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TOMA DE TIERRA

Yo me puedo negar

11 de mayo de 2026 16:12 h

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Yo me puedo negar, aunque nadie me oblique, a seguir como si nada cuando machacan al mundo. Yo puedo parar en seco, guardar un luto o señalar por el altavoz que tenga, incluso si ese altavoz fuera solo abrir la ventana de la calle y pegar un grito, después de leer que colonos israelíes profanan un cementerio en la Cisjordania ocupada y fuerzan a una familia palestina a desenterrar a su hijo tres días después de darle sepultura. Y tenemos que hacerlo porque comunicar en tiempos de guerra y genocidio no debería ser ponerle un altavoz a un ruido rabioso y nada parecido a la música que a cada reproducción va perdiendo frecuencias que lo hagan una experiencia rica o inteligible. Comunicar debería ser abrir las ventosas de todos los tentáculos, entendiendo que la ciencia no deja de asombrarse con las múltiples sensibilidades de los pulpos, que en cada tentáculo con conexiones en cada uno de sus ocho brazos.

Palestina existe

Saif Abukeshek, activista de la Flotilla Global Sumud, puesto en libertad tras seis días de secuestro, contaba a los medios de comunicación que una parte de las brutales torturas a las que fueron sometidos tanto él como el activista brasileño Thiago Ávila, era que les repetían constantemente que Palestina no existe. Y esa frase no es solo un deseo de un estado genocida, es una imposición que opera y que se filtra como la humedad hasta en nuestros teléfonos móviles, que funcionan con algoritmos que castigan la propia palabra. “El sistema está diseñado para oprimir nuestros derechos y permitir que algunos países controlen el destino de otros. Por eso, nuestro reto como generación es enorme”, dijo Abukeshek.

Y ya que el reto es enorme

Podemos negarnos a normalizar la indigestión informativa y la impunidad absoluta de los crueles mandatarios que han modelado el Derecho Internacional, el consumo, y la información de masas al servicio de intereses temporales e incompatibles con la vida. El activismo demuestra, pese al ruido de los discursos negacionisas, que las personas con firmes convicciones dispuestas a ser coherentes con ellas, son más determinantes que un ejército armado, que el boicot comercial funciona, que la movilización funciona, que no dejar de hablar de Gaza, además de enviar a la población palestina el poderoso mensaje de que no están solos, es decirnos desde el privilegio de poder negarnos a tantas cosas bajo un techo no amenazado por bombas, que seremos contemporáneos, pero no facilitadores de la barbarie mientras tengamos la voz y la palabra. Y que vengan hasta donde estemos a robarnos la palabra.