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Las seis trampas del discurso de Feijóo sobre Ceuta
Opinión - '¡Paren esta locura!', por Esther Palomera

¡Paren esta locura!

Un hombre golpea el vehículo que iba a recoger al abogado Rafael Borrego este domingo a la entrada del puerto de Ceuta.
21 de septiembre de 2026 22:03 h

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Uno no se levanta por la mañana y decide odiar porque sí. Todo tiene un proceso. Es lento, pero implacable. Primero, llega el comentario, la información falsa, la noticia descontextualizada, la manipulación, el insulto como argumento, los miles de likes… Luego, las webs que lo elevan a categoría de noticia. Después, el político de turno lo introduce en la conversación pública y lo replica una y mil veces. Así prende el discurso del odio, el que leemos y escuchamos cada día en las redes y en las calles. En los medios y en las tertulias. En el Parlamento y en las sobremesas de las comidas con familiares y amigos. 

Y un día lo que antes fue excepción se convierte en regla: ¡moro de mierda! ¡Fuera invasores! ¡Ceuta será la tumba del sanchismo! ¡Marlaska, canalla! ¡Pedro, traidor, irás al paredón! Ya no se esconden. Si antes el odio tenía coste social, hoy se considera un valor a cultivar e incluso tiene premio. Repasen las caras del PP que la dirección nacional ha promocionado en los últimos tiempos: Ester Muñoz, Miguel Tellado, CAT, Jaime de los Santos… Cuanto más insulto, más veneno y más odio destilan, más escalan en el organigrama de sus siglas. De Ayuso, mejor no hablar. Además de odiar, la baronesa es especialista en conjugar otros verbos que deberían estar penalizados en alguien que representa a más de 7 millones de ciudadanos.

La derecha ya no entiende de respeto, ni de moral, ni de humanidad, ni de derechos y mucho menos de verdad. Solo habla el lenguaje de la indignación y el odio sin sentir además la culpa de odiador porque cree que es lo que le iguala a su competidor de la ultraderecha. Siempre dos huevos duros más que los de Abascal. Y todo para nada. Porque lejos de crecer, el PP no hace más que engordar la ola ultra y el número de potenciales votantes de Vox.

¿Hasta cuándo y hasta dónde serán capaces de soportar tanta indignidad? El “moderado” de Borja Semper ya ha dicho que en lo que respecta al insulto todo acabará cuando los suyos lleguen al gobierno. Todo un reconocimiento de culpa que debería abochornar a quien un día dijo marcharse de la política harto de la toxicidad que desprendía para regresar al poco tiempo y contribuir denodadamente a la putrefacción del debate público

Todo esto nos lleva a la vergonzosa escena de decenas de manifestantes que este domingo patearon, y lanzaron piedras y huevos al coche de la diputada de Ceuta Ya! Julia Ferreras, en el que también viajaban el abogado y activista de la ONG Flotilla de Gaza Rafael Borrego y la abogada de Derechos Humanos de la ONU Sofía Cánovas. Los agresores participaban en una manifestación convocada para protestar por la llegada al municipio de la asociación pamplonesa Negu Gorriak/Derecho a Techo, que había anunciado su presencia en la ciudad para repartir ayuda humanitaria a los migrantes.

Pudo haber una desgracia que finalmente evitó un agente de la Policía Nacional que se metió en el coche, cogió el volante y apartó a los ocupantes de aquella manada dispuesta a todo para evitar que los migrantes tuvieran comida. Ni una palabra de condena desde las filas de Vox y tan solo una condena genérica de Feijóo “contra todo tipo de violencia”. Lo que hace falta es un enérgico !basta ya! de tanto odio y sinrazón que los populares no se atreven a clamar. Ha pasado en Ceuta, pero la ofensiva radical y violenta de este fascismo desinhibido ya lo hemos visto en Oviedo, en Madrid, en Torre-Pacheco, en Valencia, en San Sebastián… 

Del insulto se ha pasado al odio, de este a la violencia verbal y ya nos desayunamos cada día con agresiones que apenas merecen dos minutos de telediario y sobre las que nadie da la voz de alarma y grita un ¡Paren esta locura! Se odia al migrante porque la desinformación campa a sus anchas, porque los reclamos racistas prenden como la pólvora y porque hay un partido de gobierno como es el PP que se ha subido con entusiasmo al carro de la falaz asociación entre migración y delincuencia. Y además esconde los datos que demuestran que sin la aportación de los extranjeros, España entraría en colapso económico en menos de un lustro. 

Aquí van algunos: la Seguridad Social cuenta con 3.551.759 afiliados extranjeros, lo que supone el 15,9 % de los trabajadores distribuidos fundamentalmente en los sectores de la hostelería, la agricultura y la construcción. Son el 47,6 % de los afiliados al Sistema Especial del Hogar, esto es quienes limpian las casas y cuidan a nuestros mayores. Por cierto, que el mayor colectivo de cotizantes extranjeros es, con 369.584 personas, el marroquí. Son cifras que alguien debería proporcionar a Alberto Núñez Feijóo, que en su escalada hacia el trumpismo promete ahora cerrar la frontera “a cal y canto” y acusa a los marroquíes de “venir a enfrentarse contra el orden público y no a trabajar”.

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