de Campanar. Es la primera que tiene el barrio fuera de centros comerciales en años, un oasis para un núcleo en el que conviven varias almas: la del pueblo absorbido por la ciudad hace un siglo y la de los edificios de lujo del boom inmobiliario, construcciones prácticamente nuevas en las apenas ha crecido el comercio. Un barrio enmarcado entre grandes avenidas y parques, de casas bajas y complejos residenciales.
La Llibreria de Campanar nace del descontento de un médico con el sistema sanitario, de la frustración por no poder atender a los pacientes como cree que merecen. “Los pacientes son números, listas de espera”, lamenta Carlos Vaqué desde el otro lado del mostrador. Carlos es cirujano especializado en digestivo desde hace diez años. Tiene ya 35, dos hijas, y una tarta de cumpleaños por elaborar este martes. Ha reducido su jornada en el hospital para embarcarse en la jornada del librero: hace una guardia en el hospital de Ontinyent, a 80 kilómetros de casa, empalma con un turno ordinario de mañanas y, cumplidas las 32 horas de trabajo entre quirófanos, levanta la persiana de este establecimiento, entre las calles Benavites y Aparicio Albiñana.
Le echa una mano con los turnos su compañero Santiago Arnés, urgenciólogo, que arrastra el mismo descontento con el modelo atención hospitalaria. “Santi y yo somos amigos, tenemos hijos de la misma edad. Y pues quedábamos, hablábamos mucho, mientras dejábamos a nuestros hijos en otras actividades. Y siempre decíamos, a ver si montamos otra cosa, yo quiero montar una librería. Y aquí está la librería”, explica mientras recibe cajas de las distribuidoras. “Todos los médicos con los que hablo me dicen que lo entienden, que ojalá hicieran lo mismo”, comenta.
Tras meses meditándolo, y después de que su anterior centro hospitalario anulara un proyecto de investigación en el que participaba, decidió echar mano de los ahorros y abrir el local. Por el camino ha estado un semestre haciendo formaciones del Ministerio de Cultura, arreglando el local -una antigua tienda de indumentaria fallera- y montando los muebles. Arrancó con apenas 300 títulos, que prácticamente volaron en Navidad, y ahora ya supera los 2.000, aunque le falta un empujón para formar parte del Gremio de Libreros. La aspiración es participar ya en esta edición de la Fira del Llibre y lo afronta con ilusión; ha tenido buena acogida. “Estoy contento con lo que hacemos, estoy contento con la librería y estoy contento con los libros que tenemos”, recalca.
La vocación es ser una librería de barrio, explica. “Hay que tener de todo. La idea es desarrollar según vaya pidiendo el barrio”. Tiene una zona destacada de infantil y juvenil, que ocupa buena parte de la librería —no nos olvidamos de que hay una tarta en marcha—, con una esquina reservada para los libros del Barco de Vapor, que provocan cierta sonrisa nostálgica en los vecinos. Hay mucha literatura de no ficción, buena parte de narrativa histórica, detectivesca y thriller; también ciencia ficción y secciones destacadas: filosofía, LGTBi y novela gráfica. La estantería de narrativa debe ampliarse con una góndola, la mesa principal, vocabulario recientemente incorporado. El trabajo de librero está siendo un aprendizaje constante, explica. A hacer albaranes, registrar las novedades, aprender a pedir las ventas anticipadas por el catálogo. También a programar eventos, relacionarse con las editoriales y comprender los gustos del vecindario.
Los vecinos querían esta librería. La echaban en falta. Así lo reconocen varios de ellos, que en la hora que dura este encuentro no dejan de entrar. Ojean las láminas que reproducen espacios emblemáticos del Campanar pueblo y sonríen con nostalgia. Una mujer compra varias para enviárselas a su hijo, que vive en Alicante. Antes tenían que ir a las grandes superficies o comprar online, y, señala otra mujer, nada de eso les gustaba. Querían ir a un sitio, ver los libros, hablar con otros, comprar con calma. Y ya lo tienen. Hasta le han ofrecido formar parte del consejo de salud del barrio. No como médico, sino como librero.
Sobre este blog
Secció de cultura de l'edició valenciana d'elDiario.es.
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