El pueblo atrapado entre el turismo de borrachera y el de lujo registra la mayor subida en los precios de vivienda de Ibiza
Dirigiéndose al mar, por un amplio paseo recién reformado y decorado con vegetación aún por nacer, descienden grupos de turistas vestidos con elegantes prendas -predomina el blanco y el beige-, perfumados, enjoyados: es su mejor versión. Durante el fin de semana de closings en las discotecas de la isla -y algunos de los clubes nocturnos de mayor prestigio a nivel mundial-, los visitantes se dirigen, al atardecer, hacia las tarimas de madera donde se lleva disfrutando, desde hace décadas, de cocktails y música electrónica.
Este momento de la tarde es estratégico: un puente entre las horas de playa y la fiesta nocturna. Y Sant Antoni, uno de los puntos más atractivos de la isla donde apreciar la caída del sol. Es un pueblo que trata con ahínco de dejar atrás el turismo de excesos que ha manchado su nombre durante años -un homólogo de Magaluf, en Mallorca- y que intenta ahora metamorfosear a toda costa.
Así lo empieza a demostrar su paisaje, con un boom de edificaciones de nueva construcción, hoteles boutique y cinco estrellas que han ido apareciendo en los últimos años, mediante subidas de categoría de antiguos complejos más modestos, y un lavado de cara de los espacios públicos por parte del Ayuntamiento del Partido Popular (PP) y que no han suscitado, en todas las ocasiones, cumplidos entre los residentes.
A principios de julio, el alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, inauguró el nuevo bulevar de Vara de Rey, una vía que conecta una de las zonas más conflictivas del municipio -el West End, tarima para el público de borrachera- con el paseo marítimo de Café del Mar, donde cada temporada se concentran miles de turistas para contemplar este atardecer idílico del sudoeste ibicenco.
El proyecto, con una inversión municipal de 5,5 millones de euros, tiene la intención de revitalizar el entorno y favorecer el tránsito de visitantes entre el frente marítimo y el centro urbano, donde también se hizo, en la arteria principal, una reconversión el año pasado con el ‘Arcoíris Infinito’ del artista urbano de origen cántabro Okuda San Miguel con el propósito de terminar, de una vez por todas, con el turismo hooligan; sin éxito.
Una elitización del parque hotelero
La primera línea de mar, y también cerca de la misma, alrededor de playas populares de la localidad, está cada vez más salpicada por establecimientos hoteleros de alta categoría.
Un ejemplo es el entorno de Cala Gració, ya a las afueras, subiendo el pequeño monte de sa Talaia, donde han proliferado por lo menos tres complejos de este tipo: el Cubanito Ibiza Suites -parte del Concept Hotel Group, fundado por el empresario Diego Calvo- con una temática inspirada en La Habana de los años cincuenta; el TRS Ibiza Hotel, que nació en 2022 como hotel de lujo adults only a partir de la fusión entre los antiguos Fiesta Hotel Tanit y Fiesta Hotel Cala Gració, ambos de tres estrellas, y el OKU, con reminiscencias asiáticas.
En la entrada de Sant Antoni la cadena Vibra también se ocupó de reformar el ya antiguo Piscis Park para darle una subida de categoría a un fenómeno que se extiende hacia la bahía, donde el municipio finaliza para dar paso a Sant Josep. Allí, en las proximidades de la playa de es Pouet, abrió sus puertas durante la temporada de 2025 el hotel Bonito, de NCalma Group, bajo el concepto de “eco-lujo”, reformado parcialmente con subvenciones estatales, y sin apenas estar terminado.
Fue a partir del año 2015 cuando Eivissa, en general, aceleró el proceso de elitización de su planta hotelera, una tendencia que se había iniciado en años anteriores y que se prolongó durante la segunda mitad de la década. La isla fue orientando progresivamente su oferta hacia el segmento del lujo en una transformación que tuvo su punto de inflexión en 2020 cuando, con la crisis sanitaria, el sector turístico sufrió una situación delicada.
En ese contexto, el segundo Govern progresista de Francina Armengol aprobó la Ley 2/2020, de 15 de octubre, de medidas urgentes y extraordinarias para impulsar la actividad económica y la simplificación administrativa. Su artículo 7 establecía incentivos para modernizar los establecimientos turísticos y facilitar que pudieran aumentar su calidad y categoría. Estos proyectos quedaban, así, exentos excepcionalmente de determinados parámetros de la normativa territorial y urbanística.
La norma contemplaba que las obras sirvieran para elevar la categoría del establecimiento y exigía presentar una autoevaluación que acreditara que el resultado alcanzaría el nivel superior.
La mayor subida en vivienda de la isla
En Sant Antoni, la coloración de la calle Santa Agnès -con un coste público de 381.000 euros-, epicentro del turismo de excesos, y esta metamorfosis hacia un público turístico más lujoso hicieron temer la gentrificación de un barrio cada vez más decadente, según los vecinos, en un territorio insular donde los costes ya están por las nubes. De hecho, vivir en la pitiusa supone un gasto anual de 11.6000 euros, mayor que hacerlo en la vecina Mallorca, según datos recogidos en la última memoria del Consell Econòmic i Social de Baleares (CES).
De todo el archipiélago, Eivissa sigue teniendo el precio más alto de vivienda de alquiler a pesar de la bajada del 5% en el último año, según datos de Idealista. Vila -como se conoce a la ciudad de Eivissa- es el área municipal más cara y le siguen Sant Josep y Santa Eulària.
“Claramente, de volverse un sitio instagrameable, es probable que suban los precios”, declaró Manuel, un vecino de la zona, a elDiario.es tras el estreno del mural del West End la temporada turística pasada. Más de un año después, se siguen viendo vendedores ambulantes y turistas ebrios haciendo ruta de bares y consumiendo óxido nitroso y otros estupefacientes, también según testimonios vecinales. En cuanto a la oferta, apenas se han transformado negocios con las ayudas de 80.000 euros concedidas a los pequeños empresarios dispuestos a transformar su pub o café concierto en sitios con otro concepto, como bares de tapas o comercios.
Por ahora, Sant Antoni, según datos del portal inmobiliario Fotocasa, ha registrado una subida interanual del 22,5%, lo que supone una de las más elevadas de la isla. El alcalde Marcos Serra aseguró la primavera pasada que su equipo trabajaría “para intentar paliar la subida de precios”. Añadió que faltan, en el término municipal, VPL -Viviendas de Precio Limitado- o VPO -Vivienda de Protección Oficial-.
Sant Antoni, según datos del portal inmobiliario Fotocasa, ha registrado una subida interanual del 22,5%, lo que supone una de las más elevadas de la isla
Sin que se haya traducido esa necesidad en la materialización de proyectos reales de vivienda social. La situación se repite en el resto de municipios de la isla. De hecho, el Govern acaba de iniciar la primera construcción de una promoción de 48 viviendas públicas destinadas al alquiler a precio asequible en Vila durante este mandato político, como publicó Radio Ibiza.
Un ecosistema contaminado por la fiesta
El cambio empieza a producirse en Sant Antoni sin que el viejo turismo de excesos llegue a morir, ni el nuevo turismo de lujo haya emergido del todo. Para Pepe Roselló, presidente de la asociación de ocio nocturno Asociación Empresarial de Ocio Noches de Ibiza (AEON) y fundador de la extinta discoteca Space, “nada cambiará” mientras no se establezca una regulación de sonido y de aforo que se aplique tanto a las fiestas diurnas como a las nocturnas.
Se refiere especialmente a hoteles-discoteca como Pikes e Ibiza Rocks, ambos propiedad del británico Andy McKay, o el O Beach, en la bahía de Portmany, y que percibe como “satélites” capaces de “enturbiar” el ecosistema de la localidad, sujeta desde hace décadas al turismo de borrachera y drogas. Ninguna de las dos empresas ha querido dar respuesta a elDiario.es tras su consulta. Los establecimientos de este tipo proliferaron a partir de 2012, con la aprobación de la conocida como Ley Delgado.
Roselló señala que no solo el núcleo de Sant Antoni, sino que el municipio en general atraviesa una situación de “crisis” más allá de la primera línea de costa: “No veo ninguna vía de progreso o renacimiento”, añade. Por su parte, el Ayuntamiento de Sant Antoni no ha querido responder a las preguntas formuladas por este diario en el momento en que se publica esta información.
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