El intrusismo de Soria
Con las columnas me pasa lo mismo. Los jueves escribo la última de la semana y me echo hasta el martes. Pero ya no hay fin de semana sin emociones fuertes que me producen mono. Lo superaré porque las columnas son menos adictivas, aunque también es cierto que lo de la revista ultra Época justifica que uno se fume un cartón. Ahí es nada que el vicepresidente del Gobierno, nada menos, practique el intrusismo en esta aperreada profesión periodística; y que lo haga, encima, de la peor manera. Porque está feo grabar conversaciones sin que el entrevistado lo sepa; más feo aún es publicar la conversación y feísimo, oye, que lo hiciera tergiversándola, como asegura el propio engañado, Francisco Benítez Cambreleng. Se cogió Cambreleng tal rebote por la faena que Carlos Sánchez Ojeda, en su rol de alcahuete soriásico, trató de apaciguarlo el jueves pasado ofreciéndole 600.000 euros “en nombre de Soria” por estarse callado y desaparecer unos días, hasta que cesara el escándalo de la chapuza de Época. A su regreso recibiría el premio adicional de un enchufito mollar; como lo tienen, de buenecitos que son, dice Cambreleng que le dijo Sánchez Ojeda, el ínclito Jorge Rodríguez; y Juan José Cardona, al que le guardaba yo el secreto.
La cosa está ya más que contada, pero volveré a reseñarla. Hace unos meses, supimos que Soria quería montar un periódico digital con auxilios peninsulares. No lo consiguió y salió Rita Martín, consejera de Turismo, con la convocatoria de no sé qué concurso urgente por importe de 180.000 euros (30 millones de pesetas). Las bases del concurso permitían deducir, en virtud del principio blanco y en botella, que lo ganaría el grupo Intereconomía, editor de Época. Malditas casualidades.
Al propio tiempo, hubo reiterados avisos desde las filas del PP de la inminente caída de “un meteorito”. Bien podía ser el anuncio del reportaje de la revista, sin descartar que sigan sobrevolándonos otros cuerpos celestiales. El lugar elegido para que cayera el sideral pedrusco de Época fue el Parlamento canario y en efecto, allí cayó, con mayor precisión que los cachivaches de la NASA, el día del debate de la moción psocialista a Soria.
El intrusismo soriano, pues, no es sólo en la información sino que abarca el editorialismo de anticipación y alcanza al honesto gremio de la distribución: la edición regular no había llegado aún a los quioscos pero el PP disponía de ejemplares para dar y regalar en un ambiente de fin de fiesta parlamentaria ya que ATI-cc acababa de blindar a Soria, a quien dos días antes el TSJC comenzó a tejerle el chaleco con el archivo de la denuncia de Carlos Sosa relacionada con la historia del Eolo y la “okupación” consentida del ventilado chalet de Esquivel.
Anoche Paulino dijo en la tele que el Gobierno iba todo en una misma dirección; espero que no sea esa. Debo señalar que entre los magistrados firmantes del auto de archivo figura Margarita Varona porque lleva el caso de Anfi y el salmón, en el que está imputado Soria; y porque en el entorno soriano no se recatan anunciando su pronto archivo. Lo que no me extrañaría, para que voy a decirles otra cosa.
El reportaje-meteorito desvela, ya saben, un Gal canario formado para acabar con Soria. Soportan la información del semanario las declaraciones “robadas” a Benítez Cambreleng para apuntalar la inconsistente teoría soriana de la conspiración contra él. Entre los ingredientes claves demostrativos de la siniestra conjura figura la presencia de Alexis González, de CANARIASAHORA, en la conversación de los policías con Benítez Cambreleng que llevó a la formalización de denuncias.
En este punto, hay aspectos que necesitan comentario. La primera, la existencia de un periodismo burocrático que se nutre tanto de ruedas de Prensa y de inocuos comunicados que nada sabe del esfuerzo de levantar informaciones tapadas y seguirlas hasta donde haga falta, como suele hacer Alexis; quien, por cierto, tenía información de las tramas, que luego serían bautizadas como Faycán y Góndola, antes que la Policía.
La segunda, relacionada con la anterior, el intento soriano de desviar la atención hacia este periódico y Alexis, como si eso fuera lo importante y no el hecho de que sean ciertas o no las denuncias presentadas. Al PP, esto ya a escala nacional, le preocupan más las filtraciones que la verdad de los hechos denunciados.
En tercer lugar, la deformación de los escribidores de palacio que defienden a Soria por orden de Juan Francisco García, dueño de Canarias7, les ha llevado a denostar la suerte, la habilidad y los contactos que permitieron a Alexis estar donde se producía el hecho informativo. Se rasgan las vestiduras porque, por lo visto, ignoran que ningún periodista que se precie es capaz de rechazar una oportunidad parecida; de las que no caen del cielo, como los meteoritos, sino que son resultado del trabajo de meses. Es más: no aprovechar la ocasión sería causa de despido. Malo es que, para agradar a los mandarines, quienes se dicen periodistas afeen a los que se atienen a los cánones noveleros y metomentodo del oficio .
Hay quienes se han tragado la bola de que lo significativo del asunto es la presencia de Alexis en la escena. Soria quiso, con la ayuda de Época, levantar a cuenta de ella una columna de humo para desviar la atención de lo que importa. Pero para su desgracia picaron los menos. Como ha picado, por obligación que no por ingenuidad, la diputada soriásica Carmen Guerra, que preguntará hoy sobre el tema al ministro del Interior; en el Congreso y con Época en ristre. No sé si Pérez Rubalcaba se subirá “sobre de la silla” para contestarle. Lo seguro es que no le dará lecciones de corrupción pues ya le dijo la aguerrida diputada que ella ni su partido las necesitan. Razones.
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