Una vecina impugna el 'atajo legal' del Ayuntamiento de Santa Cruz para autorizar 20 macroconciertos anuales sin limitadores de sonido
¿Hasta qué punto la calidad de la música debe primar sobre el derecho al descanso de los ciudadanos? Esa es la pregunta que ha terminado en los despachos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife después de que una residente haya decidido impugnar la nueva regulación municipal que permitirá celebrar hasta veinte macroeventos al año en la capital, con menos restricciones frente al ruido.
La polémica se remonta a un decreto publicado el pasado 8 de julio en el Boletín Oficial de la Provincia. En lugar de elaborar una nueva ordenanza municipal para regular la celebración de grandes conciertos, el Ayuntamiento ha optado por modificar la normativa ya existente para ampliar las excepciones que permiten superar los límites de ruido. Según la demandante, esa decisión es un atajo que convierte en habitual una herramienta que la ley reserva para situaciones excepcionales.
De esta manera, los conciertos más multitudinarios, es decir, aquellos que reúnan a más de 5.000 asistentes o se celebren en grandes espacios abiertos, quedan exentos de instalar limitadores automáticos de sonido, los dispositivos que reducen el volumen cuando se sobrepasan determinados niveles.
El Ayuntamiento justifica que esa excepción es por motivos artísticos. Segúna argumentan, la tecnología de la que disponen puede afectar a la calidad acústica del espectáculo y dificultar la percepción sonora que necesitan los músicos sobre el escenario. Por eso, en lugar de establecer esos limitadores, serán los organizadores quienes deban controlar el ruido mediante mediciones manuales y un plan específico de vigilancia.
Precisamente esa sustitución carece de sentido para la residente que ha presentado un recurso potestativo de reposición al que ha tenido acceso Canarias Ahora. Según señala, los eventos con mayor capacidad y mayor potencia sonora serán, paradójicamente, los que cuenten con menos mecanismos automáticos de control, dejando la protección del vecindario en manos de una supervisión humana, en lugar de aprovechar los recursos tecnológicos.
Veinte macroeventos y un mismo debate
Por el contrario, la modificación que presenta el Consistorio recoge que la Dársena de Los Llanos podrá albergar hasta diez macroeventos al año y el estadio Heliodoro Rodríguez López otros diez, con un máximo de tres por trimestre en cada recinto. Además, los espectáculos podrán prolongarse hasta las dos de la madrugada cuando coincidan con fines de semana o vísperas de festivos.
La recurrente cuestiona que esos límites se hayan fijado sin un estudio que analice el efecto acumulado de veinte macroeventos al año sobre la población residente y sin contar con la participación ciudadana. Porque, sostiene, que el problema no es el ruido de una única noche, sino la repetición de episodios de alta contaminación acústica y sus consecuencias sobre el descanso y la salud de quienes viven cerca de estos espacios.
Pero esta impugnación no es nueva. La misma vecina ya recurrió en diciembre de 2025, coincidiendo con la celebración del XXXI Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife. Según explica, el Ayuntamiento aún no ha respondido ni a aquel recurso ni a las alegaciones que presentó ese mismo mes durante la tramitación del Plan de Acción contra el Ruido, un procedimiento en el que también formuló alegaciones la asociación vecinal Los Llanos para Vivir. Preguntado por este periódico, el Consistorio señala que “cualquier tipo de recurso será estudiado por los técnicos y contestado en tiempo y forma”.
El festival que colmó la paciencia vecinal
Todo ello pone el foco en el Cook Music Fest, celebrado entre el 16 y 18 de julio en la Dársena de Los Llanos. La afectada denuncia que el escenario se instaló este año más cerca del Auditorio de Tenerife y orientado hacia el sur, una disposición que dirigió el sonido de forma directa hacia las viviendas situadas en el frente litoral, separadas del recinto por 600 metros aproximadamente y sin barreras que amortiguaran el impacto.
Eso reavivó el malestar de hasta 15 comunidades de vecinos de la capital, que se querellaron por la contaminación acústica generada por el festival. El ruido afectó a barrios como El Chapatal, Los Gladiolos, Cabo Llanos, la zona centro y la avenida de Anaga, obligando a muchos residentes a permanecer en sus viviendas con las ventanas cerradas e incluso a utilizar tapones para dormir durante tres noches.
Para la recurrente, el Cook Music Fest terminó de confirmar un conflicto latente desde hacía meses y que ahora ha trasladado a la vía administrativa.
La vecina pide así la anulación íntegra del decreto al considerar que la suspensión de los límites de ruido es una herramienta prevista para situaciones verdaderamente excepcionales, no para organizar de forma habitual la programación cultural de una ciudad.
Y, si esa petición no prospera, plantea como alternativa la eliminación de la consideración de la Dársena de Los Llanos y del Heliodoro Rodríguez López como espacios sometidos de forma recurrente a excepciones acústicas y prohibir que los escenarios y torres de sonido se instalen en la zona de la Dársena más próxima al Auditorio de Tenerife, donde el impacto sobre las viviendas resulta mayor.
Más allá del recurso, el debate ya trasciende el contenido de un decreto. La discusión enfrenta dos formas de entender la ciudad. La de quienes defienden consolidar Santa Cruz como un gran escenario para conciertos y festivales; y la de quienes sostienen que ese impulso cultural no puede construirse a costa del derecho al descanso de quienes viven junto a los recintos elegidos.
El plazo para recurrir finaliza este sábado 8 de agosto. Después será el Ayuntamiento quien deba decidir si mantiene una regulación pensada para convertir dos recintos de la ciudad en escenarios habituales de grandes conciertos o introduce cambios para limitar el impacto acústico sobre los vecinos.
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