Después de la tragedia
En 2013, Galicia no castigó en las elecciones gallegas a quien estaba en el gobierno cuando ocurrió el accidente ferroviario de Angrois. Quizá porque entonces la oposición evitó hacer política con el dolor, no pidió dimisiones ni cargó contra la ministra de entonces que, dicho sea de paso, fue premiada después con la presidencia del Congreso de los Diputados.
En 2026, ante la catástrofe de Urda, no sabemos qué ocurrirá, pero es muy probable que los españoles penalicen a quien no haya estado a la altura. El ciudadano tiene una brújula moral que le señala que, ante la muerte y le indica que lo primero son las personas y después, los votos. Porque esto ya no va de relatos, ni de marcos, ni de estrategias. El que busque apoyos electorales en el calvario y la congoja del país, perderá el respeto.
En menos de un año hemos encadenado dos tragedias ferroviarias de enorme gravedad. La primera con 46 fallecidos. La segunda, en plena precampaña de las generales del 29 de noviembre, con un saldo provisional de al menos 69 muertos y decenas de heridos graves tras la colisión de un tren de Renfe y otro de Iryo cerca de la localidad toledana. Y la pregunta que muchos se hacen en este momento es cómo se remonta una campaña electoral después de semejante infortunio. Grave error pensar en términos partidistas.
Un accidente ferroviario mortal obliga a cualquier candidato a preguntarse qué sentido tiene hacer campaña y quien se pregunte solo cómo recuperar las encuestas habrá elegido un mal camino. Cuando un tren descarrila y hay decenas de muertos, la carrera electoral deja de ser lo importante. La política no puede seguir como si no hubiera pasado nada. Y es cierto que en las primeras horas de la tragedia no lo hizo, salvo la extrema derecha, que chapoteó desde el primer instante sobre la sangre de los muertos en busca de rédito. El momento requería un mínimo gesto de humanidad, decencia y respeto; poner la campaña en pausa, decretar luto, ir al lugar del siniestro y acelerar las labores de rescate. Todo lo demás, sobraba. Pero Vox no entiende ni de consideraciones ni de desconsuelos. Tampoco el eurodiputado y agitador Luis “Alvise” Pérez, que fue de los primeros políticos de extrema derecha en dejar claro que la campaña electoral del 29 de noviembre no se frenaba ni un segundo: “Yo ya no puedo más, a la mierda los días de luto, a la mierda los minutos de silencio”. Vox igualmente convirtió un minuto de silencio en Valladolid en un acto de campaña y se lanzó a los tribunales con una querella mientras que la extrema derecha residual de Falange o Núcleo Nacional se echaron a la calle para protestar contra el Gobierno.
Pasados ahora los tres días de luto oficial, ya no es solo la ultraderecha la que busca el atajo. El PP y su líder , han sucumbido también a la inmunda tentación y han tachado al gobierno al completo de malas personas. No ha mirado Feijóo dentro de sus filas antes de proferir semejante afirmación y tampoco ha pensado en quienes aún lloran a sus muertos: “Ya no es que no sean buenos gestores, es que dudo que sean siquiera buena gente. Porque esta actitud es infame, cruel y es ruin. (...) el ministro habló del calvario que le espera (...) pero el calvario no lo está sufriendo usted, sino quienes no volverán a ver a sus seres queridos, de los heridos... de todo un pueblo”.
Entre el ruido sobre si todo fue culpa de la privatización, de los recortes, de la falta de inversión o de un ministro al que ya han apodado como “Óscar Muerte”, hay un clamor entre la gente decente que no quiere saber de mítines, ni de insultos, y que solo pide seguridad y respuestas. Y de la misma forma que en Adamuz, los informes preliminares de la Guardia Civil y los técnicos situaron el desencadenante en la fractura de una soldadura aluminotérmica que unía dos tramos de vía en una recta recientemente renovada, en Urda hubo un error humano de libro, pero decirlo para las derechas es una ignominia. ¿No querían transparencia? ¿No pedían conocer la verdad?
España tiene memoria. Y cuando este lunes Feijóo, además de cargar contra los socialistas por el accidente fatídico, usó el nombre de la fallecida en el accidente de Urda Fátima Báñez para hablar de orgullo sin sonrojo, muchos recordaron que la onubense nunca fue de los suyos porque estuvo siempre en el equipo de Soraya Sáenz de Santamaría, a quien el gallego siempre culpó de no haber sido sucesor de Rajoy en la presidencia del PP.
La tregua en medio del dolor y la conmoción de todo un país solo es útil si es sincera, pero una pausa impostada que se rompe a los pocos días para acusar al rival convierte el luto en munición que el votante rara vez olvida. Por eso, esta campaña solo la remontará quien sea capaz de poner el tren y la vida por encima de unas siglas, de no utilizar espuriamente a los muertos y de estar a la altura.
4