Una nueva etapa, un nuevo presidente
Hay decisiones que tienen un significado que va más allá de la propia decisión. Y creo que el nombramiento de José Miguel Álamo como nuevo presidente del Club Baloncesto Gran Canaria es una de ellas.
José Miguel Álamo era consejero del Partido Popular hasta el pasado lunes y forma parte de la oposición en el Cabildo de Gran Canaria. Y, sin embargo, va a presidir un club que pertenece a esta institución y que está bajo la responsabilidad de un gobierno formado por Nueva Canarias y el Partido Socialista. Conviene no pasar por alto ese hecho. Porque, en un momento en el que la política parece vivir instalada demasiado a menudo en la confrontación, esta decisión representa exactamente lo contrario: la voluntad de sumar, de dialogar y de buscar espacios de encuentro allí donde existe un objetivo común.
Por eso quiero darle la bienvenida. No porque deje de ser quien es ni porque tenga que renunciar a sus convicciones políticas. Todo lo contrario. Precisamente el valor de esta decisión está en que las diferencias políticas permanecen. El gobierno mantiene sus posiciones y la oposición mantiene su función. Pero hay responsabilidades que exigen mirar más allá de las fronteras partidistas y poner por delante aquello que nos une.
Y el Gran Canaria es, sin duda, una de ellas. Un club deportivo no puede convertirse en una prolongación de la disputa política. Es una institución de la isla, una referencia para miles de personas y una parte importante de nuestra identidad deportiva. Necesita estabilidad, proyecto, capacidad de gestión y, sobre todo, la suma de voluntades.
La elección de su nuevo presidente expresa esa voluntad. También es una manera de entender la política. Una política en la que discrepar no significa descalificar; en la que estar en la oposición no convierte al adversario en enemigo; en la que el diálogo no se interpreta como una debilidad y en la que colaborar cuando lo exige el interés general no significa renunciar a las propias ideas.
Vivimos tiempos en los que resulta demasiado fácil construir trincheras. En los que cada diferencia se convierte en motivo de enfrentamiento y cada decisión del otro se interpreta desde la sospecha. Frente a esa dinámica, hay otra forma de hacer las cosas: reconocer que podemos pensar diferente y, al mismo tiempo, sacar adelante cosas juntos.
Creo que Gran Canaria necesita más de esa política. Y el deporte puede ser un magnífico territorio para practicarla. José Miguel Álamo asume, además, la presidencia en un momento especialmente importante para el Gran Canaria. El descenso de la pasada temporada puso fin a una larga presencia en la máxima categoría y abrió una etapa que obliga a reconstruir, corregir errores y recuperar la ilusión. El objetivo de regresar a la ACB está ahí, pero no debería reducirse todo a una cuestión de resultados.
Se trata de recuperar un proyecto deportivo sólido, fortalecer el club y volver a construir la confianza de una afición que durante tantos años ha acompañado al equipo. Se trata de mirar hacia adelante sin olvidar las lecciones de una temporada difícil.
Para afrontar ese reto hacen falta muchas cosas. Hace falta trabajo. Hace falta acierto. Hace falta estabilidad. Hace falta ambición. Y hace falta también que quienes tenemos responsabilidades diferentes alrededor del club seamos capaces de entender que hay algo que está por encima de nuestras respectivas posiciones: el Gran Canaria.
Por eso la llegada de José Miguel Álamo puede tener también ese valor añadido. Que un consejero del Partido Popular, desde la oposición, acepte asumir la responsabilidad de presidir una entidad dependiente de un gobierno de Nueva Canarias y el Partido Socialista demuestra que la política no tiene por qué ser siempre un juego de bloques enfrentados. Que un gobierno de una ideología diferente confíe esa responsabilidad a alguien que mantuvo públicamente sus posiciones políticas hasta hace un par de días, demuestra que la pluralidad no tiene por qué ser un obstáculo para encontrar personas capaces de trabajar por un proyecto común.
No se trata de borrar las diferencias. Se trata de saber convivir con ellas. Y quizá eso sea hoy más necesario que nunca. Gran Canaria puede convertirse así, incluso sin pretenderlo, en una pequeña expresión de algo mucho más grande: que una sociedad democrática no se construye únicamente desde aquello en lo que coincidimos, sino también desde nuestra capacidad para trabajar juntos cuando no coincidimos.
José Miguel, por tanto, bienvenido. Bienvenido al Gran Canaria y a esta nueva responsabilidad. Con tus ideas, con tus convicciones y con tu trayectoria política. Pero también con la responsabilidad de representar a un club que es mucho más que quienes lo dirigen en cada momento. Ojalá esta nueva etapa sirva para devolver al Gran Canaria a la ACB.