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Flandes sobre dos ruedas: cinco rutas en bici para descubrir la cultura de la cerveza belga

Cervecería.

Ricardo Arnaiz

No es de extrañar que Flandes se entienda especialmente bien desde una bicicleta. No hace falta ser un ciclista experto para disfrutar de sus carreteras y caminos. Basta con tener ganas de pedalear, parar de vez en cuando y descubrir cómo, a lo largo de la ruta, van apareciendo paisajes, ciudades, patrimonio y, por supuesto, alguna buena cerveza.

Y este año hay una buena excusa para hacerlo. Se cumplen diez años desde que la UNESCO reconociera la cultura cervecera belga como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Una cultura que no se limita a la cerveza que llega a la copas, sino que está estrechamente relacionada con la historia, la gastronomía, las tradiciones y la vida social del país.

Terrazas, Vismarkt Mechelen.

Para celebrar este aniversario, hemos recopilado cinco rutas ciclistas que permiten acercarse a esa cultura cervecera mientras se recorren algunos de los paisajes y lugares más interesantes de la región. Son recorridos de entre 33 y 61 kilómetros y, aunque cada uno tiene su propia personalidad, todos tienen en común la bicicleta como una forma cómoda de viajar y descubrir.

Lambic y Geuze: el País de la Lambic

La primera ruta recorre 42,7 kilómetros por Pajottenland y el valle del río Zenne, en la provincia del Brabante flamenco, no muy lejos de Bruselas. Aquí el paisaje es suave, ondulado y tiene a la cerveza como protagonista. Es el llamado País de la Lambic, territorio de dos de las elaboraciones más singulares de Bélgica: la lambic y la geuze. Hay algunos tramos que exigirán un poco más a las piernas, pero es una buena manera de conocer de cerca estas cervezas de elaboración espontánea.

Ardenas Flamencas: ciclismo con mayúsculas

En las Ardenas Flamencas la bicicleta adquiere todavía más protagonismo. La ruta entre Oudenaarde y Horebeke suma 33,5 kilómetros y combina paisajes, patrimonio, cervecerías centenarias y bares. También algunas cuestas bastante serias. No en vano, estamos en uno de los territorios asociados a la Ronde van Vlaanderen, así que una bicicleta eléctrica puede ser una buena aliada si las piernas no están acostumbradas a estos desniveles.

Westhoek: entre campos de lúpulo

En Westhoek la cerveza se entiende desde el principio. La ruta, de 40,4 kilómetros, atraviesa los campos de lúpulo de Poperinge, una zona donde este ingrediente esencial de la cerveza se cultiva desde hace siglos. El recorrido también pasa junto a cementerios militares de la Primera Guerra Mundial y cervecerías monumentales, así que en pocos kilómetros se mezclan paisaje, historia y tradición cervecera.

Lúpulo

De Malinas a Boom, entre ríos y patrimonio

La ruta entre Malinas y Boom es la más larga de las cinco, con 61 kilómetros, y también una de las más variadas. El recorrido pasa por reservas naturales, palacios urbanos y cuatro ríos, además de acercarse a distintas cervecerías y bares. Entre sus paradas aparecen una cervecería histórica y una microcervecería instalada en una antigua iglesia, dos ejemplos de cómo la tradición y las nuevas propuestas conviven en Flandes.

Cerveza Antwerp City Brewery

Lovaina: arte, patrimonio y cerveza

Los 46 kilómetros de la ruta que parte de Lovaina permiten cambiar el paisaje rural por una combinación de ciudad, arte y naturaleza. La ciudad universitaria está estrechamente ligada a dos nombres muy distintos, pero igualmente reconocibles: el maestro flamenco Dieric Bouts y la cerveza Stella Artois. La ruta permite descubrir arte, patrimonio y vegetación mientras se pedalea por los alrededores.

Aquí es donde aparece otro de los grandes argumentos de Flandes: sus maestros flamencos. Jan van Eyck, Pieter Bruegel el Viejo o Peter Paul Rubens forman parte de un legado artístico que todavía se puede descubrir en museos, iglesias, castillos y abadías.

Una cultura cervecera con diez siglos de historia

La cerveza belga merece algo más que un brindis al final de una ruta. Su reconocimiento por parte de la UNESCO en 2016 puso en valor una tradición construida durante generaciones, con monasterios, abadías, cervecerías familiares y maestros que han ido transmitiendo sus conocimientos. Y, al mismo tiempo, es una cultura que no ha dejado de evolucionar.

Lambic, geuze, saison, witbier, dubbel, tripel o las antiguas cervezas marrones flamencas son solo algunos ejemplos de una diversidad de estilos difícil de encontrar en otro lugar. Junto a las recetas tradicionales conviven nuevos productores y microcervecerías que experimentan con diferentes variedades de lúpulo y levaduras.

Tienda de cerveza en Brujas

Y hay pequeños detalles que dicen mucho de esta cultura. En Bélgica no sirve cualquier vaso para cualquier cerveza: cada elaboración tiene su propia copa, pensada para disfrutar mejor de sus aromas y sabores. Como sabes aquí la cerveza es toda una institución, se toma con calma, y en torno a ella podemos encontrar un mundo de museos, visitas a fábricas, talleres y festivales, perfectos para profundizar en el conocimiento de esta tradición.

De la bici a la mesa

Después de pedalear, toca comer. Y también aquí la cerveza tiene mucho que decir. Los mejillones con patatas fritas son uno de los grandes clásicos, mientras que las propias patatas fritas ocupan un lugar privilegiado en la gastronomía belga y se preparan siguiendo todo un ritual, incluida su tradicional doble cocción.

La cerveza también entra directamente en la cocina, especialmente en platos como el tradicional estofado de ternera, que puede prepararse con diferentes tipos de cerveza. Pero la gastronomía flamenca va mucho más allá, con productos tan destacados como sus apreciadas endibias, las gambas grises o los espárragos blancos. Y, cómo no: el chocolate belga, una tradición artesana que también se puede descubrir en forma de talleres, catas e incluso maridajes con cerveza.

Cervecería Goesting DOK.

En definitiva, y para combinarlo todo, recorrer Flandes en bicicleta nos permite pasar en pocos kilómetros de un campo de lúpulo a una cervecería, de un paisaje de las Ardenas Flamencas a una ciudad llena de arte o a una mesa donde probar algunos de los sabores que mejor explican esta región.

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