Macroconciertos sí, ¿y la música local?
La decisión del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife de permitir hasta veinte macroeventos al año con excepciones en materia de ruido invita a una reflexión que va más allá del necesario debate sobre el descanso de los vecinos.
Está bien que Santa Cruz atraiga grandes artistas. Estos conciertos generan actividad económica y nos permiten disfrutar de espectáculos que antes difícilmente llegaban a la isla. Pero resulta inevitable preguntarse: ¿y nuestros músicos?
Los grupos y artistas locales apenas cuentan con espacios donde tocar. Las pocas salas que apuestan por la música en directo conviven con restricciones, denuncias y el riesgo de sanciones. Faltan pequeños escenarios, locales de ensayo y espacios donde los músicos puedan empezar, crear y crecer.
La contradicción resulta difícil de ignorar: para los grandes acontecimientos somos capaces de buscar espacios y establecer excepciones; para la música que nace aquí, encontrar soluciones parece mucho más complicado.
Una política cultural no debería medirse solo por los grandes nombres que consigue traer, sino también por las oportunidades que ofrece a sus propios creadores.
Porque una ciudad cultural no es únicamente la que compra cultura ya consolidada. Es también la que permite que la cultura nazca.